Cuando Ester de Nicolás tenía cinco años le regalaron por Reyes una muñeca que decía «te quiero». Al rato sus padres descubrieron que no se la había llevado a la habitación para jugar con ella, sino para abrirla por dentro para sacarle todas las piezas. «¿Por qué habla?», les contestó la niña cuando le preguntaron por qué había roto su regalo. «Quería comprender cómo era eso posible que una muñeca hablase», recuerda ahora, 30 años más tarde, en la sede de Microsoft, donde es la Responsable Técnica del Equipo de Innovación.

De Nicolás dice tener «el mejor trabajo del mundo» porque por sus manos pasan todos los prototipos de la empresa y el equipo que dirige se encarga de ponerlos a prueba. «Es como ver el futuro por adelantado», afirma con entusiasmo.

Siempre tuvo claro que le interesaban las máquinas: «Desde aquel día de la muñeca, cada vez que se estropeaba un aparato en casa mis padres me lo dejaban para que lo abriera y cacharrera con él: ‘Por si lo puedes arreglar’, me decían», comenta divertida. «Tuve la gran fortuna de tener todo su apoyo porque nunca les extrañó que me gustaran los cables. No todas las niñas tienen esa suerte y eso desincentiva muchas carreras tecnológicas de mujeres».

Esta canaria de 35 años, que antes de decidirse por estudiar Telecomunicaciones quiso ser astronauta, le parece increíble todo lo que ha cambiado el mundo desde que en los años 80 sus padres tenían un Spectrum. «Mi primer ordenador tardaba dos horas en cargar los videojuegos, me tenía que ir a merendar y cuando volvía no estaba listo todavía», recuerda. Su pasión por los los juegos de ordenador le viene de lejos. Hasta chapurrea japonés porque quiso aprenderlo ella sola para poder jugar a unos videojuegos que le interesaban. «No es fácil», reconoce entre risas. «Pero como muchos de ellos son juegos para niños en realidad el vocabulario de japonés que utilizan es sencillo», añade.

Democratizar la inteligencia artificial

Microsoft también ha cambiado mucho en estos 30 años. «Aunque su espíritu en realidad es el mismo», puntualiza De Nicolas. «Al principio Bill Gates decía que la misión de la empresa era democratizar los ordenadores, que hubiera uno en cada hogar, cuando nadie creía que eso fuera posible. Y si no es por Bill Gates yo no hubiera podido tener un ordenador en casa en mi pueblo de Tenerife». Y añade: «Ahora el reto es democratizar la inteligencia artificial«.

Ester de Nicolás, Responsable Técnica del Equipo de Innovación. de Microsoft en la sede de Madrid. Mario Viciosa

Parte del trabajo de esta ingeniera, que empezó su carrera en HP, es ayudar a las start-ups y los profesores de informática e ingeniería a desarrollar aplicaciones con la tecnología que desarrolla Microsoft. «Tienen una imaginación desbordante y llegan con ideas que jamás se nos habrían ocurrido», reconoce. «Hace poco llegaron con un proyecto para utilizar drones que calibren la luz de los aeropuertos. Hasta ahora eso lo hacía un piloto en un aeroplano que lo mide manualmente sobrevolando cada aeropuerto. Pero con drones e inteligencia artificial se podrá  calibrar automáticamente y reducir muchísimo los costes», explica.

La Inteligencia Artificial no es un campo nuevo para Microsoft. En realidad, el gigante tecnológico lleva más de 20 años desarrollando esta tecnología. «Pero es ahora cuando ha saltado a la vida cotidiana y nos la va a transformar de arriba a abajo», advierte De Nicolas. «Es lo mismo que en su momento pasó con los ordenadores. Hace 40 años las grandes empresas del sector no creían que hubiera mercado para tener uno en cada casa, ahora simplemente este móvil tiene más capacidad que el Deep Blue que derrotó a Kasparov en 1997».

Vencer al Parkinson con una pulsera

La transformación que va a sufrir la medicina con la inteligencia artificial es una de las aplicaciones que más fascina a De Nicolás. «Ya está cambiando la vida de mucha gente», advierte. El ejemplo que más le conmueve es el dispositivo Emma Watch, una pulsera que envía vibraciones al cerebro para “engañarlo” de forma que las personas con Parkinson puede recobrar el control sobre su mano. «Se desarrolló para ayudar a una chica que se llama Emma, una diseñadora gráfica con esta enfermedad que dejó de poder dibujar cuando le llegaron los temblores. La pulsera predice las vibraciones y el momento en el que gracias a ella vimos como volvía a escribir su nombre y es muy emocionante», recuerda la ingeniera. Se le ponen los pelos de punta al recordarlo.

https://youtu.be/k9Rm-U9havE?t=10

La inteligencia artificial también está cambiando los medicamentos. «Ya hay farmacéuticas que pueden predecir con análisis de datos cuál es la dosis de quimioterapia que necesita un paciente para hacer más eficiente el tratamiento contra el cáncer», explica. «Y en el futuro analizando millones de datos, en vez de medicamentos genéricos, podrán hacerse todo tipo de tratamientos a medida de cada uno. Piensa cuántas vidas podrá salvar una tecnología así».

