La declaración de la renta suele generar la misma duda cada año en miles de hogares, ¿conviene presentarla de forma individual o en conjunto? Aunque la mayoría de contribuyentes presenta el IRPF por separado, hay situaciones muy concretas en las que la opción conjunta puede reducir la factura fiscal de forma notable. La clave está en entender qué perfiles pueden acogerse a ella y cómo afecta a la base imponible.

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No todas las familias pueden elegir esta modalidad ni siempre sale igual de rentable. En el caso de los matrimonios y de algunas unidades familiares monoparentales, la decisión depende sobre todo de los ingresos, de si uno de los cónyuges trabaja o no, y de si existen hijos a cargo. También influye el impacto de las reducciones y deducciones, porque lo que parece ventajoso a primera vista puede dejar de serlo cuando se hacen bien los números.

Qué implica hacer la declaración conjunta

La declaración conjunta es una modalidad del IRPF que permite integrar en una sola autoliquidación los rendimientos de todos los miembros de una unidad familiar. En la práctica, la ley fiscal reconoce esta opción para los matrimonios y para determinados hogares monoparentales, pero no para cualquier pareja que conviva sin estar casada.

Esto significa que no basta con compartir domicilio o gastos para poder elegirla. Hacienda exige que exista una unidad familiar en sentido legal, y eso deja fuera a muchas parejas de hecho que, aun teniendo hijos en común, no pueden tributar conjuntamente como matrimonio. Es una diferencia importante porque condiciona por completo la estrategia fiscal de cada hogar.

Cuándo compensa más

La situación más favorable suele darse cuando uno de los cónyuges no trabaja o apenas tiene ingresos. En ese caso, la reducción por tributación conjunta puede hacer que la base imponible baje lo suficiente como para pagar menos IRPF que con dos declaraciones separadas. También puede ser útil en familias monoparentales con hijos, porque la normativa contempla un tratamiento específico para ellas.

En cambio, cuando los dos miembros de la pareja tienen rentas del trabajo similares, la conjunta pierde atractivo. Eso ocurre porque la declaración de la renta individual permite aprovechar mejor el mínimo personal y, en ciertos casos, repartir deducciones o beneficios fiscales entre ambos contribuyentes. Dicho de otra manera: si hay dos ingresos estables, separar suele ser más eficiente que sumar todo en una sola declaración.

La clave fiscal

El motivo por el que la declaración conjunta puede ser ventajosa está en la reducción específica que aplica Hacienda a esta modalidad. Esa rebaja se añade al mínimo personal y familiar, y en determinados supuestos puede mejorar el resultado final. Ahora bien, esa ventaja tiene un límite claro, no compensa siempre, ni mucho menos.

Por eso es recomendable hacer una simulación antes de presentar el IRPF. El propio borrador de la Agencia Tributaria permite comprobar ambos escenarios y comparar el resultado final. Esa simple comprobación puede evitar pagar de más o elegir una modalidad menos favorable sin necesidad.

Quién puede elegirla

No cualquier contribuyente puede optar por esta fórmula. La tributación conjunta está pensada para dos grandes tipos de unidad familiar, la formada por los cónyuges no separados legalmente y, en su caso, los hijos menores o incapacitados; y la formada por un progenitor con sus hijos en los casos de familia monoparental. Fuera de eso, no hay margen para inventar una unidad familiar a efectos del impuesto.

Además, la situación familiar se valora a 31 de diciembre del ejercicio fiscal. Eso quiere decir que el estado civil y la composición del hogar al final del año son los que determinan si se puede o no presentar la declaración de la renta conjunta. Un cambio posterior no altera ese criterio.

¿Quiénes pueden alcanzar este ahorro de 3.400 euros?

Existe un beneficio fiscal que muchos pasan por alto y que se convierte en el verdadero "truco" para maximizar el ahorro, la reducción por tributación conjunta. En los matrimonios donde uno de los cónyuges no tiene ingresos, Hacienda permite aplicar una reducción directa sobre la base imponible de 3.400 euros. En el caso de las familias monoparentales, esta cifra es de 2.150 euros.

Para exprimir esta ventaja al máximo, el secreto reside en que el cónyuge con menores ingresos no supere el mínimo personal, permitiendo que la suma de ambos ingresos se beneficie de una rebaja que, en declaraciones individuales, simplemente se perdería. Es, en la práctica, una de las formas más rápidas de reducir lo que se paga al fisco si la diferencia salarial en la pareja es abultada.

Ventajas e inconvenientes

La principal ventaja es evidente. Puede suponer menos impuestos cuando uno de los dos cónyuges no tiene rentas o estas son muy reducidas. También simplifica la presentación en determinados hogares, al concentrar toda la información en una sola declaración. Para muchas familias con un solo sueldo, el ahorro puede ser suficiente como para que merezca la pena.

Sin embargo, también tiene inconvenientes. Uno de los más importantes es que, en la conjunta, algunos límites de deducción pueden resultar menos favorables que en dos declaraciones separadas. Además, si ambos tienen ingresos y deducciones propias, la tributación individual suele permitir optimizar mejor el resultado. Por eso no hay una regla universal que sirva para todos los casos.

Casos en los que suele salir peor

Hay escenarios en los que la declaración de la renta conjunta no suele interesar. Por ejemplo, si ambos cónyuges trabajan y tienen rentas similares. También puede ser menos favorable cuando cada miembro de la pareja disfruta de deducciones individuales que en la conjunta se ven limitadas por el tope común.

Esto se aprecia especialmente en situaciones con hipoteca antigua, deducciones por vivienda o determinados beneficios fiscales repartidos entre ambos contribuyentes. En esos casos, unir todo en una sola declaración puede reducir el margen de ahorro. Por eso, aunque la conjunta suene más "ordenada", no siempre es la más rentable.