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Droga, robos y okupaciones devuelven el Raval a los 80s

Barcelona puntos negros en El Raval

Carmen Vivas

El pasado 20 de octubre un centenar de vecinos cortaron la Avenida Paralelo de Barcelona para denunciar la degradación del barrio del Raval, en el corazón de Barcelona. Este viernes, el pleno del Ayuntamiento censuraba el «fracaso de la concejalía de Ciutat Vella» con la oposición en pleno unida contra el gobierno municipal. El Independiente recorre las calles del Raval Sur junto a sus vecinos para comprobar una degradación que ya solo niega el regidor del distrito, Jordi Rabassa.

En la Plaza Salvador Seguí, junto a un parque infantil al que difícilmente acudirán los niños, una mujer desvanecida en un banco pasa los efectos del último pinchazo, mientras unos metros más arriba la Guardia Urbana desaloja a los indigentes que han adoptado las mesas de ping pong como único techo.

«Hace unos meses, esta chica actuaba en un espectáculo del Paralelo, mírala ahora» lamenta Iván Rivera, presidente de la Asociación de Vecinos de Robadors, una de las calles que concentra el ejercicio de la prostitución en el Raval. No es el único punto. En la misma plaza en la que nos encontramos las prostitutas aprovechan los baños públicos para prestar sus servicios.

Ahora, relata Iván, a las prostitutas se han sumado los toxicómanos que acuden al CAS de Robadors a obtener su kit de autoconsumo, y se pinchan en esa misma calle o las adyacentes. «Ahora vienen drogadictos de fuera muy agresivos» añade Miguel Nueva, vecino con décadas de experiencia en el activismo del barrio.

Refuerzo policial

Las denuncias se han traducido en un aumento del 20% de los agentes de Guardia Urbana, anunciado por el Ayuntamiento al día siguiente de la manifestación de vecinos del Raval contra la inseguridad. Más agentes uniformados en las zonas «donde se ha detectado aumento del consumo de drogas en vía pública» y «presión policial» en los narcopisos, anunciaba el consistorio.

La policía ha desmantelado 58 puntos de venta de droga en Ciutat Vella desde principios de 2022, mayoritariamente en el Raval, y se investiga una decena más, según el Ayuntamiento. Con este refuerzo, el distrito llega a los 437 agentes y tendrá, finalmente, un turno de noche para el barrio, puesto que hasta ahora lo compartía con el de Sant Martí.

Tras la manifestación «se nota un aumento de la presencia policial» reconoce Cristina Gilabert, vecina de la Sala Baluard, la narcosala que se ha convertido en foco de buena parte de los conflictos del barrio.

La Sala Baluard, foco de denuncias

Barcelona cuenta con diez Centros de Atención y Seguimiento (CAS) a drogodependientes. Además de la Sala Baluard, los CAS de Sarrià, Gracia, Horta, Garbinet, Forum, Nou Barris, Les Corts, Sants y Lluís Companys. A ellos se suman los cuatro adscritos a los hospitales de Vall d’Hebron, Clínic, Sant Pau y Hospital del Mar. Pero ninguno ha registrado la conflictividad de la Baluard, la más grande y concurrida de la ciudad.

La actual Sala Baluard se inauguró en 2017 como un espacio de tratamiento integral de adiciones por consumo de cocaína, heroína y alcohol. Atiende a una media de 700 personas al mes. «Pero tiene capacidad para 400 ¿dónde se pinchan los otros 300? debajo de mi casa» se lamenta Cristina.

La Agencia de Salud Pública de Cataluña registró 2.489 usuarios en 2021 de las 14 salas de consumo supervisado, donde se realizaron 118.296 consumos. «Estos consumos son seguros y permiten prevenir infecciones graves como el VIH y las hepatitis y evitar muertes por sobredosis» defiende el informe anual de la Agencia. En 2021 se atendieron 176 sobredosis en las salas de consumo. Ninguno llegó a ser mortal.

La Baluard ha provocado «efecto llamada» asegura Miguel mientras los usuarios de la sala nos observan a las puertas del centro. Antes prácticamente todos eran italianos, relata Cristina, ahora ha aumentado el número de magrebís y subsaharianos «muy violentos» lamenta Miguel.

Su apertura junto al CAP incomoda a las familias que acuden al pediatra. «Pero mejor no nos quejemos, que aún nos quitarán el CAP, como cerraron el colegio» se lamenta Cristina. Se refiere a la Escola Drassanes, frente a la Sala Baluard, cerrada poco antes de la apertura del centro de atención a toxicómanos.

