Una edición de Plutarco de 1535, una obra sobre los amantes de Teruel publicada en Valencia en 1616, un libro del astrónomo y militar balear Vicente Mut del que se conserva otro ejemplar en la Universidad de Illinois (1655), una crónica de los príncipes de Asturias y Cantabria de fray Francisco Sota (1681), tratados de teología y geometría, monografías sobre órdenes religiosas y militares, diccionarios, biografías…

El 14 de abril de 1961, la Biblioteca Nacional hizo entrega a la abadía del Valle de los Caídos de un lote de 973 volúmenes correspondientes a 494 títulos fechados entre los siglos XVI y el XX para engrosar sus fondos bibliográficos. Instalada en Cuelgamuros desde julio de 1958, una de las obligaciones asumidas por la comunidad benedictina era «mantener al día» una biblioteca especializada en materia religiosa y católica-social, según se detalla en el convenio firmado por Luis Carrero Blanco -en nombre de la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos- con el abad de Silos (Isaac María Toribios) el 29 de mayo de 1958.

Sesenta años después, los libros están a punto de emprender el viaje de vuelta, después de la reclamación que, a través de Patrimonio Nacional, ha realizado la Biblioteca Nacional a la abadía tras un proceso de investigación iniciado en 2018. El Gobierno de Pedro Sánchez sustenta su petición en un informe de la Abogacía del Estado que recuerda que los bienes de dominio público son «inalienables, imprescriptibles e inembargables», por lo que concluyen que el depósito en la biblioteca del Valle de los Caídos «sólo pudo haberse hecho en concepto de préstamo o comodato».

Los monjes creen que fue una donación, pero no tienen forma de demostrarlo y no han planteado oposición

Los monjes, por contra, intuyen que fue una donación. De hecho, en la tarjeta de agradecimiento enviada por la abadía se utiliza el término ‘donativo’, si bien no se ha localizado en los archivos de la Biblioteca Nacional ningún documento que despeje la duda sobre qué tipo de cesión se realizó.

Con todo, los benedictinos no disponen de ningún documento que avale que fue un regalo del régimen franquista y firmarán próximamente la devolución después de haber intentado sin éxito que los libros continuaran en la abadía -una vez inventariados y catalogados- y a disposición de los investigadores. La entrega no tiene aún fecha, si bien la Biblioteca Nacional espera que se materialice en un plazo máximo de mes y medio. «Se está trabajando para facilitar la información definitiva lo antes posible», dicen a este diario fuentes de la Biblioteca Nacional, que anuncian una nueva reunión de las partes el próximo martes para seguir avanzando en los trámites.

A falta de contrastar registros actualizados y revisar ejemplares físicamente, los técnicos han realizado un análisis provisional de los 494 títulos detallados en la lista de 1961, si bien 37 no figuran en el Catálogo Colectivo de Patrimonio Bibliográfico con signaturas de la abadía. En muchos casos, la procedencia no alberga duda porque exhiben el sello de la Biblioteca Nacional o de la Biblioteca Real, circunstancia ésta que acredita que ya pertenecían a la colección histórica de la institución cultural cuando ésta se convirtió en Nacional en 1836.

Siglos XVII y XVIII

En otros, los volúmenes tienen características físicas o marcas de procedencia que los vincula a bibliotecas particulares que forman parte de la colección de la Biblioteca Nacional, como las del jurista Fernando José de Velasco y Ceballos (6); el artista y coleccionista de arte Valentín Carderera (4); el historiador, arabista y bibliófilo Pascual de Gayangos (2); el dramaturgo Juan Eugenio Hartzenbusch (1); el bibliógrafo e historiador Cayetano Alberto de la Barrera (1) o el Duque de Uceda.

«Otro aspecto de gran interés de parte de los ejemplares de la Biblioteca Nacional depositados en la abadía del Valle de los Caídos es la presencia de marcas de expurgo o menciones de estar las obras incluidas en diversos índices expurgatorios. Se han identificado un total de 20 ejemplares de los siglos XVI y XVII con este tipo de marcas y anotaciones. Junto a ellos, se cuentan cuatro índices de obras prohibidas y expurgadas de los siglos XVIII y XIX», detalla el informe provisional.

De los 494 títulos, el grueso está fechado en los siglos XVII (232) y XVIII (194), periodo que concentra más del 85 % del total. La relación se completa con 47 obras que salieron de imprenta durante el siglo XVI, entre ellos Las Vidas de Plutarco en una edición de Basilea de 1535; 19 vieron la luz en el siglo XIX y dos en el siglo XX.

Portada de la obra ‘Vida de la venerable madre Soror Isabel Cifra’, de Vicente Mut Armengol (1655).

