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La visión de los jóvenes sobre ETA: entre los 'dos bandos, el 'conflicto' y 'las memorias'

Urkullu participa en una jornada con jóvenes en el que relatan el conocimiento que tienen del terrorismo de ETA. Reconocen carencias, una transmisión parcial de lo ocurrido y apelan a las instituciones a hacer "obligatorio" su estudio.

El lehendakari Iñigo Urkullu escucha las reflexiones de uno de los grupos de jóvenes que han participado. Irekia/ MITXI

Cuando ETA lo anunció, cuando los amenazados respiraron aliviados y la sociedad desprenderse de su yugo ellos apenas eran unos niños. Desde el 20 de octubre de 2011 en el que la banda terrorista comunicó que dejaba las armas han pasado por la adolescencia, la juventud y abordan ahora la madurez. El grupo de universitarios que hoy ha celebrado una jornada de trabajo acompañado del lehendakari Urkullu ha evidenciado que en la década sin violencia que hoy se celebra la transmisión de lo ocurrido a las nuevas generaciones suma carencias. Conceptos como que el pasado terrorista vivido fue el resultado de una lucha “entre dos bandos” ha aparecido. También la idea de que se debe abordar con “neutralidad” o que la cuestión de ETA requiere que “todos pidamos perdón”.

La cita en Bilbao ha contado esta mañana con la participación de algo más de medio centenar de jóvenes universitarios de la Universidad del País Vasco, la Universidad de Deusto y la Universidad de Mondrágón. Distribuidos en grupos, la jornada, titulada ‘Después de diez años… Juventud, Convivencia y futuro’ les invitaba a reflexionar en torno a cuestiones como el conocimiento que tenían de lo que fue ETA, la procedencia del mismo, la figura de las víctimas o de la necesidad de construir un futuro con memoria.

Tras las reflexiones, las exposiciones. En ellas una de las ideas predominantes ha sido el escaso conocimiento que la mayoría reconocer sobre lo ocurrido, “en muchos casos sigue siendo un tema tabú”, ha señalado uno de los intervinientes. La familia, el centro educativo o los medios de comunicación han sido las vías por las que se han informado. Muchos de los jóvenes no han ocultado que su visión ha estado condicionada por el entorno en el que han crecido. En muchos casos en un contexto de apoyo a los presos de ETA y la izquierda abertzale como única referencia. “Que hay víctimas de ETA es un tema tabú, no se dice”, ha reconocido uno de los jóvenes, “muchas veces se nos educa desde un único punto de vista”. Uno de los portavoces ha señalado que una de las conclusiones a las que habían llegado es que “todos tenemos que pedir perdón, no hay un único dolor”.

Para gran parte de los participantes la realidad de las víctimas ha sido muy limitada cuando no inexistente. La vías de conocimiento fundamental ha sido a través de los programas de testimonios en las aulas promovidos por el Gobierno vasco pero que aún se solicitan en una minoría de la red de centros docentes de Euskadi: “En nuestro grupo sólo una ha participado en este tipo de programas”. Aitor, otro de los intervinientes ha destacado cómo una de las jóvenes universitarias ha reconocido que, para su futuro como docente, le fue muy útil escuchar a las víctimas para tener una visión “neutral” de lo ocurrido y conocer cómo “han sufrido las víctimas de los dos bandos”.

Violencia «en otras formas»

En otro de los equipos de trabajo una de las conclusiones a las que han llegado los universitarios es que “la violencia en Euskadi sigue existiendo en otras formas, la intolerancia sigue presente”. Se han dirigido a las instituciones para que la transmisión a las nuevas generaciones de “algo tan relevante como lo que ha ocurrido” no se deje en manos únicamente de las familias, los medios de comunicación o la sociedad, “sino que su estudio sea obligatorio en el sistema educativo”. Uno de los jóvenes ha relatado cómo estos días su hermana pequeña, de apenas diez años, le preguntó qué era ETA, “ahí me di cuenta que también es responsabilidad nuestra, aunque no lo hayamos vivido, trabajar la memoria de lo ocurrido, transmitirla”.

Una de las jóvenes, Naikari, hija de Olga Santamaría, quien fuera concejala del PSE en Barakaldo, amenazada por ETA, ha contado cómo vivió la situación de coacción a su familia siendo una niña. “Viví viendo que a mi madre siempre le acompañan dos escoltas o cómo mi padre miraba siempre debajo del coche para ver si nos habían puesto una bomba. Es difícil ver cómo un día aparece una diana con el nombre de tu madre y al lado, ‘ETA, mátala’. Agradezco a los escoltas que pusieron en vida sus vidas por protegerla. Yo creo en la reconciliación”.

El acto ha comenzado con una intervención del lehendakari en la que ha recordado cómo vivió el día en el que ETA anunció el cese de su actividad terrorista, “aún me emociono recordándolo”, ha señalado. Ha reconocido que lo primero que hizo fue llamar a su familia para comunicarles la buena noticia. El alivió fue el primer sentimiento que le invadió, “un alivio basado en el conocimiento de todo el sufrimiento generado, que muchas familias llevaban a sus espaldas, especialmente las víctimas, pero también el conjunto de ella sociedad vasca”. Ha asegurado sintió la confianza en que a partir de ese momento se dejaba atrás un “invierno negro” para avanzar hacia una “primavera que aún estamos construyendo”.

Sin ‘precio político’

El segundo sentimiento fue de alegría por haber alcanzado ese objetivo, pese a lograrlo más tarde de lo deseable, y “sin una contraprestación política”. No hubo un precio político, ha destacado, pero si “un coste inasumible y muy elevado” en vidas humanas, heridos, amenazas y coacciones. El tercer sentimiento, la esperanza en que el País Vasco pudiera construir a partir de ese momento una convivencia sobre principios éticos firmes. Urkullu ha asegurado que otro de los deseos que le sobrevino fue que por fine Euskadi podría ser conocido en el exterior de otro modo, sin vincularlo a la violencia de ETA.

Ha instado a las nuevas generaciones a ser “corresponsables” de la salvaguarda de los principios éticos básicos de respeto al diferente, de respeto a la pluralidad, a la libertad y los derechos humanos como pilares de una sociedad justa y libre. Ha sido precisamente ese concepto, “confianza” el que ha plasmado en la pequeña nota que cada uno de los participantes en la jornada ha pegado en un panel.

El lehendakari ha invitado a los jóvenes a ser garantes de esa memoria, “una memoria inclusiva que incorpore todas las vulneraciones de derechos humanos, una memoria crítica con el pasado y que nos interpele para llegar a un nunca más”: “Confío en esta generación para un mejor futuro para Euskadi”, ha asegurado.

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