Una asistente a la marcha deposita una flor en el monolito del barranco de Víznar (Granada) FRANCISCO CARRIÓN

Andalucía | España ASIGNATURA PENDIENTE

El 'paseíllo' sin fin de Lorca: 85 años de un crimen sin cadáver

Tras tres intentos, sus restos siguen sin ser localizados en la carretera que une las localidades granadinas de Víznar y Alfacar. La desmemoria ha alcanzado incluso a los lugares donde el poeta pasó sus últimas horas

En la carretera que une Víznar y Alfacar, jalonada de álamos, pinos y olivos, miles de cuerpos esperan que alguien los rescate y les devuelva el nombre. En una de las fosas aún no excavadas debería hallarse el poeta español más universal. 85 años después, el de Federico García Lorca es un crimen sin castigo ni cadáver. Un símbolo de la desmemoria que padecen las víctimas de un “paseíllo” inacabado, privado de la paz de una sepultura.

“Recuperar los restos del símbolo de las víctimas del franquismo es una asignatura pendiente de la democracia española”, asevera en conversación con El Independiente Francisco Vigueras, portavoz de la Asociación Verdad, Justicia y Reparación. El olvido se ha cebado incluso con aquellas coordenadas en las que García Lorca y sus “compañeros de muerte” -el maestro Dióscoro Galindo y los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Juan Arcollas- pasaron las horas previas a su fusilamiento, en la madrugada del 18 de agosto de 1936.

La Colonia, la cárcel que ya no existe

De La Colonia de Víznar solo quedan hoy los restos del molino que cruza la acequia de Aynadamar. El edificio era un antiguo molino que durante la II República fue convertido en lugar de veraneo para los hijos de los obreros. En agosto de 1936 los niños fueron desalojados y el páramo transfigurado en una suerte de cárcel, una estación fugaz, la antesala del tiro de gracia. García Lorca, en pijama, llegó al lugar la medianoche del 16, 17 o 18 de agosto. En el piso inferior transcurrieron las últimas horas, antes de ser fusilado en algún punto de la carretera que une las dos localidades granadinas, a uno o dos kilómetros de distancia de La Colonia.

Toma de agua del molino de La Colonia, en la acequia de Aynadamar. Uno de los últimos vestigios de la que fuera cárcel de Lorca antes de su fusilamiento F. CARRIÓN

El inmueble fue derribado en los años sesenta y su último vestigio es el molino y las escaleras. Una geografía mínima que ni siquiera está hoy señalizada. “Es un lugar totalmente desprotegido. Cuando los caminantes van por allí, no ven nada, no saben dónde están. En absoluto. La desinformación y la desmemoria son completas”, denuncia Vigueras. A última hora del pasado miércoles unas decenas de personas acudieron a las inmediaciones de La Colonia para iniciar desde sus ruinas “El último paseo”, una marcha que cada año homenajea a García Lorca y al resto de represaliados tras el golpe franquista.

Imagen de La Colonia de Víznar antes de su derribo.

La Colonia sigue aguardando su designación como lugar de la memoria histórica de Andalucía. “Todos los años colocamos un cartel que es nuestro primer acto reivindicativo de la marcha”, explica el activista. El rótulo recuerda que el páramo fue “convertido en prisión en la que pasaron sus últimas horas de vida más de 2.000 víctimas del franquismo, entre las que estuvo García Lorca”. “Desde aquí le daban el último paseo, por la carretera de Víznar a Alfacar, donde eran asesinadas por defender la legalidad democrática”, reza la inscripción. “Dura colocado dos o tres días porque rápidamente unos desconocidos lo arrancan”, comenta Vigueras.

“Es un lugar totalmente desprotegido. Cuando los caminantes van por allí, no ven nada, no saben dónde están. La desinformación y la desmemoria son completas»

FRANCISCO VIGUERAS, PORTAVOZ DE LA ASOCIACIÓN JUSTICIA, VERDAD Y REPARACIÓN

Barranco de Víznar, las exhumaciones que vienen

La ruta por la “geografía del terror” continúa por un sendero de tierra que termina conectando con la carretera principal, la GR-3101. En una de sus curvas cerradas se emplaza el barranco de Víznar, una pendiente en la que los pelotones formados por guardias de asalto y voluntarios de las Escuadras Negras segaron la vida de miles de compatriotas. Hoy un bosque de pinares de repoblación crece sobre un mar de fosas que excava intermitentemente un equipo multidisciplinar de la Universidad de Granada. Un monolito, con el rótulo “Lorca eran todos”, recuerda a las víctimas anónimas.