«La inteligencia artificial puede evitar que en el mundo haya gente que se muera de hambre», afirma De Nicolás con contundencia. «Ya hay herramientas para que un granjero pueda tomar mejores decisiones de siembra y cultivos. Estamos trabajando en sensores que podrán funcionar sin ni siquiera tener conexión a internet para que pueda utilizarse en cualquier parte del mundo a un coste muy bajo».

María Antonieta en el instituto

De Nicolas, que aprendió a programar con 12 años porque su padre le regaló unos fascículos que venían con el periódico, cree que la educación va a ser la otra gran transformación que depara la inteligencia artificial. Hace 25 años su padre le dijo: ‘Haz lo que quieras con el ordenador pero si lo rompes lo arreglas tú», recuerda. «Y como no paraba de probar cosas y lo estropeaba, me pasaba la vida arreglándolo», recuerda. El futuro de la educación que ahora se imagina es algo así: «Aprender tocándolo todo, haciendo, no memorizando», explica.

«Gracias a la realidad virtual los chavales podrán encontrarse a María Antonieta y a Luis XVI en el instituto y verlo todo como si estuvieran viviendo en el siglo XVIII», asegura. «En realidad, la tecnología para hacerlo ya existe. Solo tenemos que esperar a que se haga mainstream. Y no me cabe duda de que lo será».

Además de la parte lúdica, también augura una transformación en la gestión educativa. «Con un análisis de big data también se podrá predecir qué alumnos pueden tirar la toalla y abandonar sus estudios para poder tomar medidas y evitar que eso suceda. Vamos a poder predecir comportamientos con mucha antelación», añade.

Hologramas en el salón

La misma niña que jugaba en los 80 con el Spectrum es la que ahora se encarga de probar lo último en videojuegos del futuro. Está convencida de que la revolución va a llegar con la realidad mixta como la que tienen las gafas HoloLens. A diferencia de la realidad virtual,  estas gafas no recrean un mundo virtual paralelo ajeno al real, sino que lo proyectan en la habitación en la que uno está mimetizándose con el entorno.

«Mi marido me miraba agacharme en el salón como si estuviera loca cuando me puse con el juego», confiesa entre risas. «Estaba examinando las pistas de un asesinato, porque de pronto tienes sentado en el sofá de tu casa a un agente del FBI y tu alfombra es la escena del crimen. La realidad mixta transforma tu habitación y te rodean una especie de hologramas que se van adaptando a ella para hacerlo totalmente inmersivo».

Este tipo de tecnología, cuando tenga un precio más asequible (ahora el aparato, que aún no se comercializa en España, ronda los 5.000 euros) puede transformar, según la ingeniera de Microsoft, no solo los videojuegos sino también actividades tan cotidianas como el deporte. «A mí salir a correr me da mucha pereza, pero si pudiera ver que me persiguen unos zombis por el parque haría mucho más deporte», afirma. Lo dice en serio.

«Veo el futuro lleno de hologramas», añade. Se refiere a una tecnología desarrollada por el laboratorio de Microsoft llamada Holoportation, por lo que gracias a cámaras que captan el movimiento en 3D y en tiempo real retransmiten un holograma de la persona con la que se está hablando en remoto. Como en Star Trek.

«Lo veo muy cercano porque ya es posible técnicamente. En vez de llamar a alguien por teléfono vamos a poder hablar con su holograma. Ya se puede, de hecho. Pero la tecnología es costosa. La estamos utilizando con los científicos de la NASA en sus expediciones en Marte para que puedan sentir desde la Tierra que están caminando por allí. Ahora lo utilizan ellos y todavía es un casco muy aparatoso, pero no tardando se irá simplificando y será algo que todo el mundo pueda tener en casa».

Al final De Nicolás no fue astronauta. Pero la tecnología que ayuda a desarrollar sí que llega hasta otros planetas. Y su hija, que tiene dos años, todavía no ha destrozado ninguna muñeca para ver qué tiene dentro. Si cuando crezca tiene alguna duda, seguro que se la resuelve mamá. O su holograma.