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Jupol, el sindicato que sacudió la Policía se resquebraja en tres años

EFE

Aupado por las históricas reivindicaciones salariales en pleno desafío independentista, el sindicato Jupol irrumpió en abril de 2018; un año después arrasó en las elecciones al Consejo de la Policía. Tras revolucionar las calles, el sindicalismo y el propio cuerpo, las luchas internas tambalean la organización y amenazan con fracturarla.

Cinco miembros de la junta directiva de Jupol han roto con el sexto integrante, su secretario general, José María García, más conocido como Chema, un subinspector al que acusan de tratar de maniobrar a su antojo para colocar en el sindicatos a sus afines.

Ante estos movimientos, dicen a Efe afiliados, cinco miembros díscolos decidieron romper y convocar una asamblea extraordinaria que se celebrará el miércoles.

Quieren que de ella salgan nuevas elecciones y la reprobación del secretario general, expedientado por ser administrador único de una empresa sin tener autorización de compatibilidad y denunciado por un afiliado por no justificar gastos con tarjetas del sindicato.

En esa denuncia, se detallan cargos de 2019 en un coche de alquiler, compras en ropa, farmacia o una comida. García ha negado que fueran a cuenta de los recursos económicos de Jupol, si bien Efe no ha podido recabar su versión.

Un decepcionante juego de tronos

Varios representantes del sindicato contrarios a García destacan que la cuestión de los gastos es tan solo la punta visible de unas tensiones internas que desde hace meses dividen a la organización, con una gestión «unilateral» que ha ido enrareciendo el ambiente.

«El afiliado tiene que ser el que decida el rumbo del sindicato, con transparencia. Llegamos para cambiar las cosas y no caer en los mismos errores que otros», dice a Efe un miembro de Jupol.

Otras fuentes consultadas apuntan que Chema cuenta con apoyos en unos quince comités regionales y provinciales, mientras han aflorado dos sectores «jupoleros» claramente contrarios.

Una de estas facciones es la de los cinco miembros díscolos que defienden una línea menos autoritaria. La otra pertenece a la corriente primigenia de Jusapol, muy crítica con la gestión de toda la directiva y desde la que partió la denuncia de los gastos.

Un oportuno nacimiento

Para entender este «juego de tronos», como define la situación un exdirigente, hay que remontarse a abril de 2018 e, incluso, a un año antes, pues el germen de Jupol (Justicia Policial) está en Jusapol.

Es la asociación aún viva de policías y guardias civiles que se puso en marcha para responder a la desafección sindical tras los recortes salariales por la crisis y que aprovechó el despliegue de miles de agentes en Cataluña contra el referéndum ilegal del 1-O.

Fue Jusapol la que sacó a las calles a miles de funcionarios de ambos cuerpos, la que propició el nacimiento de Jupol y la que, sin estar representada, impulsó en 2018 el acuerdo de subida salarial.

«Desde el inicio no se hicieron las cosas bien, hay problemas internos desde el principio. Se repartieron los cargos de aquella manera», lamenta un sindicalista, que reconoce sus méritos y los fallos de una organización que no ha sabido cambiar el discurso.

Pese a las acusaciones del resto de sindicatos de que Jupol abusaba de populismo y rebasaba las líneas rojas de las discrepancias entre organizaciones, su histórico triunfo en las elecciones de junio de 2019 no dejó lugar a dudas al lograr ocho de los catorce vocales en el consejo.

La línea dura que no todos comparten

El sindicato siempre ha defendido que aquel éxito está supeditado a la lucha por la equiparación que sigue sin cumplirse aunque la nómina de los policías se ha visto incrementada un 20 por ciento de media.

Es en los métodos para conseguir lo que denominan una «equiparación real y efectiva» y las causas judiciales emprendidas (se han querellado contra el director general de la Policía, investigado por un juzgado de Barcelona) lo que poco a poco ha ido dividiendo a los afiliados más críticos y descontentos con las cercanías políticas a Vox.

Varios consultados fijan un punto de inflexión en la concentración frente al Congreso pocos días antes del estado de alarma. Enmascarados con caretas de Anonymous, varios efectivos se saltaron el cordón policial, lanzaron botes de humo y exhibieron proclamas. «Fue una imagen vergonzosa», comenta un policía.

Desde entonces, la situación ha ido empeorando hasta el punto de que muchos hablan ya de la posibilidad de que de esta crisis nazca un nuevo sindicato. 

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