Los jóvenes "tienen muchas dificultades para afrontar su vida con naturalidad", explica para El Independiente José Ignacio Conde Ruiz, subdirector de Fedea: sueldos bajos, precios disparados, problemas de acceso a la vivienda, ayudas a la familia insuficientes y un mercado laboral menos estable que el de sus padres. En paralelo, observan cómo "las pensiones concentran una parte creciente del gasto público, están ligadas al IPC (Índice de Precios al Consumo) y cuentan con prioridad presupuestaria frente a las políticas de juventud", añade Jesús Fernández-Bravo, presidente del consejo directivo del Registro de Economistas Asesores Laborales del Consejo General de Economistas.

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Una brecha generacional que se amplía por la distinta composición de sus rentas. "Mientras que los jubilados concentran capital, especialmente vivienda, los jóvenes dependen casi exclusivamente de la renta del trabajo, con bajo crecimiento real. El capital protege frente a la inflación; el trabajo pierde poder adquisitivo", apunta Fernández-Bravo. Una asimetría ideal para que se implante la percepción de que los jubilados viven mejor que los jóvenes. Ahora, trabajar no es sinónimo de poder emanciparse y, en consecuencia, el resto de proyectos vitales, como formar una familia, tienen que posponerse. No obstante, "no es que los jubilados vivan mejor: es que los jóvenes viven peor. No se trata de un conflicto entre generaciones, sino de un desequilibrio económico estructural. El sistema protege rentas pasadas y traslada riesgos y esfuerzo fiscal a las generaciones activas".

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Y según el subdirector de Fedea, esta tensión se agrava por una cuestión tan sencilla como decisiva: el peso demográfico. Es decir, que "los votantes mayores son muchos más que los votantes jóvenes", lo que contribuye a que, en un contexto de recursos presupuestarios limitados, las políticas públicas tiendan a priorizar el gasto asociado a los mayores, mientras que otras partidas destinadas a facilitar la emancipación o el proyecto vital de los jóvenes queden relegadas a segundo plano.

La brecha patrimonial se ensancha en 20 años: de 73.000 a 201.000 euros

Así las cosas, si a esta falta de ayudas públicas se suma la comparación superficial de las nóminas, la idea de que 'los jubilados viven mejor que los jóvenes' se refuerza si no se matiza adecuadamente. Según los últimos datos disponibles del INE (Instituto Nacional de Estadística), el salario medio de los jóvenes de entre 25 y 29 años se situó en 2023 en 1.503 euros mensuales, mientras que la pensión media de jubilación en el Régimen General alcanzaba en enero de 2025 los 1.724 euros. Pese a este diferencial de más de 200 euros hay que indicar que el colectivo de pensionistas es muy heterogéneo y el dato medio no refleja adecuadamente su realidad retributiva, ya que en torno a un 48% percibe una pensión inferior al Salario Mínimo Interprofesional (1.184 euros en 2025).

Por eso, más que una cuestión estrictamente de ingresos mensuales, la brecha generacional se entiende mejor al observar la capacidad acumulada de ahorro y patrimonio, que es de donde realmente procede el malestar. Además, de acuerdo con Jaime Romano, profesor de la EAE Business School, "cuando trabajamos con medias, el dato puede quedar distorsionado porque unos pocos valores muy altos pueden elevar el resultado final aunque la mayoría esté lejos de esa cifra media. En cambio, la mediana permite ver mejor la realidad típica, ya que refleja el valor que se encuentra en medio de la muestra, y su valor representa que el 50% de la muestra está por debajo y el otro 50%, por encima".

En este sentido, los datos del informe Evolución de la Riqueza de las Familias en España —elaborado por Fedea a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF) del Banco de España— revelan que la brecha patrimonial mediana entre jóvenes y mayores se ha ensanchado significativamente en las dos últimas décadas: desde los 73.276 euros de 2002 a los 201.300 euros en 2022.

De hecho, mientras que la riqueza mediana de los menores de 35 años se ha reducido desde los 75.001 euros de 2002 hasta los 23.500 euros de 2022; en el caso de los mayores de 65 años se ha producido el fenómeno contrario. Han sido capaces de incrementar su patrimonio: si en 2002 su riqueza mediana era de 148.277 euros, en 2022 ha aumentado hasta los 224.801 euros.