Monolito que marca el inicio del barranco de Víznar, donde fueron fusilados y enterrados en fosas comunes cientos de víctimas de la represión franquista F. CARRIÓN

“Aquí, en la fosa uno, hemos localizado una zanja en la que han aparecido seis cuerpos, cinco varones y una hembra”, detalla Francisco Carrión, director de una campaña de exhumaciones que se ha prolongado desde abril hasta junio. “Todos tenían restos de haber sufrido, en primer lugar, torturas físicas. La inmensa mayoría ha aparecido con un disparo, un tiro de gracia, en el cráneo, bien sea en la zona parietal o en la occipital, donde, además, hemos encontrado los restos de esas armas asesinas, los casquillos de pistolas de calibre de 9 milímetros y de fusiles Mauser, el famoso modelo Oviedo de la época”, reseña el profesor de arqueología de la universidad nazarí.

Junto a los cuerpos hemos encontrado los restos de esas armas asesinas, los casquillos de pistolas de calibre de 9 milímetros y de fusiles Mauser

FRANCISCO CARRIÓN, ARQUEÓLOGO

A sus órdenes, han horadado la tierra una misión formada por arqueólogos, antropólogos físicos y forenses, un criminalista y un sociólogo. “Esto no ha acabado. Pretendemos rescatar a la mayoría de las víctimas que están enterradas ilegalmente aquí. Sabemos que van a aparecer muchísimos más restos humanos. Se conservan muy bien, lo que nos va a permitir hacer un estudio antropológico”, subraya Carrión cuya labor se topa siempre con las limitaciones presupuestarias. Las prospecciones están financiadas por la secretaría de Estado de Memoria Democrática del Gobierno de España.

“En la fosa dos, compuesta por nueve fosas, hemos rescatado dos cuerpos con las mismas características. Las hemos tapado con unos geotextiles para cuando regresemos, con suerte, este mismo otoño”, barrunta el experto, que estuvo implicado en la búsqueda sin éxito de los restos de García Lorca en 2009. Entonces la investigación se centró en Fuente Grande, el emplazamiento de Alfacar en el que el poeta fue fusilado por un batallón integrado, entre otros, por Juan Luis Trescastro, que durante los meses posteriores al crimen recorrió Granada jactándose de haberle dado a Lorca “dos tiros en el culo por maricón”.

Barranco de Víznar, durante la marcha «El último paseo» F. CARRIÓN

El lugar había sido señalado a Ian Gibson por Manuel Castilla, «El Comunista», el supuesto enterrador de los restos de Lorca y los otros tres fusilados. “Allí, en la zona que va del monolito a la roca, no se encontró nada porque pinchó en roca. No había ningún cuerpo enterrado”, confirma Vigueras. “Pero habría que seguir investigando en los alrededores. Hay una pequeña acequia que pasa por allí y, después, un bosque. Habría que realizar catas, por lo menos, para seguir investigando”, arguye.

Es la petición que, contra viento y marea, mantiene Nieves García Catalán, nieta adoptiva del maestro Dióscoro Galindo, fusilado y enterrado con el dramaturgo. “La están negando tanto la Junta de Andalucía como la Secretaría de Estado de Memoria Democrática y los jueces. Hay un miedo atroz a recuperar los restos de Lorca”, lamenta.

«Manolo Martínez Bueso me dijo que Federico iba en pijama y que los habían matado en el campo de instrucción de las tropas, a la derecha de la carretera…»

A aquella tentativa le siguieron dos nuevas excavaciones en 2014 y 2016 en un paraje conocido como Peñón Colorado, en uno de los márgenes de la carretera. Las pesquisas que hicieron cambiar de lugar se hallan en “Los últimos días de García Lorca”, la investigación firmada por el falangista Eduardo Molina Fajardo que reúne hasta 48 testimonios de personas involucradas en el arresto, el traslado o la ejecución del poeta. José María Nestares, mando militar del frente de Víznar, llegó a trazar un croquis de la fosa, ubicada en un pozo en el Peñón Colorado, a 24 pasos de la carretera. “Manolo Martínez Bueso me dijo que Federico iba en pijama y que los habían matado en el campo de instrucción de las tropas, a la derecha de la carretera… Me dijo que de los que se enterraron, Federico era el segundo por la izquierda”, declaró.