Además de la obra sobre el historiador, biógrafo y filósofo moralista griego, la Biblioteca Nacional considera «destacable» otra decena de volúmenes que figuran en el listado: unas Obras de Platón en edición de Marsilio Ficino (publicadas en Lyon en 1567 por Antoine Vincent), un trabajo sobre la Física de Aristóteles por Juan González Martínez (impresa en Alcalá de Henares por la viuda de Andrés Sánchez de Ezpeleta en 1622), un libro de mecánica de Guidobaldo del Monte editado por Girolamo Concordia en Pésaro en 1577, un tratado de geometría de José de Zaragoza en edición de Gerónimo de Villagrassa (1671), el Análisis geométrico de Antonio Hugo de Omerique (impreso en Cádiz por  Cristóbal de Requena en 1698), una obra de Hipócrates por Johann Bebel y Michael Isengrin en 1537, un diccionario árabe-latino de Jacob Golius (Leiden, Elsevier, 1653) y un alfabeto tibetano de Agustino Antonio Giorgi (impreso en Roma en 1762).

Sobresalen, igualmente, el Derrotero de las costas de España en el Océano Atlántico y de las Islas Azores, de Vicente Tofiño (impreso en Madrid por la viuda de Ibarra en 1789); Geografía de los niños o Método abreviado de la Geografía, impreso por Ibarra en Madrid en 1762, y la miscelánea de Tirso de Molina Deleitar aprovechando, editada por Juan García Infanzón en Madrid en 1677.

‘Chronica de los Príncipes de Asturias y Cantabria’.

El análisis de los lugares de impresión ha permitido concluir que 337 ediciones (el 68 %) vieron la luz en España, mayoritariamente en Madrid (214) pero también en Salamanca (19), Valencia (19) y Zaragoza (15). Se han contabilizado 66 libros en Francia (Lyon y París, primordialmente), Italia (35), Alemania y Bélgica (16), Suiza (20) y Países Bajos (7).

En cuanto a la temática, hay libros sobre Historia, Derecho, Filosofía, clásicos griegos y latinos, Geografía, Medicina, Matemáticas, lenguas (latina, griega, árabe y copta), Literatura (poesía especialmente), Economía, Hacienda, Comercio, Ingeniería, Numismática, Astrología y hasta uno sobre Demonología (rama de la Teología que se encarga del estudio de los demonios), si bien son predominantes los de corte religioso. Éstos incluyen sermones, obras teológicas y de moral, Derecho canónico, Historia eclesiástica, biblias, reglas de órdenes religiosas y militares, misiones y vidas de santos.

Respecto a estos últimos, una de las obras es la que el astrónomo, historiador, ingeniero y militar balear Vicente Mut Armengol dedicó en 1655 a la madre Soror Isabel Cifra, fundadora de la casa de la educación de la ciudad de Mallorca. Se da la circunstancia de que la Biblioteca Nacional no tiene en este momento ningún ejemplar de esta publicación, que sí puede consultarse en sala -sin préstamos- en las bibliotecas de Cataluña, de la Universidad de Barcelona, de la abadía benedictina de Montserrat y de la Universidad de Illinois.

Según se detalla en el Catálogo Colectivo de Patrimonio Bibliográfico, este libro lo habría adquirido la Biblioteca Nacional en 1940 procedente de la colección Carderera, origen también del Pésame a la Santa Metropolitana Iglesia de Sevilla en la muerte de su prelado D. Ambrosio Ignacio Spinola y Guzmán, de Juan de Loaysa (publicado en Sevilla por Juan Antonio Tarazona en 1684).

‘Historia de las órdenes militares de Santiago, Calatrava y Alcántara: desde su fundación hasta el Rey Felipe Segundo’.

Entre las obras que volverán a nutrir los fondos de la Biblioteca Nacional se incluye también el que lleva por título Chronica de los príncipes de Asturias y Cantabria, de fray Francisco Sota y publicado en Madrid por el impresor Juan García Infanzón en 1681. De la procedencia de esta obra no hay duda: muestra en portada los sellos de las bibliotecas Real y Nacional. En otros casos se sospecha por el tipo de encuadernación.

«Hay aspectos propios de cada ejemplar concreto que lo convierten, en ocasiones, en especialmente valioso desde un punto de vista editorial, artístico o histórico. En algunos casos, en ediciones de las que la Biblioteca posee más de un ejemplar, uno puede complementar a otro por estar mútilo uno de ellos. En otros, son la encuadernación, la procedencia o las anotaciones manuscritas lo que hacen que se considere un ejemplar único o de especial valor», se lee en el informe provisional.

Entre las obras entregadas a la abadía del Valle de los Caídos, la Biblioteca Nacional también destaca la existencia de ejemplares con encuadernaciones singulares, especialmente en el caso de ediciones de los siglos XVI y XVII: renacentistas, en piel sobre tabla, en piel gofrada con hierros dorados, con supralibros o procedentes de la biblioteca del Duque de Uceda, caso del que lleva por título Historia de las órdenes militares de Santiago, Calatrava y Alcántara: desde su fundación hasta el Rey Don Felipe Segundo, ordenada por Francisco Caro de Torres y editada por Juan González en 1629. Esta obra está encuadernada en pergamino tintado en verde y se encuentra «muy deteriorada», con una sola cubierta.