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Aragonès, investido president arropado por Junqueras y Torra

Pere Aragonés, felicitado por Oriol Junqueras.

Pere Aragonés, felicitado por Oriol Junqueras. EFE

Pere Aragonès ha sido investido hoy presidente de la Generalitat, con los 74 votos que suman ERC, JxCat y la CUP. A cinco días de agotar el plazo legal para la convocatoria de nuevas elecciones, Aragonès se convierte en el primer presidente republicano tras la restauración de la democracia, se felicitan en ERC -obviando la presidencia de Josep Tarradellas-. Lo hace con la promesa de convocar un nuevo referéndum de independencia y la tregua otorgada por JxCat y la CUP a la mesa de diálogo con el Gobierno de Pedro Sánchez.

El nuevo president ha asumido el cargo arropado por el líder de ERC, Oriol Junqueras, quien ha aprovechado un permiso penitenciario para asistir a la investidura. También estaban ahí los ex presidentes Quim Torra, Artur Mas y José Montilla. Pero ha sido a Junqueras a quien ha dedicado Aragonès sus primeras palabras, agradeciéndole «la confianza y las enseñanzas» tras 17 años compartiendo responsabilidades políticas como su número dos.

Tras la votación, la presidenta del Parlament, Laura Borràs, ha proclamado el resultado anunciando que dará traslado «a las autoridades competentes». Es decir, la Rey Felipe VI, al que ha evitado mencionar. Borràs ya ha anunciado que no acudirá a la Zarzuela para notificar oficialmente la investidura al monarca. Tampoco lo hicieron Roger Torrent ni Carme Forcadell, esta por expreso deseo de la Casa Real.

Tres meses de negociaciones

Aragonès llega a la presidencia después de tres meses de duras negociaciones con JxCat y de un debate de investidura en el que su mayor preocupación ha sido convencer a sus socios de gobierno de su compromiso independentista. Compromiso muy puesto en duda, especialmente, por la CUP, que este viernes le recordaba que la independencia solo se conseguirá «provocando inestabilidad en el regimen».

Se abre ahora la segunda parte de la negociación, la formación del nuevo gobierno de 14 consejerías, siete para cada partido. Un ejecutivo en el que no estará Elsa Artadi, la número tres de JxCat, a la que todos daban por segura líder de Junts en el ejecutivo como vicepresidenta y consejera de Economía.

Nuevo gobierno

Los republicanos confían en cerrar el nuevo ejecutivo este fin de semana. Pero desde Junts dan largas. Tras la «espantada» de Artadi, JxCat apunta que Jordi Sánchez entregará la lista de sus consejeros a Aragonès el próximo martes.

Una lista en la que el partido de Carles Puigdemont defiende la necesidad de tener manos libres para definir a sus consejeros, «sin vetos», pero Aragonés reclama consenso para conformar un Govern integrado por consejeros de su confianza.

En este contexto, el próximo lunes Aragonès tomará posesión del cargo, previsiblemente sin tener el gobierno cerrado. Lo hará siendo el primer presidente que se ha presentado a las elecciones como cabeza de lista desde 2012. Y volverá a ocupar el despacho de la presidencia que Quim Torra evitó «profanar» tras la huida de Carles Puigdemont.

El papel de Puigdemont

El papel del ex presidente catalán será otra de las claves de la nueva legislatura. En los últimos seis meses Aragonès ha ejercido como presidente en funciones sin acercarse siquiera al Palau de la Generalitat. Era una de las condiciones impuestas por JxCat, para seguir manteniendo el discurso de la «represión judicial» contra Puigdemont y Torra.

Más allá de simbolismos, la batalla por quién y cómo debe definir la estrategia independentista y la actuación de los partidos secesionistas en todas las instituciones, también el Congreso, ha marcado las negociaciones. Este jueves, el portavoz de JxCat, Albert Batet, recordaba a Aragonès que la apuesta de su partido sigue siendo el Consejo por la República, que preside Puigdemont.

Ese debate ha quedado de momento pospuesto, con la promesa de un «pacto nacional por la autodeterminación» en el que Esquerra aspira a crear un nuevo espacio de unidad independentista junto a Òmnium y la ANC, además de la CUP y Junts. Cuenta para ello con las reticencias de la CUP y la ANC ante el Consejo, pero Puigdemont no renunciará fácilmente a su papel de líder espiritual del independentismo. Esa será la próxima batalla.

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