Repunta la heroína

«En el Raval siempre ha habido drogas» reconoce Cristina, que recuerda las historias de su abuela sobre La Criolla, el local que en los años 20 del siglo pasado se convirtió en punto de venta de morfina y cocaína de la alta burguesía barcelonesa. «En los 80’s había mucha droga, pero entonces nunca llegué a ver muertos por sobredosis en la calle» apunta Miguel, cuatro décadas ya viviendo en el barrio. En los últimos meses, sin embargo, «he visto tres, en la calle Picalquers, en Dr Fortuny y un tercero en Els Angels».

«En los 80s no había tanta violencia, tanto machete» y el consumo de opiáceos «se ha multiplicado» añade. La explicación al repunte en el consumo de heroína la dan dos agentes de Guardia Urbana que patrullan por el barrio. «La heroína es más barata, en tiempos de crisis repunta, cuando hay dinero se dan a la cocaína».

Según el Subdirección General de Drogodependencias de la Agencia de Salud Pública de Cataluña el alcohol sigue siendo la droga más consumida entre las 13.500 personas iniciaron en 2021 un tratamiento por adicción. La heroína ha disminuido según esa fuente, y solo representa el 9% de los consumidores que inician tratamiento. Muy por debajo de la cocaína y el cannabis.

La droga de los pobres

Sin embargo la heroína es mayoritaria en las salas de consumo supervisado. El 28% de los consumos son de heroína y el 23% de heroína y cocaína combinados. Entre las personas atendidas por los equipos de calle el 17% consume opiáceos en un entorno en que la adicción mayoritaria es al alcohol.

Aunque los opiáceos tienen baja presencia en la mayoría de los indicadores monitorizados por la administración, están muy presentes en las víctimas mortales. El 60% de las 182 muertes por sobredosis registradas en Cataluña en 2020 presentaban restos toxicológicos de opiáceos. Es decir, heroína y/o cocaína. Sin olvidar que estas cifras están marcadas por la COVID-19 y su impacto en el sistema sanitario, la dificultad de acceso a las sustancias durante el confinamiento, y los cambios en las prácticas de consumo

Además la heroína es la droga con más incidencia en niveles socioeconómicos muy bajos, en el que se sitúa el 30% de los consumidores que inicia tratamiento. Sumando otros indicadores como vivienda inestable, prisión, nivel bajo de estudios o paro, presenta una situación de mucha vulnerabilidad.

Iván, Miguel o Cristina insisten en que su voluntad no es criminalizar a los toxicómanos en los que reconocen a enfermos que necesitan ayuda. «Soy enfermero, sé bien de lo que hablo» enfatiza Iván. Pero la degradación que genera su presencia masiva en el barrio, junto a la violencia asociada, los ha convertido en el principal problema, añade.

Más dósis, más frecuentes

La droga que se vende es cada vez de peor calidad, añade el agente de la policía local, «es heroína cortada al 95% y necesitan más dosis, y más frecuentes, para colocarse». Esto se traduce en drogodependientes «hurgando en los contendores y rompiendo las bolsas de basura en busca de cualquier cosa que sirva para pagar una dosis» explica Miguel. «Más suciedad y degradación».

También en un mercado creciente, que estalló en 2017 con el fenómeno de los narcopisos. Ese año se registraron 160 narcopisos en el Raval. Y Miguel explica con orgullo como él, y sus vecinos en la calle Picalquers, consiguieron con sus denuncias el desalojo del primer edificio entero okupado por traficantes.

Antes de conseguirlo, sin embargo, vivió «una de las peores imágenes» de su vida. «Vi a un padre que llegaba a la puerta y dejaba allí a sus dos hijos de unos 8 y 12 años para entrar a pincharse. Repitió varios días, hasta que un día, al salir, se desplomó, cayó muerto ante sus hijos».

Los narcopisos

Hizo falta una batalla sostenida de los vecinos, que al principio chocaron con la inacción -casi aval al consumo- de los responsables municipales para acabar con el narco-edificio. Hicieron falta tres meses de cacerolada diaria y multitud de denuncias en los medios de comunicación para que interviniera la policía.

«Cuando lo conseguimos, el sargento de los mossos que tenía de enlace me felicitó y me animó a seguir luchando por el barrio» relata. Días más tarde «cuatro paquistanís enormes me esperaban a la puerta de casa: ‘estás muerto'». Miguel tuvo que pedir protección a la policía y la baja laboral para permanecer prácticament encerrado en su casa las semanas posteriores.

El mercado de la droga ha seguido evolucionando y creciendo pese a la presión policial de los últimos meses. «En 2017 dominaban los paquistanís» responsables de las peleas con katanas que se hicieron virales. «Ahora se están imponiendo los dominicanos, y todos llevan armas» advierte.

Okupaciones

La permisividad con las okupaciones ha facilitado la degradación del barrio, coincide Cristina, que también vivió la okupación de dos viviendas en su edificio durante la pandemia. Cataluña concentra el 42% de las okupaciones de España. 7.345 allanamientos en 2021, de los que 1.502 se produjeron en Barcelona.

Aun así, las okupaciones disminuyen en Barcelona según el Informe de Evolución 2019-2021 del Ayuntamiento. En esos tres años -los de la pandemia- los allanamientos descendieron en la capital catalana un 7%. Fueron 1.610 okupaciones en 2019, y descendieron hasta los 1.502 casos en el año 2021. En el primer semestre de este año se han registrado 579 nuevas okupaciones.

No es el único delito en el que la capital catalana destaca en las estadísticas. Barcelona ha sido la ciudad española donde se han denunciado un mayor número de delitos por habitante en el primer semestre del año con 4,8 delitos por cada 100 habitantes. Según el Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior la Ciudad Condal registró 78.173 denuncias por infracciones penales en este periodo, de las que 28.222 corresponden a delitos cometidos en Ciutat Vella.

Crecen los robos con violencia

El crecimiento respecto a 2021 es exponencial en tráfico de drogas, donde se pasa de 400 a 800 denuncias, y los homicidios y asesinatos, cinco en ese periodo. Los delitos de lesiones y riñas tumultuarias crecieron un 69% y otro tanto los hurtos. Los robos con violencia aumentan en un 41,3%. Se trata de los delitos que más alarma están creando en el Raval.

Subiendo por la Rambla del Raval, Miguel señala a una pareja de jóvenes apostados en un banco. «Están vigilando a los turistas, a la espera de una oportunidad» advierte. «Los ves siempre por parejas, a veces uno va en patinete, los aborda y otro por detrás les roba». Se han especializado en móviles y relojes de alta gama.

Desde el Ayuntamiento advierten, sin embargo, que la comparativa con 2021 es engañosa porque son datos marcados por la pandemia, y apuntan a 2019, el último ejercicio «normal». También fue el año en el que Barcelona registró los mayores datos delincuenciales del histórico.

Desde el consistorio exhiben los datos del verano, tras el despliegue de más agentes de mossos y guardia urbana, como un éxito. En julio y agosto de 2022 los delitos bajaron un 12% en relación con los mismos de 2019, destacan. En el distrito de Ciutat Vella la caída es del 22% y la resolución de delitos ha crecido un 7,7%. La policía detuvo 5.244 personas en ese periodo en el distrito que concentra mayor conflictividad de la ciudad.

Sin embargo, el teniente de alcalde de Seguridad, Albert Batlle, reconoce que «tenemos un problema muy grave con los hurtos, que generan inseguridad y, sobre todo, mucha percepción de inseguridad».

Inseguridad, el primer problema

Con el regreso del turismo han vuelto los atracos y hurtos a Las Ramblas y el entorno de Gótico, mientras no baja el número de robos en domicilio que castigan especialmente los barrios altos de Barcelona. La inseguridad se ha convertido en el principal problema para el 19,1% de los barceloneses, seguida por la suciedad, según el último Barómetro municipal. El Raval es ejemplo de ambos problemas.

Solo en la primera semana de junio los robos violentos crecieron cerca de un 40% en Barcelona en comparación con la semana anterior. Los datos, con una veintena de este tipo de delitos al día, siguen estando muy por debajo de las cifras pre-pandemia, cuando había unos 40 robos violentos al día en la ciudad.

Pero tanto Batlle como fuentes policiales reconocen que les preocupa la extrema violencia con la que han regresado este tipo de delitos. Protagonizados por delincuentes cada vez más jóvenes y desinhibidos, los robos de relojes, móviles y joyas dejan damnificados a diario, especialmente en el centro.

La degradación del barrio

Inseguridad, okupaciones, suciedad y tráfico de drogas marcan el día a día del Raval y explican las movilizaciones vecinales. Las peleas entre toxicómanos, traficantes, prostitutas y otros delincuentes son constantes, relata Cristina. «Llevo meses sin dormir una noche seguida» relata.

«Lo peor es la degradación del barrio y la huida de los vecinos que está provocando» lamenta Miguel. Especialmente «las parejas jóvenes, cuando tienen hijos» abunda Cristina.

Esta vecina histórica del Raval sur, tres generaciones en el barrio, se emociona al explicar la despedida, días atrás, de un vecino y amigo que abandona el barrio tras años de lucha vecinal y de recibir «amenazas e intentos de allanamiento en su casa». Ella también ha sido amenazada. «Pero cómo me voy a ir del piso en el que nació mi madre y mi abuelo, ¡no me da la gana!».

En la conversación se cuela Rubén, el responsable del bar de la plaza colindante con la Baluard. Relata como su primera tarea, cada mañana, avisar a la policía local para que desalojen a los indigentes «acampados» en los rincones de la plaza.

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