Pero "la riqueza es un fenómeno acumulativo, es decir, cuanta más edad tienes, tu riqueza va aumentando", recuerda Conde Ruiz. Por ello, para entender hasta qué punto la brecha responde a un verdadero cambio estructural —y no únicamente al efecto natural de acumular patrimonio con el paso del tiempo— resulta clave observar qué nivel de riqueza alcanzaba cada generación cuando estaba en la misma etapa vital.

Desde esta perspectiva, el contraste es todavía más acusado. Los millennials —la cohorte nacida entre 1986 y el año 2000— apenas acumulaban una riqueza neta mediana de 6.754 euros cuando tenían entre 25 y 29 años. A la misma edad, la Generación X tardía (1976-1985) alcanzaba los 35.200 euros, y la Generación X temprana (1966-1975) se situaba en los 94.118 euros. El desfase se mantiene también en edades más avanzadas: mientras los millennials, entre los 35 y 39 años, alcanzan una riqueza neta mediana de 39.800 euros, los baby boomers tardíos (1956-1965) acumulaban 128.964 euros cuando estaban en ese mismo tramo de edad.

Vivienda: el tapón del patrimonio joven

Esta diferencia generacional se explica, fundamentalmente, por el acceso a la vivienda en propiedad, principal componente del patrimonio de los hogares en España. Según el informe de Fedea, solo el 47% de los millennials de entre 35 y 39 años cuentan con una vivienda en propiedad, frente al 68% que registraba la Generación X tardía cuando tenía esa edad, el 76% de la Generación X temprana y el 75% de los baby boomers tardíos.

En este sentido, el último informe sobre emancipación juvenil del Consejo de la Juventud de España (CJE) revelaba que la tasa de emancipación juvenil en España había caído hasta el 15,2% en el segundo semestre de 2024, la cifra más baja desde 2006. El motivo: los bajos salarios de los jóvenes no han podido seguir el ritmo de encarecimiento de la vivienda, tanto en alquiler como de compra. De hecho, el informe del CJE estimaba que un joven que quisiera emanciparse en solitario necesitaría destinar el 92% de su sueldo, un esfuerzo que prácticamente elimina la capacidad de ahorro y refuerza el círculo vicioso: sin ahorro, no hay entrada; sin entrada, no hay propiedad; y sin propiedad, el patrimonio no despega.

¿Dónde está la ayuda política ante la crisis de la vivienda?

Desde el Congreso de los Diputados, la crisis de la vivienda se aborda entre medidas superficiales y choques políticos con la oposición que impiden una mejora tangible de la crisis habitacional. Sí, existen políticas de primer y de segundo orden. Porque en paralelo, en el caso de las pensiones, sí que parece existir consenso: un consenso contable en más de diez millones de votos.

Como recuerda José Ignacio López Sánchez, catedrático de Organización de Empresas de la Universidad CEU San Pablo, el sistema de pensiones "absorbe en torno al 12% del PIB y en las próximas décadas alcanzará el 16%-17%", una proporción que solo "podrá sostenerse con más deuda pública o más impuestos". Pese a ello, en la última reforma de las pensiones de 2023, "el sistema ha seguido sin ajustar la esperanza de vida", lo que, en la práctica, ha implicado que el tiempo de percepción de la prestación se haya alargado de forma sustancial y se haya traducido en que "por cada euro cotizado por los pensionistas en el pasado, actualmente perciben entre 1,48 y 1,6 euros", añade el profesor de la EAE Business School.

No obstante, la reforma sí que impulsó el refuerzo de los ingresos de la Seguridad Social, por ejemplo con la creación del MEI (Mecanismo de Equidad Intergeneracional), que eleva las cotizaciones sociales de los trabajadores y empresas para anticipar el impacto del envejecimiento. Una situación especialmente gravosa para la creación de empleo si se tiene en cuenta que España se sitúa como el tercer país de la OCDE que más recauda por cotizaciones sociales.

Además, estos mayores incrementos en las cotizaciones reducen el margen empresarial para que las subidas salariales se trasladen a la nómina neta del trabajador, una presión que se concentra especialmente en los tramos retributivos más bajos, donde se sitúan buena parte de los jóvenes. Ante este contexto general, el subdirector de Fedea prefiere mantenerse como economista en vez de adivino sobre qué pasará en 10 o 20 años si la situación de desequilibrio presupuestario entre generaciones se prolonga, pero advierte de que "los jóvenes pueden votar con los pies".