Cataluña está a la cabeza de España en número de bingos: 57 establecimientos de este tipo. Una cifra que contrasta con la contención en la expansión de salones de juego y casas de apuestas, que se han extendido de forma exponencial en otras comunidades, como Andalucía, Murcia o Canarias. También la Comunidad Valenciana, que iguala el número de bingos de Cataluña y y es la quinta en salas de juego.

Son las principales conclusiones del informe «Que no jueguen contigo» elaborado por Roberto Sotomayor, que da la voz de alarma sobre el crecimiento de los diversos modelos de apuestas en España. Un informe que busca promover mayor regulación de estas actividades y recuerda que España es el país de Europa con las tasas más altas de ludopatía juvenil inferior a los 20 años.

La pandemia invisble

La ludopatía «es la pandemia invisible» asegura Sotomayor. Más de 680.000 personas sufren ludopatía en España. El 25% de los jóvenes ha consumido juego y uno de cada cuatro finalmente desarrolla una ludopatía.

Según FEJAR, hay más de 60.000 menores que están enganchados a las apuestas sin diagnosticar. El 62,1% de los estudiantes de bachillerato menores de 18 años juegan habitualmente.

Sotomayor destaca, en el caso catalán, la prevalencia de los bingos y casinos. Un modelo de juego asociado a mayores y mujeres. Y señala en este caso el estudio de Josefa Valcárcel sobre la asociación entre juego y violencia de género. Un 70% de las mujeres con problemas de ludopatía sufren violencia de género.

En esta comunidad, que sí ha regulado las casas de apuestas y salones de juego, constan 1,65 salones de juego, 0,74 bingos, 0,06 casinos, 382,11 máquinas «b»
en hostelería por cada 100.000 habitantes según los datos de 2021. Frente a estos datos, 4.598 catalanes se han dado de alta en el registro estatal de auto prohibición del juego.

Pese a estos datos, y el tradicional apoyo de la Generalitat al juego -la Generalitat tiene una lotería propia y CiU no puso demasiados peros a la creación de casinos en la comunidad- Cataluña es una de las comunidades que mejor ha contenido la explosión de salones de juego y casas de apuestas. El formato que se ha convertido en puerta de entrada de las nuevas generaciones a las apuestas, explica Sotomayor.

Frenar la expansión

El objetivo de la campaña liderada por Sotomayor es frenar y minimizar la actividad de esas casas de apuestas «desde la prevención, inspección y control así como recursos públicos de ayuda y atención sociosanitaria». Un trabajo en el que señala el diputado de Podemos que es fundamental la regulación desde los gobiernos autonómicos.

El juego es una fuente de ingresos. Las comunidades autónomas reciben 32 millones de euros en impuestos por el juego presencial. Un poderoso motivo para regulaciones más o menos laxas.

En este contexto, Sotomayor señala especialmente a Madrid, que «multiplica por 8» las casas de apuestas de Cataluña. Y Andalucía, con más de 880 salas de juego que «ha proliferado desde 2010 en los barrios más populares, donde hay precaridad».

Señala también la responsabilidad de los ayuntamientos, que autorizan las licencias de las casas de apuestas. Y apunta como ejemplo el caso de Córdoba, donde se han multiplicado por dos los inscritos en el registro de auto prohibición en el último año, «mientras el Ayuntamiento aprueba más licencias».