La posibilidad de que el Banco Central Europeo (BCE) condone la deuda de los Estados que lleva meses comprando para apoyar a las economías de la zona euro ha pasado de ser una mera hipótesis a convertirse en el centro de un debate sobre su independencia y el prestigio de la moneda única. A raíz de un manifiesto firmado por más de un centenar de economistas de doce países, detractores y defensores de esta posibilidad chocan por el impacto que podría tener sobre el papel del BCE y su relación con la política fiscal, a la que ya apoya con la política monetaria.

La propuesta de los firmantes del controvertido manifiesto Anular la deuda pública mantenida por el BCE para que nuestro destino vuelva a estar en nuestras manos pasa por hacer un pacto con el emisor del euro: el BCE condona a los países la deuda pública que ha ido comprando desde que comenzó la pandemia, unos 768.148 millones de euros solo a través del paquete de estímulos de emergencia, y los Estados se comprometen a invertir los importes perdonados en el crecimiento de la economía.

Loading...

El debate está servido. Desde su publicación, muchas voces autorizadas se han lanzado contra la propuesta por las implicaciones negativas que podría suponer, si bien entre sus defensores temen que la "ortodoxia" dé alas a una nueva etapa de austeridad en la zona euro.

"Demasiadas cosas están cambiando como para ahorcarnos con ciertas ortodoxias", explica a El Independiente el economista y expresidente de Red Eléctrica Jordi Sevilla, uno de los firmantes del manifiesto. En su opinión, "al final el BCE terminará condonando la deuda porque el coste social de devolver la deuda será superior al coste contable".

No en vano, según explica, el BCE está haciendo ahora cosas que no se preveían hace algunos años, como las propias compras de deuda pública que el supervisor inició en 2015, justo después de la crisis financiera que puso en jaque al euro.

"También tenemos deuda conjunta para financiar el Next Generation EU, cosa que habría sido imposible de pensar hace cinco años (...) también hubo un ministro que dijo que el coste de Bankia sería devuelto y que no tendría coste para el contribuyente", recuerda Sevilla, que reconoce, no obstante, que el debate sobre la condonación de la deuda es, probablemente, "prematuro".

Parte de la polémica con este manifiesto se ha desatado porque entre sus firmantes se encuentra Nacho Álvarez, secretario de Estado de Derechos Sociales y responsable económico de Unidas Podemos. "Esto no va de que unos países se hayan ido de fiesta en los últimos años (...) la deuda de los países europeos es deuda que los países europeos tienen consigo mismos, es decir, nuestra propuesta no afectaría en ningún caso a los mercados ni a los inversores privados", defendió el secretario de Estado (que rechazó atender a este periódico) hace unos días en una entrevista concedida a Cadena Ser.

Para el dirigente de Unidas Podemos, la pandemia es una situación extraordinaria que requiere de soluciones del mismo calibre para evitar "volver a la austeridad". "Eso sería no ser coherente y no ser consecuente con los enormes desafíos que tenemos para dejarle un mundo decente a las generaciones venideras", añadió.

"Ilegal y sin sentido"

La propuesta ha recibido críticas desde muchos ámbitos y ha suscitado el pronunciamiento de los máximos dirigentes del propio BCE. Tanto Christine Lagarde, su presidenta, como Luis de Guindos, su vicepresidente, han rechazado tajantemente la idea, al considerarla "inconcebible", creer que su puesta en práctica sería "ilegal y no tendría sentido" y alertar de que "la independencia de los bancos centrales se vería muy afectada». También desde la Comisión Europea han apelado a la ilegalidad de la medida.

Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research, explica a El Independiente que, de llevarse a cabo la propuesta, "supondría una dominancia fiscal de la política monetaria en lugar de una combinación entre ambas".

El experto, que reconoce que toda propuesta que intenta facilitar el progreso "siempre es bienvenida", considera, no obstante, que esta idea "puede parecer atractiva, pero en la práctica no es una buena propuesta por muy bien intencionada que esté".

Además, opina que una condonación de la deuda del BCE no es legal a día de hoy, tanto según los Tratados de la Unión Europea, que impiden monetizar la deuda, como según la sentencia del Tribunal de Justicia alemán que cuestionó el programa de compras de deuda del supervisor, que declara que la deuda que compre el BCE debe estar disponible para su venta.

Un conflicto político para el que no hay tiempo

"No se le puede pedir o imponer al BCE que condone deuda. Eso es ilegal. Ni siquiera ha pasado en países como Japón o Estados Unidos, donde no tienen que resolver ningún problema político porque solo hay un banco central", apunta Doménech.

No en vano, llevar a la práctica esta propuesta implicaría modificar los Tratados de la Unión Europea, "algo tremendamente costoso en términos de tiempo y de capital político, porque no hay consenso para hacerlo", según señala.

En su opinión, comenzar ahora una negociación política en el seno de la Unión Europea "generaría mucho ruido" y "desviaría la atención de cuestiones más urgentes y necesarias, como aprovechar al máximo el programa Next Generation EU". "Ese debería ser nuestro objetivo", zanja respecto a la prioridad de estar centrados en la distribución de los fondos europeos.

Plantear esta propuesta implicaría entrar de nuevo en un conflicto político entre los países de la zona euro después de haber pasado recientemente por otro para alcanzar un consenso respecto a los fondos. Un debate para el que, en estos momentos, parece no haber mucho tiempo.

"Aunque fuéramos capaces de hacer ese viaje, aunque hubiera voluntad política, por una cuestión de timing no tenemos tiempo de llegar a eso como una herramienta para la recuperación", explica el experto de BBVA Research.

Y, además, aunque se terminara llevando a cabo, "la diferencia con la situación actual sería mínima" para Doménech. ¿Por qué? "De facto el BCE tiene un porcentaje muy alto de la deuda de los países de la zona euro y su compromiso de que va a seguir comprando. Los países europeos ya se benefician de los bajos tipos de interés, no se tienen que preocupar de la financiación de la deuda", explica.

Con todo, el tiempo y la política europea no son las únicas razones que complican la puesta en marcha de una medida similar. María Jesús Fernández, economista senior de Funcas, considera que el principal inconveniente de esta propuesta es "el impacto negativo que puede tener sobre la reputación del euro, en su confiabilidad".

"El euro es una moneda sólida, confiable, y gracias a eso se pueden hacer las políticas que se están haciendo ahora (...) los inversores saben que va a conservar su valor", como las billonarias compras de activos que el supervisor tiene entre sus planes para apoyar a la economía en esta situación excepcional.

Precisamente, una de las razones que, en opinión de esta experta, contribuye a que el euro tenga esa buena reputación es que "en los Tratados se prohíbe expresamente monetizar déficits públicos". "Si se suprime eso, sería como el primer golpe en el edificio del euro (...) a lo mejor ahora mismo no, pero cuando venga otra crisis habrá una presión para que se vuelva a hacer", añade Fernández.

En este escenario, una alternativa podría ser convertir la deuda emitida por los países que compra el BCE en perpetua. Eso sí, para la experta de Funcas sería necesario que se hiciera "bajo una condicionalidad" en relación con el déficit público, de forma que sería más sencillo evitar un conflicto político imposible de resolver.