“Han pasado 27 años y parece que fue ayer”, afirma Amparo Alonso Betanzos, presidenta de la Asociación de Inteligencia Artificial (AEPIA), que cuando empezó a hacer la tesis doctoral en 1984 esta disciplina “era todavía muy pedestre y no tenía ningún prestigio. La Inteligencia Artificial (IA) sonaba a ciencia ficción, pero es entonces cuando se desarrollan los sistemas que ponen las bases a lo que conocemos ahora. Aunque todavía eran mecanismos muy limitados”.

Tres décadas que se le han pasado volando: “No esperaba este salto tan rápido… Ya tenemos la inteligencia artificial en nuestra vida cotidiana: todos los días la utilizamos en apps del móvil. Desde la que te dice cuándo va a llegar el próximo autobús a cuando hablamos con Siri, con Cortana… Todo lleva inteligencia artificial. Y esto es un cambio radical. Ya no son sistemas inteligentes que maneja únicamente el personal especializado de alto nivel. Hoy en día ya lo utilizamos de forma inconsciente.  No se me ocurre ninguna app del móvil que no utilice inteligencia artificial. Ahora es un término que ha cobrado  prestigio”.

“En esa época pretendíamos resolver problemas tan difíciles que no éramos capaces porque no existía aún tecnología para ello”, recuerda Alonso Betanzos, que estudió Química y se especializó en ingeniería biomédica. Trabajó en Informática Médica en Estados Unidos y en 1990 se incorporó a la Facultad de Informática de la Universidad de Santiago, donde coordina un grupo de investigación de inteligencia artificial en la Universidad de Santiago. “Hace 20 años la inteligencia artificial estaba solo en manos de expertos: se podían diseñar arquitecturas por ordenadores, diagnosticar fallos de impresoras, investigaciones clínicas… Y ahora ya está en la calle”.

Amparo Alonso Betanzos es presidenta de la Asociación Española para la Inteligencia Artificial (AEPIA)

Amparo Alonso Betanzos es directora del Laboratorio de Bases de Datos de la Facultad de Informática de la Universidad de A Coruña Xurxo Lobato

“Vamos a ver robots por la calle en cinco años”, vaticina la experta. “Los vamos a ver en poco tiempo. Y lo estoy deseando. Para tener robots en casa destinados a uso personal habrá que esperar más. Igual que las computadoras al principio solo podían permitírselas las empresas y parecía impensable que las llegáramos a tener en casa. Lo mismo pasará con los robots. De hecho, ya están llegando. Mi madre que tiene 80 años no puede vivir sin su Rumba, que es un aspirador con inteligencia artificial”.

Esta catedrática, empezó a trabajar en Big Data antes incluso de que se llamara así: “Lo llamábamos ‘conjuntos de alta dimensionalidad’ porque lo nuestro no es el marketing”, bromea.

Cuando en 1983 nació la Asociación Española de Inteligencia Artificial la componían matemáticos, físicos… “Había profesionales de muchas disciplinas porque no era un campo específico todavía”, recuerda. “Ni siquiera se hablaba de IA, sino de robótica, de aprendizaje automático… Ahora está de moda”.

La AEPIA trabaja para crear más puentes con las empresas. “Porque en España las empresas no se implican en la universidad como en otros países como Francia y Alemania. Donde no solo no se han reducido los presupuestos de investigación sino que se han aumentado”.

“En España no estamos aprovechando las sinergias entre universidad y empresas”, advierte Alonso. “El intercambio de investigadores entre los dos campos es fluido en otros países. Aquí no y es una limitación, todos salimos perdiendo. La universidad se plantea inquietudes de investigación pensando menos en el fin económico y más en la innovación con más amplitud de miras. En el día a día de la empresa se pierde esa creatividad que los académicos sí tenemos y que a la larga puede ser muy rentable. Y en Big Data el potencial es enorme: las empresas tienen los datos. Las universidades tienen el conocimiento de cómo trabajar con ellos. Tenemos que unirlo”.

“Algunas empresas no son conscientes del cambio que se avecina”, añade Alonso Betanzos. “Los servicios financieros están invirtiendo mucho en la transformación digital. Hay otros sectores, como salud, farmacéuticas y energía, que tienen muchos más datos, que todavía tienen que concienciarse del cambio. Si no se transforman quedarán obsoletos, porque la inteligencia artificial va a transformar sus sectores. Menos del 10% de las empresas están invirtiendo en inteligencia artificial. Los que inviertan en ello ahora serán en el futuro los líderes de sus sectores”.

