El arranque de 2026 empieza a dibujar un escenario menos cómodo para la economía española. Este jueves, el INE ha publicado el crecimiento del primer trimestre de 2026, registrando un avance del PIB del 0,6%, dos décimas menos que en el cierre de 2025, cuando lo hizo un 0,8%, una moderación que empieza a reflejarse en algunos de los principales motores de la economía.
La Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre dejó el peor dato para un primer trimestre desde 2014: el paro aumentó en 231.500 personas y la ocupación cayó en 170.300 empleos respecto al cuarto trimestre de 2025. En paralelo, el consumo de los hogares y las empresas —principal motor de la recuperación económica tras la pandemia— empieza a perder fuerza, la productividad se mantiene estancada y el sector exterior se enfrenta a una tensión al alza por la guerra comercial con Estados Unidos y el encarecimiento energético derivado de la guerra en Irán.
Con todos estos vientos en contra, el Gobierno ha decidido mantener su previsión de crecimiento en el 2,2% para 2026 a la espera de ver cuánto se prolonga el conflicto en Oriente Medio. No obstante, sí ha elevado en un punto su estimación de inflación media, del 2,1% al 3,1%.
El vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, estimó en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de este martes que el impacto potencial de la guerra en Irán sobre el PIB podría restar entre una y ocho décimas menos. Pero ante la incertidumbre sobre la prolongación de la guerra y los efectos de segunda ronda, el Gobierno ha pospuesto la actualización definitiva del cuadro macroeconómico hasta verano. Sin embargo, con las cuentas presupuestarias prorrogadas desde 2023, 2026 empieza a perfilarse como el verdadero examen económico de España.
La EPA enciende las primeras alarmas
La EPA del primer trimestre ha sido el primer aviso. El paro subió hasta el 10,8% y la ocupación cayó en más de 170.000 personas, rompiendo la inercia positiva del mercado laboral.
"Es un mal dato, estamos más cerca del 11% de paro que del 10%", resume José Ignacio López Sánchez, catedrático de Organización de Empresas de la Universidad CEU San Pablo. Aunque evita hablar todavía de un cambio de ciclo, sí reconoce que "el empleo no empuja con la misma fuerza" y que el margen de crecimiento respecto a la eurozona empieza a reducirse.
En cambio, desde la CEOE sí que advierten abiertamente de "síntomas de desaceleración". En la misma línea, Valentín Bote, director de Randstad Research, señala para El Independiente que "ha sido un trimestre malo, sin ninguna duda, aunque no catastrófico". La clave, explica, estará en comprobar si se trata de un bache puntual o del inicio de una desaceleración más persistente. En este sentido, recuerda que el empleo cerró 2025 creciendo al 2,8%, mientras que sus previsiones para 2026 lo sitúan más cerca del 2%.
El consumo se enfría y reaparece el gran problema: la productividad
El consumo privado, principal sostén del crecimiento desde la pandemia, también empieza a mostrar fatiga. Durante los últimos años, el ahorro acumulado tras el confinamiento, la llegada de población inmigrante y el tirón del turismo permitieron sostener un fuerte dinamismo del gasto de los hogares. Sin embargo, este patrón empieza a agotarse.
De acuerdo con las estimaciones de BBVA Research, se anticipa una desaceleración. Si en 2025 el consumo privado avanzó un 3,4%, sus previsiones apuntan al 3% en 2026 y al 2,1% en 2027. El problema, advierten varios expertos, es que España ha crecido más por población y consumo que por una mejora real de la productividad.
El propio avance del PIB refleja esta debilidad. La productividad por puesto de trabajo cayó un 0,2% trimestral y encadena cuatro trimestres consecutivos con tasas negativas en términos interanuales.
Para Javier Ferri, investigador de Fedea, este dato no es una anomalía puntual, sino el reflejo de un problema mucho más profundo que arrastra la economía española desde hace años. "España tiene dos graves problemas estructurales que se refuerzan uno al otro: la baja capacidad de generar valor añadido por factor empleado —productividad— y el importante deterioro de las instituciones", advierte en declaraciones a este periódico. Su diagnóstico es contundente: "Hasta que estos problemas no se resuelvan, nuestra economía está condenada a afrontar un futuro sombrío".
Ferri explica que España atraviesa ahora una fase expansiva, con crecimiento del PIB y del empleo superior al de otras economías del entorno, pero insiste en que se trata de un patrón ya conocido: cuando llegue la próxima crisis, el golpe volverá a ser más intenso y la recuperación más lenta que en otros países, como ya ocurrió tras la crisis financiera de 2008 o durante la pandemia. A su juicio, el problema de fondo es que el crecimiento actual no está sirviendo para corregir esas debilidades estructurales: "Ahora estamos en una fase expansiva que, por desgracia, no se está utilizando para arreglar ninguno de nuestros problemas estructurales", concluye.
Irán, inflación y el riesgo de un frenazo mayor
A esta desaceleración se suma la guerra en Irán, que amenaza con trasladar nuevas tensiones inflacionistas al conjunto de la economía a través del petróleo, los combustibles y el transporte. "Si los hogares tienen que gastar más en gasolina, electricidad o productos básicos, automáticamente aplazan otro tipo de compras", explica el director de Randstad Research. Menos consumo significa menos gasto en ocio, restauración o turismo, y un impacto transversal sobre toda la actividad.
Además, el encarecimiento del transporte marítimo, los seguros logísticos y el posible bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz presionan tanto a la industria como al comercio exterior. Desde la Cámara de Comercio advierten de que, si el conflicto se cronifica y los precios energéticos se mantienen elevados, el crecimiento podría reducirse hasta en siete décimas y la inflación superar el 4% de media anual en 2026.
Sin cuadro macro y sin Presupuestos
Pese a este escenario, el Gobierno ha optado por no actualizar todavía su cuadro macroeconómico. Desde el Ministerio de Economía defienden la prudencia ante la incertidumbre geopolítica.
Así, la actualización no llegará hasta verano y este documento será la base sobre la que se construyan los próximos Presupuestos Generales del Estado, ya que fija las previsiones de crecimiento, inflación, ingresos y gasto sobre las que se diseñan las cuentas públicas. El problema es el calendario: con el verano de por medio y la posterior tramitación parlamentaria, el margen para aprobar unos nuevos Presupuestos este año se estrecha todavía más. De hecho, Carlos Cuerpo evitó concretar si el Ejecutivo trabaja ya en unas cuentas para 2026 o si directamente el horizonte real son los Presupuestos de 2027.
Para el investigador de Fedea, el retraso tiene también una lectura política: "Mi opinión personal es que el Gobierno ha desistido de la idea de presentar Presupuestos durante este año y se va a centrar directamente en preparar los de 2027, aunque su aprobación también es muy dudosa dada la fragmentación política del Congreso de los Diputados", concluye Ferri.
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