Parque García Lorca en Alfacar, donde supuestamente apareció un saco de huesos F. CARRIÓN

Un ‘saco de huesos’

Tras tres campañas infructuosas, la misión de localizar y rescatar el cuerpo del poeta se encuentra con el rechazo inamovible de los herederos de Lorca. “Insisten en que buscar y abrir la fosa es un espectáculo mediático y que Lorca está muy bien estudiado. Que ya se conoce todo sobre el asesinato de Lorca, que no hace falta seguir indagando porque para ellos eso es morbo”, indica Vigueras, partidario de no renunciar a la tarea. “Es que resulta imprescindible. Desconocemos bastante de ese último paseo de Lorca, cuando salen de La Colonia y llegan hasta el barranco de Víznar y Alfacar. No tenemos conocimiento pleno de lo que pasó. Todo está en una nebulosa y la arqueología nos puede ayudar a desvelarlo”.

Una de las tesis que memorialistas como Vigueras plantea es la búsqueda de un presunto “saco de huesos” hallado durante la construcción del parque Federico García Lorca de Alfacar en 1986. “Corre el rumor continuo que encontraron unos huesos y que, en lugar de declararlos ante el juzgado para que los investigara, los pusieron en un saco y los escondieron otra vez para que las obras no fueran paradas. Podrían estar bajo ese parque y habría que realizar catas arqueológicas”, detalla.

Las exhumaciones, que con cuentagotas comienzan a realizarse sobre tapias de cementerios y espacios como el barranco de Víznar, provocan ciertas reticencias en los colectivos memorialistas. “Son irregulares. Habría que hacerlas judicialmente con objeto de que quede registro. Debería haber un levantamiento del cadáver como un asesinato que fue. No se debe tratar como un resto arqueológico, que no lo es, sino como crímenes de lesa humanidad, que no prescriben”, reclama Manuel Ruiz, miembro de La Comuna y hermano de Arturo Ruiz, el joven de 19 años asesinado por un comando ultraderechista un día antes de la matanza de Atocha en 1977.

“España es el segundo país del mundo donde hay más desaparecidos, 115.000 personas enterradas en las cunetas. Se nos tenía que caer la cara de vergüenza”, recalca, muy crítico con la posición del PSOE. “Tiene ciertas líneas rojas. Lo que más me duele es su oposición a derogar, al menos parcialmente, la ley de Amnistía, que blinda a los torturadores y los asesinos”.

«Son exhumaciones irregulares. Habría que hacerlas judicialmente con objeto de que quede registro. Debería haber un levantamiento del cadáver como un asesinato que fue»

MANUEL RUIZ, MIEMBRO DE LA COMUNA

Símbolo de las cunetas que esperan

Es una vergüenza que en este país queden aún en cunetas unas 115.000 víctimas de la vesania fascista

IAN GIBSON, HISTORIADOR

El autor de “Yerma” es un símbolo de los crímenes que, 85 años después, siguen siendo casos abiertos, cada vez más huérfanos de memoria y de quienes puedan reivindicarla. “Vamos muy tarde. Los familiares tienen ya noventa años. Muchos han muerto. Nunca se les va a poder siquiera entregar los restos de los desaparecidos. Falta voluntad política para ir a buen ritmo”, opina Vigueras, inquieto por “el avance de la contra memoria y el negacionismo”. “Intentan cambiar el relato y confundir”, apostilla.

“Es una vergüenza que en este país queden aún en cunetas unas 115.000 víctimas de la vesania fascista, de las cuales el hoy todavía desaparecido García Lorca es el representante más simbólico. Tengo mi esperanza puesta en el compromiso de continuar con las excavaciones en este recinto de Alfacar, y que esa búsqueda sea fructífera”, expone el hispanista Ian Gibson.

La búsqueda de Lorca, sin desenlace y con obstáculos, continúa cruzando como un escalofrío la ruta entre Víznar y Alfacar. Un itinerario lúgubre que, en las noches de verano, los vecinos de ambos pueblos frecuentan como lugar de paseo. “Que éste no sea un lugar de fosas y no se convierta en un cementerio sino que sea un lugar para el recuerdo y para que cada año podamos volver aquí a recordar los crímenes de lesa humanidad que aquí se cometieron”, pide el arqueólogo Francisco Carrión.

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