Economía

DEFENSA

El caza de combate europeo sin 'futuro' que deja en el aire el papel de España

El megaproyecto de 100.000 millones de euros se encuentra al borde del precipicio ya que "no hay unión en Europa"

Proyección del Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS)
Proyección del Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS) | AIRBUS
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El sueño europeo de construir todo un caza de combate inteligente y multidisciplinar se diluye. El Ejército del Aire y del Espacio de España definía al caza FCAS como "un programa esencial para la modernización", pero el funeral del megaproyecto de 100.000 millones de euros está cada vez más cerca, según señalan fuentes conocedoras al tanto de la situación a El Independiente. "Va a ser muy difícil que salga", insisten. Mientras tanto, el canciller alemán Friedrich Merz y el presidente francés Emmanuel Macron se vieron las caras este jueves en una cumbre en Chipre donde, hasta el momento, no se ha revelado el desenlace del culebrón militar.

El proyecto del caza de combate FCAS es el programa de defensa más ambicioso de Europa. Francia, mediante Dassault Aviation y Thales; Alemania con Airbus; y España con Indra, unieron fuerzas para crear un avión desarrollado de sexta generación en el marco de ganar interoperabilidad entre las fuerzas armadas de sus países, aliadas en la Unión Europea y la OTAN. Pero ahora, con las visibles discrepancias entre los socios, el Future Combat Air System (Futuro Caza de Combate Europeo, por sus siglas en inglés, FCAS), todo parece que indicar que la aeronave se quedará en el ya no futuro caza de combate europeo.

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De hecho, el CEO de la división militar de Airbus, Michael Schoellhorn, aseguró este martes que su compañía que representa la parte de Francia no se comprometió a actuar como un proveedor subordinado en un programa que la misma compañía lidera, llamando al equilibrio en la toma de decisiones con uno de sus socios, Alemania. Esto es porque hasta el momento el papel de España en el proyecto del caza se ha equiparado casi desde la posición de un mero observador. En palabras de José Vicente de los Mozos, el CEO de Indra aseguró en marzo ante una pregunta realizada por este medio que el papel de España será "en función de los requerimiento de cada país y de la plataforma". Es decir, España se mantiene al margen de las disputas, en tierra de nadie, esperando a la resolución de sus socios europeos.

Aunque por aquella época, un todavía presidente de la cotizada española, Ángel Escribano, se sentía optimista ante el futuro del caza europeo, pues aseguró que "es un gran proyecto que saldrá adelante". Sin embargo, sí señaló las visibles discrepancias entre los socios del caza europeo, pues "el problema es que hay es que hablar los tres y hacer el mejor avión para los tres y cada país tiene una forma diferente de operarlo, con distintas capacidades y armamento y no a todo el mundo le cuadra el mismo diseño". En el caso de Francia buscan un avión de combate de última generación capaz de transportar armas nucleares y de operar desde portaaviones. "La Bundeswehr (las Fuerzas Armadas alemanas) no necesita eso en este momento", aseguró el canciller alemán Friedrich Merz durante una entrevista en febrero.

El problema, según aseguran fuentes conocedoras de la situación a este medio es que "no hay unión en Europa". Señalan que en el continente se busca crecer en autonomía estratégica para asemejarse al modelo de EEUU, pero a la hora de la verdad terminan gobernando los intereses individuales de cada país y de cada industria, por lo que al final se ven proyectos que no terminan saliendo. Cada país tiene sus intereses propios. No solo los operativos y tecnológicos, como explicaba Merz, sino también los industriales, pues el pastel es de nada menos que de 100.000 millones de euros. Y esto todavía más en una industria que genera empleo y beneficio real, pues las necesidades de los países se han multiplicado debido a la tensión geopolítica.

Así, en caso de que suceda todo como parece indicar, es decir, resultando en fracaso, el caza podría segregarse, lo que dejaría a Europa con dos o tres aeronaves de nueva generación diferentes, saltándose de esta manera la importante capacidad de algún modo de la interoperabilidad que se requiere en el combate militar. Este es un requisito esencial entre los miembros de la OTAN.

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