Privacidad, seguridad y terrorismo

“Las inversiones en inteligencia artificial también son fundamentales para combatir el terrorismo”, advierte. “Hay aeropuertos que están probando sistemas de reconocimiento facial para que no haga falta llevar una tarjeta de embarque porque al pasar el control la máquina te reconoce. Esto, por supuesto, abre el debate de la privacidad. A todo el mundo le resulta molesto tener casi que desnudarse en un aropuerto, en un control de seguridad, pero entiendes que es por tu seguridad. Por lo mismo tendremos que ceder información. Pero tenemos que ser más conscientes de qué es lo que estamos haciendo cuando cedemos nuestros datos.  A veces cedemos privacidad sin que tenga ningún sentido al bajar algunas apps gratuitas”.

Robots y empleo

Muchos empleos actuales van a desaparecer como consecuencia de la inteligencia artificial y la robotización”, advierte Alonso Betanzos. “Pero también van a aparecer otros empleos nuevos que ahora mismo ni siquiera sospechamos. Puede que no hagan falta conductores cuando lleguen los vehículos autónomos, pero hará falta gente que diseñe rutas para los vehículos sin conductor y diseñe las máquinas. Será algo parecido a lo que ocurrió con la Revolución Industrial. Desaparecieron muchos empleos mecánicos y surgieron otros de alto nivel humano”. Y añade: “Es más interesante diseñar un robot que trabajar en una mina”.

Aunque Alonso Betanzos es optimista, no esconde los riesgos que aguardan este periodo de gran transformación digital que se avecina: “Habrá que implementar políticas para que esto no tenga unas consecuencias catastróficas”, comenta. “Si tienes una fábrica llena de robots, tal vez éstos deban pagar impuestos para que pueda financiarse el sistema. Hay que repensar la estructura de la sociedad industrial, pero no hay que tenerle miedo”.

Van a aparecer otros empleos nuevos que ahora mismo ni siquiera sospechamos

Cree la presidenta de la Asociación Española de Inteligencia Artificial que no por tener un mundo lleno de robots éste será menos humano: “Si hay una máquina ayudando en las consultas los médicos para que hagan un mejor diagnóstico, los doctores tendrán más tiempo para atender a los que realmente les necesitan en vez de pasarse el día en tareas rutinarias automatizables. Los radiólogos pueden reducir sus errores al 0,5% con ayuda de inteligencia artificial. Los robots empoderarán a los humanos”.

Tampoco le disgusta que un robot pueda llegar a la universidad: “La inteligencia artificial puede ayudar mucho para que el profesor se pueda centrar en tareas más creativas y más humanas. Es una barbaridad tener que corregir 300 exámenes. Para garantizar una evaluación de calidad, podremos automatizar la parte aburrida y burocrática pidiéndole a un asistente electrónico que corrija o que me haga un resumen de una conferencia, que se lea los artículos de una revista y me haga un resumen, que me organice la agenda y mande unos cuantos mensajes. ¿Y la docencia? Podría dejarme libre mucho más tiempo para estar disponible para las dudas de los alumnos. El aula del futuro no pasa por una presencia constante pero sí cuando la necesitan. Si tengo clases grabadas puedo atender a más alumnos personalmente e interaccionar más con ellos”.

“No sólo a la educación le espera una revolución”, afirma Betanzos. “Está todo a la vuelta de la esquina. En el transporte, por ejemplo. Con la inteligencia artificial tendremos muy pronto circulando coches sin conductor. Hace 15 años era sólo una entelequia que comentábamos los académicos en un plano teórico: ¿Qué pasaría si los coches pudieran comunicarse entre sí para avisarte de que hay un atasco o un incendio y que no vayas por ahí? Recuerdo que no nos concedieron un proyecto europeo para desarrollarlo porque nos dijeron que era ciencia ficción”.

Y acaba con un aviso para navegantes: “Vamos a hacer muchas cosas que hace diez años parecían imposibles. La inteligencia artificial no se va a parar porque no tiene sentido que se pare”.