El desafío independentista en Cataluña ha perdido peso en la agenda europea en el año 2020. El personaje de Carles Puigdemont se difumina en la lejanía y las derrotas de Oriol Junqueras se acumulan ante la justicia comunitaria. Además, la pandemia de la Covid-19 ha evitado muchas de las performances que los eurodiputados secesionistas esperaban poner en marcha en el Parlamento Europeo.

A veces, como le ocurrió este martes al propio Puigdemont, toca hablar ante auditorios casi desérticos. El ex presidente de la Generalitat tomó la palabra en un debate sobre los 25 años del Proceso de Barcelona -sobre cooperación y desarrollo euromediterráneo- para denunciar la «represión del Estado» y que la Unión Europea mirase hacia otro lado ante el gobierno de España.

Lo cierto es que la Unión Europea mira tanto hacia otro lado que a Puigdemont prácticamente no le escuchó nadie. En el Hemiciclo de la sede de Bruselas del Parlamento Europeo había apenas una docena de diputados en el momento de su intervención, ya avanzada la tarde, y ni rastro de la atención mediática que congregaban sus primeras apariciones en la institución.

El independentismo, que hizo lema y campaña de la frase ‘El mundo nos mira’, puede comprobar ahora como a Puigdemont le miran cada vez menos.