Repsol ya ha abierto la puerta a sumarse al proyecto y negociar con Donald Trump su participación en la reconstrucción petrolera de Venezuela. Josu Jon Imaz lo dejó claro ante el presidente de los EEUU el pasado viernes en la Casa Blanca. Sería un paso más en la aventura venezolana de Repsol que comenzó en 1993. En las más de tres décadas transcurridas siempre le ha acompañado el riesgo. La compañía se instaló en Venezuela antes de que el régimen Chavista se hiciera con el poder. Sobre el papel, estaba llamado a ser un mercado con gran potencial, asentado sobre una de las reservas más grandes del planeta, y en el que las plusvalías parecían casi seguras. Pero Hugo Chávez primero y Nicolás Maduro después echaron al traste aquellos planes.
En este tiempo las deudas se han ido acumulando y las inversiones de la compañía enfriando. Ahora, la compañía de Josu Jon Imaz se ha propuesto abrir una segunda etapa en el país de la mano de Donald Trump, confiando en que se abre una oportunidad que tampoco parece que estará exenta de incertidumbre y riesgo.
Esta vez no lo haría sola sino de la mano del autoproclamado ‘presidente’ de Venezuela, Donald Trump y su sueño de reactivar la destartalada industria petrolera venezolana. El presidente de los EEUU aspira a convertirla en un nuevo maná de dinero, energía y arma estratégica mundial. En el viaje quiere hacerse acompañar de las principales compañías petroleras de los EEUU y no descarta sumar también a otros gigantes del petróleo.
¿Es rentable producir en Venezuela con el petróleo a 60 dólares?
En la lista de la veintena de invitados a subirse a este ‘tren de oro negro’ figura la petrolera española Repsol. No en vano, la experiencia acumulada y los derechos de explotación que ya posee la compañía española sobre el subsuelo venezolano la convierten en un agente de gran valor. Su CEO, Josu Jon Imaz, está dispuesto a aceptar la apuesta de Trump. Así lo dejó claro el pasado viernes en el encuentro mantenida en la Casa Blanca: Repsol podría triplicar su actual producción de 45.000 barriles diarios en tres años, dijo.
Pero, sumarse al ‘plan petrolero’ de Trump en Venezuela, ¿es un riesgo o una oportunidad? Venezuela es hoy un país intervenido por EEUU, con un régimen ‘decapitado’ y controlado por el siempre impredecible Trump y una economía y política en proceso de transformación incierta. Un gigante del petróleo estadounidense como Exxon no tardó en reconocer sus dudas. Su director Ejecutivo, Darren Woods, afirmó ante Trump que Venezuela es un país “inviable para la inversión”.
A Exxon no parecieron convencerle las garantías verbales dadas por Trump de que “no habrá ningún problema” para quien acceda a participar del plan de recuperación petrolífera para el que se ha estimado un volumen de inversión de 100.000 millones de dólares.
Por ahora, en Repsol se limitan a reiterar lo dicho por Imaz: disposición a invertir y sumarse al proyecto “si se dan las condiciones necesarias”. Recuerdan existe un diálogo “continuado” con EEUU desde hace meses. En realidad, Repsol hace tiempo que ha unido una parte cada vez mayor de su cuenta de resultados al devenir de EEUU y Venezuela. En el primer caso la compañía acumula ya 21.000 millones de inversión desde 2008. Inversión que ahora estaría dispuesta a ampliar si forma parte del proyecto petrolero de Trump.
Petroquiriquire y la deuda millonaria de PDVSA con Repsol
En Venezuela, en cambio, las inversiones hace casi una década que prácticamente se paralizaron. El próximo 10 de marzo la compañía presentará actualizado el plan estratégico ahora en vigor. En él se verá hasta qué punto está dispuesta a reanimar su implantación en la Venezuela post Maduro que ahora gobierno Delcy Rodríguez bajo la tutela de EEUU.
En Venezuela el principal activo de Repsol es la planta de Petroquiriquire, cuya propiedad comparte con la estatal PDVSA, que posee el 60% de la titularidad por el 40% de la española. La alianza forzosa con la petrolera estatal no le ha dado más que disgustos. En 2016 Repsol le concedió a la petrolera estatal un crédito multimillonario que a día de hoy sigue sin ser devuelto. El régimen Chavista le permitió recuperarlo en especie, pero el embargo comercial decretado contra Venezuela en marzo del año pasado por parte de EEUU supuso un freno a las escasas exportaciones con las que Repsol recuperaba parcialmente el crédito.
