«La derecha nacional tiene sus propias primarias en Cataluña, es lo que se juegan Vox y PP en Cataluña». Pedro Sánchez no ha perdido la oportunidad de atacar a los populares, a los que algunas encuestas sitúan por detrás de Vox las elecciones catalanas, tras la guerra abierta entre ambos partidos por la rechazo del PP al decreto de gestión de los fondos de reconstrucción europeos. Lo ha hecho en la campaña catalana, en la que ha asegurado, con sorna, que «el PP ha incorporado a Luis Bárcenas» tras las revelaciones del ex tesorero popular.

En el ecuador de la campaña, Sánchez ha acudido este sábado a Salou (Tarragona) una de las zonas más castigadas por la crisis del turismo derivada de la pandemia, en apoyo de Salvador Illa. Los socialistas se juegan en esta provincia una parte importante de sus apoyos, después de haber perdido en las municipales el Ayuntamiento de Tarragona por la mínima.

En 2017 los socialistas cayeron a dos escaños en esta circunscripción, en la que Cs ganó con cinco diputados. A sus votantes han apelado tanto Sánchez como Illa para «pasar página» y hacer posible «el cambio» en la Generalitat.

El sueldo del president

«Los independentistas y la derecha son los partidos de la decadencia» ha añadido Sánchez, acusando a los primeros de «vivir bastante bien del problema». Lo ha hecho un día después de que Illa anunciara su intención de bajarse el sueldo un 30% si es presidente de la Generalitat, para ponerse al nivel del siguiente presidente autonómico que más cobra. El último ex presidente, Quim Torra, se subió el sueldo hasta los 155.000 euros anuales.

Por ello, ha añadido el presidente del Gobierno, con un sueldo sustancialmente menor, «quieren seguir dándole a la bronca». Y ha augurado que «ahora lo tendrán más difícil porque tienen delante a gran candidato, inteligente y buena persona», un deseo de cambio en la Generalitat «que nace de lo más básico de la sociedad catalana que ha comprendido que el camino de la división es el camino de la decadencia» y la doble oportunidad que representan en manos de Illa el Plan recuperación avalado por los fondos de la Unión Europea, los nuevos Presupuestos Generales.

Unas cuentas de las que ha desgranado los 2.200 millones de euros previstos en inversiones en Cataluña «más de lo que dice el Estatut, un 18,1% del total de la inversión española» y las ayudas al sector turístico, primordial en la Costa Dorada.

Un Govern sin mártires ni causas perdidas

Sánchez, como Illa, ha denunciado que los últimos años han sido una «década perdida» para Cataluña y ha abogado por concentrar los apoyos en el PSC. El 14F se vota «un Govern sin causas perdidas, sin banderas que dividen, ni mártires ni fantasías políticas, un Govern centrado en la realidad, ese será el de Illa».

Ha advertido además que con en esta campaña el PSOE no sólo pretende que «vuelva Cataluña», sino también que «vuelva la izquierda auténtica» que representan según él los socialistas en Cataluña y España.»Todos los votos de la izquierda deben concentrarse en la peleta de la esperanza en el cambio, la de Illa» ha añadido.

Illa, a por el votante de Cs

En términos similares se ha postulado el candidato, Salvador Illa, que ha apelado directamente a los votantes que hace tres años dieron la victoria a Inés Arrimadas. «Pido el voto a los que creyeron en el cambio en 2017» ha apuntado Illa. «Os prometo que esta vez sí servirá para cambiar las cosas, no me voy, me presento para quedarme», ha añadido para recordar que Arrimadas abandonó Cataluña un año después de su victoria para dar el salto a la política nacional.

«Podemos conseguirlo si el 14F concentramos el voto en el único partido capaz de hacerlo, que es el PSC» ha insistido. «No me presento para sacar buen resultado, me presento para ganar y para gobernar, para hacer una Cataluña mejor».

Como prioridad, ha fijado conseguir que Cataluña «canalice bien los fondos europeos» y ha advertido de que «no se está calibrando la importancia que tienen». Especialmente tras unos años que ha definido como «un desastre», en los que la comunidad ha «acumulado derrotas y frustraciones», de los que sale «dividida y sin ningún tipo de liderazgo».