Vista general de las tumbas en el cementerio de la Almudena este domingo con motivo de las fiestas de todos los Santos.

Vista general de las tumbas en el cementerio de la Almudena este domingo con motivo de las fiestas de todos los Santos. EFE / Mariscal

España

1.512 cadáveres de Madrid a Huelva: así se evitó el colapso funerario en el pico de la pandemia

Un empresa que gestiona tanatorios en Huelva trabajó durante 40 días sin descanso entre marzo y abril haciendo trayectos para auxiliar a un Madrid desbordado

Prácticamente a diario, Filiberto Sosa y su equipo cogían varios furgones fúnebres en Huelva, viajaban seis horas a Madrid y cargaban los vehículos de féretros. Regresaban sobre las 7 de la mañana a Huelva, los cremaban y pocas horas después volvían a poner rumbo a la morgue instalada en el Palacio de Hielo.

Muchas noches sin ver a la familia, muchas noches sin dormir. Yendo y viniendo. Cargando muertos y devolviendo cenizas. En total fueron 30 viajes de ida y vuelta entre el 20 de marzo y el 30 de abril. Cinco furgones funerarios, 50 cadáveres diarios, 1.512 fallecidos totales que viajaron de Madrid a Huelva para evitar el colapso de los servicios funerarios de la capital en los momentos más duros de de la pandemia.

«Llegó un momento en el que nos preguntábamos si podíamos aguantar. ¿Has visto las películas de la Guerra de Vietnam? Pues esto era mucho peor», cuenta a El Independiente Filiberto Sosa, que tiene 17 tanatorios y cinco crematorios en la provincia de Huelva. «Yo he llegado a ver más de 3.000 cadáveres en un solo día».

El cansancio físico y psicológico era abrumador. «Se dormía cuando se podía. Aquí hemos arrimado el hombro todo lo que hemos podido y estamos muy orgullosos del trabajo que hemos hecho. Hemos trabajado sin contar los días», relata Filiberto, de 52 años.

La llamada de auxilio de Madrid

La Comunidad de Madrid se ha llevado la peor parte de la pandemia desde el inicio. Entre marzo y abril acumuló casi 14.000 fallecidos, según los datos oficiales. Los servicios funerarios -en Madrid hay dos crematorios públicos y 28 privados- no daban a basto y levantaron el teléfono para pedir ayuda a otras provincias.

A Filiberto le llamaron de Interfuneraria y Mémora, dos servicios funerarios privados que operan en la Comunidad de Madrid. «Nos llamaron pidiendo auxilio y socorro porque no podían hacerse cargo de todos los cadáveres», cuenta Filiberto, que no dudó ni un segundo en poner sus 17 tanatorios y cinco crematorios al servicio del país. «Yo he sido cabo primero en la Legión y de ahí nace mi relación con la muerte y el espíritu de socorro. Lo que primero que hicimos fue socorrer y lo último, cobrar». Cobraron 1.500 por cada furgón y viaje.

En la Legión también está Francisco Jose Nieto Romero, que no dudó en ponerse al servicio de su amigo Filiberto cuando le pidió auxilio. «En sus días de permiso y tras mi llamada acudió al fuego», explica Filiperto.

En los viajes a Madrid iban 12 personas, dos por furgón, que conducían por carreteras totalmente vacías. Más de 600 kilómetros sin ver un solo coche. «Nos abrían las gasolineras y nos invitaban al café», cuenta al borde de las lágrimas Filiberto. «Es que es de mucho orgullo lo que hemos hecho».

«Nunca olvidaré ese olor a muerte»

Para dar una dimensión: los tanatorios que dirige dan una media de 2.500 servicios al año. Esta vez fueron 1.500 en 40 días con viajes casi diarios a Madrid. En los furgones, según la ley, solo pueden ir diez féretros.

Pero allá por marzo la situación era tan desesperada que la policía sanitaria mortuoria permitía que se produjeran enterramientos e incineraciones sin esperar las 24 horas estipuladas. «Los furgones iban hasta los topes, muchas veces con más de diez féretros. Y nuestros crematorios estuvieron funcionando prácticamente 24 horas en ese mes y pico», señala Filiberto.

La mayoría de los viajes que empezaban en Huelva tenían como destino el Palacio de Hielo, donde se instaló una morgue provisional. «El ambiente era tremendo ahí. Lo hicimos todo con el máximo respeto posible, pero hay cosas que no se olvidan. Nunca olvidaré ese olor a muerte».

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