El experto en energía y CEO de Tempos Energía, Antonio Aceituno, asegura que el riesgo es “una condición inherente del empresario” y que con él debe convivir. En su opinión, el mayor riesgo que asume Repsol al ofrecerse a participar del proyecto venezolano de Trump no está tanto en la situación político-jurídica que atraviesa Venezuela.
Afirma que la mayor amenaza radica en el impacto en el mercado que tendría un renacer de su industria petrolera y que complicaría la rentabilidad de la inversión millonaria que habrá que hacer.
De la era Chavista a la tutela de EEUU
Aceituno considera que si un gobierno como el de Trump ha llevado a cabo una operación como la de detener a Maduro en un país extranjero y ahora plantea un plan tan ambicioso a las petroleras de los EEUU, es porque está dispuesto a darlo todo para que salga adelante, “y las petroleras ven ahí la mayor garantía”: “Otra cosa es el impacto y el proceso de recuperación de la inversión”.
El pasado fin de semana Trump decretó una emergencia nacional por la cual los ingresos procedentes de la venta de petróleo de Venezuela estarán protegidos por el Tesoro de los EEUU. De este modo, se evitaría que posibles acreedores de Venezuela reclamen esos fondos. El mandatario estadounidense asegura que lo hace para garantizar la estabilidad política y económica de Venezuela y a modo de garantía para las grandes petroleras que deberían asumir la inversión millonaria para reactivar la industria del petróleo. La orden presidencial bloque cualquier embargo que se pudiera producir contra el dinero generado por el petróleo venezolano.
Aceituno recuerda que la Agencia Internacional de Energía apuntaba en diciembre que existía una sobreoferta de petróleo en el mercado de cerca de 3,5 millones de barriles diarios.
A ello hay que sumar los casi 2 millones de barriles diarios que aún tiene pendiente de recortar la OPEP, “es decir, casi seis millones de barriles cada día sobran, es lo que hace que el barril esté cotizando en mínimos de cuatro años a apenas 60 euros el barril”, apunta. “Esa es la principal amenaza, invertir en crudo en el momento en el que se habla que entre 2028 y 2030 se podría alcanzar la punta de consumo mundial y a partir de ahí irá descendiendo”.
Riesgos de inseguridad jurídica en la Venezuela de Trump
Antes de que el Chavismo nacionalizase la industria del petróleo, Venezuela producía alrededor de 3,5 millones de barriles al día, hoy son apenas 0,9 millones. “Si se triplicase la producción, la amenaza”, destaca Aceituno, “es que el precio siga cayendo y recuperar la inversión se haga más difícil”.
Roberto Cavero, responsable de Distribución y Mercados de ATRAE no oculta que la situación política y jurídica de Venezuela es complicada como para ver con claridad una inversión tan importante. Subraya que las compañías tendrán que recibir garantías sobre sus inversiones en un contexto tan frágil, “¿y si mañana les da por liarse a tiros?”, afirma, “en Venezuela ahora todo está en un punto frágil”.
Señala que Repsol puede tener una oportunidad interesante para recuperar lo ya invertido y para sacar rédito del proyecto de Trump: “Evidentemente tendrá que pagar su cuota a Trump por entrar ahí, pero supongo que habrán hecho sus números. Les permitirá sacar una gran cantidad de petróleo y comerse a los competidores pequeños”. Cavero apunta que la inseguridad jurídica es innegable, pero lo es menos si quien lidera el proyecto es una potencia como EEUU, no creo que con otro país hubieran entrado”. Recuerda que Trump actúa como “un jugador de Póker” que nunca quiere perder: “Claro que hay inseguridad, pero vas de la mano de EEUU, un grande, a Repsol le costará un pastizal, pero le puede ir bien”.
El coste de producción de los barriles en Venezuela se antoja otro factor determinante para la rentabilidad de la operación. Producir petróleo en el país caribeño es significativamente más costoso que en países como Arabia Saudí, “donde pinchas el suelo y ya sale, no es así en Venezuela”, asegura otro experto en energía consultado por El Independiente: “Detrás también hay un interés estratégico global. Controlar las reservas en momentos de escasez te da un control sobre el mercado”.
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