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El Partido Carlista saca a la luz documentos secretos sobre los sucesos de Montejurra de 1976

Carlistas en Montejurra en la década de los 60.

Carlistas en Montejurra en la década de los 60. RAFAEL GONZÁLEZ SERRANO | WIKIMEDIA COMMONS

El Partido Carlista ha decidido sacar a la luz documentos secretos sobre los sucesos de Montejurra de 1976, uno de los episodios más violentos del inicio de la Transición española.

En concreto, el Partido Carlista ha presentado este lunes una serie de documentos que desmontarían la versión oficial de los sucesos de Montejurra del 9 de mayo de 1976 y que apuntan a que el Estado, con especial protagonismo del entonces ministro Manuel Fraga, organizó la movilización de ultras tradicionalistas en la romería, en la que fueron asesinados Ricardo García Pellejero y Aniano Jiménez Santos.

Los documentos muestran, según han afirmado en rueda de prensa representantes del Partido Carlista, claros indicios que desmienten que se trató de una confrontación organizada en primera instancia por el tradicionalista Sixto de Borbón, sino que fue orquestado por Fraga, informa Efe.

Han afirmado que estos nuevos documentos, cuya fuente el Partido Carlista ha querido mantener en secreto, aportan luz a la concentración de un importante número de tradicionalistas que terminó con la muerte por herida de bala de dos carlistas que participaban en el viacrucis, celebrado en memoria de los requetés muertos en la Guerra Civil, así como con decenas de heridos.

Entre los textos aportados por este donante anónimo figuran cartas e informes con membrete del Ministerio del Interior y firmas del ministro Fraga o el gobernador civil de Navarra, José Ruiz de Gordoa, y destaca una “nota reservada y confidencial” de Fraga bajo el título Operación Montejurra tradicionalista.

Entre los textos aportados destaca una “nota reservada y confidencial” de Fraga bajo el título Operación Montejurra tradicionalista

En ella se detallan las bases de la participación de la Unión Nacional en esta protesta con una estimación de los autobuses y las partidas económicas necesarias para pagar dietas que percibirán cada una de las personas que acudiesen. Se contempla como una “concentración totalmente pacífica” yendo los manifestantes “mentalizados de huir de la provocación y mucho menos de confrontaciones”.

En un escrito enviado por Ruiz de Gordoa a Fraga el 5 de enero de 1976 en el que tilda la romería de «una concentración subversiva de claro matiz huguista en contra del rey Juan Carlos I», plantea como posible solución actuar “sobre los líderes del tradicionalismo para rescatar el significado histórico de Montejurra con una afluencia masiva de tradicionalistas».

A su juicio, esta es la opción «lógica» si bien reconoce que es “muy difícil movilizar a tradicionalistas con deseo de recuperar Montejurra” como demuestran las “gestiones se han realizado en años anteriores” y que “no han dado resultado por no encontrar responsables».

En una carta fechada en 19 de abril de 1976 firmada por el entonces director General de Seguridad, Víctor Castro Sanmartín, y dirigida a Ruiz de Gordoa, este ya adelanta que “se va a producir en esta concentración un enfrentamiento”, algo que considera que “puede ser conveniente”, pero tienen que “evitar que llegue la sangre al río -advierte-”.

Aparece entre la documentación también otra carta de Ruiz de Gordoa a Fraga con fecha 21 de abril en la que este le resume las conclusiones de una reunión secreta mantenida en el hotel Tres Reyes con Sixto de Borbón-Parma y José Arturo Márquez en la que abordan la cuestión de Montejurra.

Presencia masiva de tradicionalistas

En ella se detalla que el plan es que haya una “presencia masiva de tradicionalistas de toda España perfectamente organizados para responder a cualquier planteamiento huguista” y “tomar Montejurra con dos días de antelación”.

Se desprende de otro informe que no fue este el primer intento por parte de Estado de frenar este acto ya que alude a los “fallidos intentos de recuperar Montejurra durante las ediciones de 1973, 1974 y 1975” por la “inoperancia e incapacidad del tradicionalismo” y se reconoce que “la presencia de grupos armados y revolucionarios podían acarrear consecuencias imprevisibles».

Tras los sucesos el gobernador civil refirió que “el enfrentamiento no debió pasar de la garrota de campo” y que fue “un hecho desgraciado el disparo de la Campa», considerando que fue un «fracaso total” la convocatoria de Montejurra por parte del tradicionalismo”. 

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