77 contenedores marítimos reciclados darán techo a más de un centenar de personas en el nuevo bloque de vivienda social proyectado por el Ayuntamiento de Barcelona. Un edificio que será vecino del Museo del Diseño de Barcelona y que supone la consolidación del modelo impulsado por el equipo de Ada Colau. Es el segundo bloque de «vivienda industrial» después de la experiencia piloto inaugurada hace dos años en el Barrio Gótico.

Más grande y ambicioso, el edificio de siete plantas contendrá once módulos por nivel para conformar 42 alojamientos. La construcción total tendrá un coste de 5 millones de euros y se completará en 26 semanas, muy por debajo de los dos años de promedio para una obra de estas características. Está previsto que entre en funcionamiento en septiembre.

Serán 35 alojamientos de dos dormitorios y 52,7 metros cuadrados, pensados para familias expulsadas de sus viviendas. Y otros siete alojamientos de un dormitorio y 25,8 metros cuadrados. «Son soluciones temporales» ha advertido la regidora de Derechos Sociales, Laura Pérez.

Seis proyectos más

«Cuando lo presentamos algunos se burlaron», ha destacado la alcaldesa, Ada Colau, recordando la presentación del primer edificio en el Gótico. «Ahora tenemos un montón de reconocimientos internacionales y el sector privado ha visto que es una oportunidad para crear vivienda y generar empleo».

El de Glorias no será el último proyecto de estas características en Barcelona, una vez que el Ayuntamiento da por cerrado con éxito el periodo de pruebas del primer edificio en el Gótico. El consistorio tiene otros siete proyectos más que sumarán 280 viviendas, explica la regidora de Vivienda, Lucía Martín.

Ya han empezado los trabajos previos para levantar el tercer edificio en el barrio de La Bordeta. Y en septiembre empezarán las obras para otros cuatro en Sant Martí y dos más en las Cassernas de Sant Andreu.

Eficacia económica y ambiental

Para Colau, la construcción industrial con materiales reciclados -no siempre tienen que ser contenedores marítimos, advierten desde el Ayuntamiento- es «una nueva industria que tiene gran potencial de crecimiento y una solución que puede ser útil para todos los territorios».

La prueba: de las dos empresas que concurrieron a la primera licitación se ha pasado a 17 implicadas en las licitaciones de los futuros proyectos. La construcción es más barata y medioambientalmente más sostenible, además de más rápida, señala la alcaldesa. «Y son viviendas que cubren todas las necesidades básicas».

«Es un proceso más sostenible que una obra tradicional y permite acortar tiempos, la construcción es más segura y con menos impacto medioambiental» asegura el responsable de la constructora Calaf, Santiago López. Los contendores se acondicionan en la planta de la constructora, que «funciona como una cadena de producción».

Una vez acondicionados, se trasladan y montan en su ubicación definitiva, como han hecho este miércoles con los once contendores que forman la primera planta del edificio. Una operación que se repetirá seis veces en intervalos de dos semanas.

Solución temporal

«Aquí podrán vivir provisionalmente vecinos que han perdido la vivienda» ha explicado Pérez al presentar un proyecto destinado «especialmente para familias y jóvenes» que no reúnen las condiciones para entrar en las viviendas de que gestiona la Mesa de Emergencia del Ayuntamiento. «Es una solución de más calidad que las pensiones», ha argumentado.

El edificio se completa con un huerto urbano en el terrado y un espacio para actividades comunitarias en la planta baja, en la que se ubicará también el equipo acompañamiento sociolaboral del Ayuntamiento. El objetivo: «acompañar» a los ocupantes en la búsqueda de trabajo y una vivienda definitiva.

La estimación inicial del consistorio es que los futuros ocupantes pasen entre 6 meses y 2 años en estas viviendas. Pero «nos podemos encontrar situaciones diferentes» advierte Pérez.

El referente es el edificio del Gótico, inaugurado hace dos años con 12 viviendas. Tres de las familias que las ocuparon han abandonado ya ese edificio, pero la pandemia ha dificultado la recolocación de los otros ocupantes, argumenta Pérez para explicar que sigan allí dos años después.