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La planta regeneradora del Besós pendiente desde 2021 garantizaría el agua al área de Barcelona

Imagen de la depuradora del rio Besós Cedida Agbar

La Generalitat decretó esta semana el estado de pre-emergencia por sequía en la cuenca del Ter-Llobregat. El Govern prepara el Puerto de Barcelona para recibir agua en barcos cisterna que garanticen el suministro de agua potable a los seis millones de personas que viven en las áreas de Barcelona y Girona, mientras las plantas desalinizadoras y repotabilizadoras trabajan al 100% desde hace meses. La directora del Servicio Meteorológico catalán, Sarai Sarroca, lo definía así en el Parlament: Cataluña se tendría que inundar medio metro para revertir la sequía acumulada en los últimos 36 meses de déficit pluviométrico.

En este contexto, la oposición acusa al Govern de no haber tomado medidas a tiempo y muchos miran hacia el Besós y el proyecto de regeneración de agua aprobado en 2021, que hubiera evitado la declaración de emergencia. "Urge hacer el proyecto Nex Generation del polo Besos" advierten desde Aguas de Barcelona (Agbar), responsable del suministro en un área metropolitana de cinco millones de personas atenazada por la sequía.

Inversión estratégica

Una inversión de 1.500 millones de euros que "permitiría desvincularnos, por fin, de la necesidad de que llueva y garantizar la resiliencia hídrica de la región metropolitana de Barcelona". El Govern incluyó la ampliación de la depuradora del Besós en los 27 proyectos prioritarios para los Fondos Next Generation, pero mientras otras infraestructuras como la ampliación del Hospital Josep Trueta han empezado a ejecutarse, ésta sigue bloqueada.

"Lo único que hubiera paliado los problemas a los que nos enfrentamos ahora habría sido hacer en su momento la ampliación del Besós" concluye la diputada socialista y portavoz en política hídrica Sílvia Paneque. Un proyecto de ampliación y regeneración de agua que hubiera convertido al área metropolitana de Barcelona en autosuficiente hídricamente hablando ante la peor sequía desde que se tienen registros pluviométricos. Es decir, la peor sequía, al menos, desde 1910.

Paneque recrimina al Govern la imprevisión en dos momentos cruciales. El primero, en 2019 cuando la Agencia Catalana del Agua (ACA) advierte en un informe interno que sus estudios apuntan a una caída de las lluvias del 30% en Cataluña. El segundo, en primavera de 2021, cuando el Servicio Meteorológico de Cataluña advierte de la llegada de un ciclo de sequía "por lo menos" tan severo como el de 2008. Pese a estas dos advertencias, y a sus propios anuncios, el Govern no inició las obras de ampliación del sistema del Besós.

El Govern incluyó el plan del Besós en los proyectos Next Generation en 2021. Y el Parlament lo incorporó también en la Ley especial de sequía aprobada la pasada primavera. Pero esa infraestructura no forma parte de la planificación del ACA para el periodo 2023-2027. La agencia de la Generalitat es quien debería liderar ese proyecto, cuya propuesta firmó en 2021 junto a Agbar y la Autoridad Metropolitana de Barcelona. Aunque la inversión es muy superior a la capacidad del ACA, que este año tiene un presupuesto de 253 millones de euros para infraestructuras del ciclo del agua, de los que solo ha ejecutado un 17,5%.

Recuperar el agua depurada

El objetivo es implementar en el río Besos el sistema que ya funciona en el Llobregat: el agua depurada en la planta del Baix Llobregat se regenera e impulsa de nuevo río arriba, donde se reincorpora al cauce o deriva a usos agrícolas. Esta agua llega después a la planta potabilizadora de Sant Joan Despí, que la trata de nuevo para incorporarla al suministro del Área Metropolitana.

Ahora, la depuradora del Besós echa el agua al mar. El objetivo es recuperarla para completar un circuito que genere 180 hectómetros cúbicos anuales de agua regenerada y desalinizada -de la desalinizadora del Llobregat- y dejar de depender de los embalses. El nuevo sistema del Besós permitiría la regeneración de 90 hectómetros cúbicos que sustituirían consumos actuales de agua potable para usos agrícolas, urbanos, ambientales e industriales.

Desde Agbar defienden la reincorporación de agua regenerada rio arriba como la solución más sostenible: El coste energético de la desalinización es tres veces superior a la regeneración, y el impacto de huella de CO2 es prácticamente el doble. En el Llobregat, el sistema implementado tras la sequía de 2008 empezó generando 200 litros/segundo y ahora ha alcanzado los 1.500 litros por segundo.

Sube el precio del agua

El ahorro de agua ya no es una vía para el área de Barcelona, que ha reducido sustancialmente el consumo en los últimos años. Desde 2007 a 2022 se ha pasado de consumir 230 hectómetros cúbicos al año a menos de 190 hectómetros cúbicos anuales. Es decir, desde la última sequía se han ahorrado más de 600 hectómetros cúbicos de agua, defienden desde Agbar, una cantidad equivalente a cuatro pantanos como Sau.

La suministradora defiende que el área metropolitana de Barcelona es una de las regiones "con consumo de agua doméstica más eficiente". El consumo doméstico medio es de 105 litros por persona y día, frente a una media catalana 117 litros, y de 131 litros por habitante y día para el conjunto de España.

Un ahorro que se explica por las inversiones en mantenimiento de red. Pero también por la factura del agua en Barcelona, la más cara de España. Pese a ello, el ACA ha anunciado esta semana una nueva subida de tarifas que redundará en las familias por el aumento de costes que provoca el uso a destajo de las desalinizadoras.

En este contexto, las entidades ecologistas, con Greenpeace a la cabeza, denuncian esta estrategia de duplicar la producción de agua desalinizada y regenerada por el impacto que estas infraestructuras tienen sobre el precio del agua por ser intensivas en consumo energético. En enero de 2024, la tarifa del agua de Aigües Ter-Llobregat subirá un 30% porque las desalinizadoras operan al máximo rendimiento desde hace meses.

Una subida que el consejero de Acción Climática, David Mascort, reconoció esta semana que se trasladará al consumidor final. En un año normal, el 95% del consumo de agua está vinculado al clima -un 74% de agua superficial y el 21% subterránea- y el 5% es agua desalinizada. