El Foro de Curas de Vizcaya ha criticado la «desmesura» de la Diócesis de Bilbao al retirar de los oficios eclesiásticos que desempeñaba al ahora expárroco de Lemoa, tras sus manifestaciones sobre ETA en un documental, y han pedido que «sea restituido».

La determinación se adoptó después de que afirmara, en la entrevista incluida en la cinta, que el de ETA «no era terrorismo, sino una respuesta a una represión» y una «guerra entre bandos».

En un manifiesto, aprobado «casi por unanimidad» de sus miembros hace dos días, el colectivo denuncia «la selección» de las declaraciones realizadas por Mikel Azpeitia en el documental Bajo el silencio de Iñaki Arteta, y se pronuncia «ante la retirada de los oficios eclesiásticos» por parte de los obispos de Bilbao.

En el texto, los curas vizcaínos aseguran que desearían «saber si los obispos han tomado» su decisión «después de haber visionado toda la entrevista y tener bien claro que no se han entresacado, de manera interesada, escasamente siete minutos y medio de unas declaraciones que, al parecer, duraron más de dos horas».

La retirada de los oficios eclesiásticos del ex párroco obedece más «al dictado de la presión mediática que a una información ajustada de los hechos»

Según añaden, ateniéndose «únicamente, al extracto de las declaraciones ofrecidas» consideran que «en la descripción de los diferentes diagnósticos existentes sobre las causas de la violencia y del terror», el expárroco de Lemoa presenta «una empatía desmedida con sus partidarios». «Le agradecemos que haya pedido perdón por ello», puntualizan.

Sin embargo, dicen no aceptar, «conociendo la trayectoria pastoral de Mikel Azpeitia, los juicios de valor emitidos estos días sobre una posible justificación por su parte de la violencia o del terror».

«Más bien, todo lo contrario. De ello tenemos sobradas pruebas tanto nosotros, como los cristianos de las comunidades en las que ha servido», aseguran.

Según precisan, Azpeitia «nunca ha tenido problema alguno en condenar, sintonizando con el magisterio de la Iglesia en el País Vasco, la violencia y el terror como vías de solución para un problema que, además de moral, lo es de convivencia política».

Por ello, creen que su «retirada de los oficios eclesiásticos obedece más al dictado de la presión mediática que a una información ajustada de los hechos, a la escucha de la persona en cuestión (a quien se le leyó telefónicamente la primera nota del Consejo Episcopal previo al envío de la misma a la prensa, a pesar de que en ella se decía que estaban «abordando esta cuestión con dicho presbítero») y a la prudencia que es de esperar en quienes tienen la responsabilidad de presidir en la comunión a la Iglesia en Vizcaya».

«Lamentamos su desinformación, su precipitación, así como la desmesura de la decisión adoptada y su falta de coraje evangélico, esperando que sea restituido en su servicio cuanto antes», concluyen.