Daniel Sancho ya ha pasado sus primeras noches en una cárcel tailandesa tras entrar por el presunto asesinato premeditado y desmembramiento del médico colombiano Edwin Arrieta. Según el abogado que su familia ha contratado, Khun Anan, el español está “relajado”, tranquilo y consciente de “lo que ha hecho”. 

El cocinero de 29 años, e hijo del actor Rodolfo Sancho, ha sido acusado formalmente de asesinato premeditado por la Policía del país asiático. Su confesión y colaboración, junto a las imágenes donde se le podía ver comprando un cuchillo de grandes dimensiones y productos de limpieza, han ayudado a ello.

Por ahora está en prisión preventiva, a la espera de que se celebre un juicio. Esta situación se puede alargar hasta 84 días, momento en el que daría comienzo el juicio. La situación es muy distinta a la española, en la que podría estar en prisión dos años sin que se tuviese lugar la primera sesión de la causa.

Así es la cárcel

Las condiciones en una cárcel de Tailandia también dista mucho de una en España. En la misma prisión prisión pueden llegar a convivir hasta 1.000 reclusos, y las celdas se comparten entre decenas. Sancho ha ido a parar a la cárcel de Koh Samui, en el sur del país. Los cocoteros a la entrada, y las casas adosadas a los muros, no dan la sensación de que en el interior se alojen criminales.

El español comparte celda con cinco presos que duermen en colchonetas en el suelo. El joven, al quien se le ha conocido con una extensa melena rubia, se ha cortado el pelo y mantiene "un buen estado anímico", según declaró el director de la prisión, Watcharapong Boonsaior. Sancho, además, está tomando una medicación que pidió él mismo. Se trata de unas pastillas para el estrés y “poder estar relajado”. También toma “vitaminas”, según el encargado de la cárcel.

Sancho permanecerá en esta prisión al menos hasta que comience el juicio. En estos momentos está en una celda de aislamiento por el protocolo Covid. Pasará ahí 10 días, que se cumplen a finales de la semana próxima. "Después de la cuarentena, saldrá de ese cuarto, pero seguirá en la zona hospitalaria. Tenemos que ser precavidos, es normal que él esté estresado porque es su primera vez en prisión", ha explicado el director de la prisión.

Por ahora se ha visto con su abogado, que ha apuntado que Sancho ya está pensando en cómo llevar “su vida en la cárcel”. Cuando salga de la zona de prevención para el coronavirus, podrá ver a sus familiares. Su padre, el actor Rodolfo Sancho, ya lleva varios días en Tailandia a la espera de poder encontrarse con su hijo.

Amenaza

La Policía tiene claro que Sancho asesinó a Arrieta de manera premeditada. La confesión y la colaboración del español será clave para poder cumplir condena en España, gracias a un convenio firmado por ambos países en 1983, como ya publicó El Independiente.

Pero este jueves saltó una nueva noticia. El caso no sólo suscita interés para los medios españoles, si no que la condición de hijo de famoso sumada a lo escabroso del crimen ha llamado la atención en todo el mundo. 

Los investigadores habrían encontrado en el teléfono del presunto asesino una amenaza de muerte del cirujano colombiano a Daniel si éste terminaba con su relación. Esto podría confirmar la versión de Sancho, que tras confesar ante las autoridades policiales que mató y descuartizó a Edwin, justificó su crimen porque se sentía "un rehén" de su amigo, con el que habría mantenido una relación sexual esporádica desde hace un año y que, según él, le habría chantajeado con publicar en redes sociales imágenes explícitas de ambos de carácter íntimo para hundir la reputación de su familia si el cocinero rompía con él. Algo que se confirmaría con el amenazante mensaje del fallecido que la policía habría encontrado en el teléfono de Daniel.

La investigación policial continúa en marcha y, con suficientes evidencias para acusar al hijo de Rodolfo Sancho de asesinato premeditado -a pesar de que quedan cabos sueltos porque todavía no se ha encontrado ni la cabeza de Edwin ni su móvil- se especula con que podría finalizar en menos de tres semanas a pesar de que la ley establece un plazo de casi tres meses.