Dicen que la vida no es más que un interminable ensayo teatral de una obra que jamás termina de estrenarse. Pues precisamente la obra Hoy no estrenamos (teatro Alfil, Madrid) es una enorme oportunidad para reírnos del espejo y de asomarnos a quienes somos en realidad. Solamente una compañía como Imprebís podía llevarlo al escenario de forma tan sorprendente, y con el propio arte teatral omnipresente. Sí, hay esperanza. Todavía existe teatro que sorprende de verdad y para bien.

Los dos Carles (Montoliu y Castillo) consiguen llenar el escenario con doce personajes, mudándose de uno a otro con una agilidad que resulta increíble. Se establecen diálogos perfectamente sincronizados hasta con piezas de atrezzo, que pronto acabarán intercambiadas a toda velocidad. En total, cuatro actores interpretan a 16 personajes.

No falta el militar que todos en el fondo llevamos dentro, ese preadolescente que no nos abandona desde nuestra juventud, la vieja gloria que a veces nos sentimos, o la ex bailarina que en ocasiones nos pide que quiere volver a brillar. Todo es un autorretrato maravilloso, desternillante y único. La locura del teatro se transforma en magia.

Me encuentro rodeado por esos dieciséis personajes en forma de cuatro actores alrededor de mi micrófono, en el camerino del Alfil, minutos antes de salir a escena.

Pregunta.- L’Om Imprebís comenzó siendo una compañía pionera en teatro de improvisación ya en 1983. No había internet y en TV, solamente la VHF y la UHF. ¿De dónde surgió la inspiración?

Respuesta.- (Santiago Sánchez) Unos años antes, estaba yo en París y ví unos “match” de improvisación (una moda que llegó de Quebec a finales de los 70) que me dejaron alucinado. Y como suele pasar en el teatro, pensé “yo quiero estar ahí, quiero hacer eso”. Y conseguí que Michel López impartiera unos cursos en Valencia, allí se conocieron Carles Montoliu y Carles Castillo. En seguida vimos posibilidades con ellos. No nos equivocamos, que aquí seguimos.

P.- El formato era un atrezzo básico y el público dejaba en una urna lo que os proponía interpretar. Tras elegir al azar uno de los papelitos y unos segundos de charla, os poníais manos a la obra. ¿Había propuestas del público imposibles?

R.- (Santiago Sánchez) Tenemos una fan que nos ha visto 103 veces y que además recopiló las mejores frases. Una fue “la luna está llena, pero ¿de qué?”. Dimos la exclusiva de la captura de Roldán, porque lo vimos poco antes de entrar en escena y la gente aún no se había enterado. Había veces en las que te encontrabas con “la emancipación de las abejas búlgaras” y te permitía hacer metáforas y poesía.

R.- (Carles Castillo) En el Gran Teatro de La Habana, alguien nos puso un dólar. Y aquí mismo, en el teatro Alfil, nos pusieron «Gora ETA».

R.- (Carles Montoliu) Somos cronistas de la Historia. Nos hemos podido reír con el público de la corrupción, la monarquía y sus bodas reales…

R.- (Santiago Sánchez) Somos como la viñeta de Forges, en un escenario.

P.- ¿La evolución de vuestro teatro estaría en esta obra, “Hoy no estrenamos”?

R.- (Santiago Sánchez) La improvisación, que tiene una enorme energía cuando empiezas, puede ser tóxica porque se acaba banalizando. Lo que hemos querido es dar un paso más, aprovechar todas las herramientas con las que hemos trabajado para escribir, de otra forma, teatro. Ya lo hacía Molière en los tablados, mejor no escribir en los despachos.

P.- Además de los dos Carles y Santiago Sánchez, el director de la compañía y de la academia escenificada en la obra, también está con vosotros desde hace 11 años el músico y actor Víctor Lucas, el más joven. Encarna a Ico, un técnico de escenario que no es de género binario. ¿Cómo es este personaje tan especial?

R.- (Víctor Lucas) Ico sueña con ser actor. Me recuerda el momento en el que descubrí a Imprebís. Estaba yo sentado por casualidad en las últimas filas de una de las representaciones en Valencia cuando descubrí que, como decía antes Santi, yo quería estar ahí. El destino quiso que a través de contactos me enterase de las pruebas. Me lanzaron unos temas, me puse a improvisar canciones, y aquí estoy. Ico representa esa pasión por la escena, y visibiliza tanto a las personas que no se consideran dentro del encasillamiento que supone tener que pertenecer a un género binario (hombre o mujer) y también a los grandes ignorados en el mundo de la escena: a los técnicos que hacen que todo funcione.

P.- Ahora volvéis al teatro Alfil, justo cuando se cumplen 25 años de vuestra primera representación aquí. Todo ha cambiado mucho, pero ¿el teatro también?

R.- (Santiago Sánchez) Bueno, aquí nos tienes, haciendo vídeos para redes sociales, vendiendo entradas por internet (por cierto, a muy buen precio online) y adaptando los sketches a una actualidad siempre cambiante y post pandémica. Lo que está claro es que lo que se vive en el teatro no está en ninguna plataforma de vídeo.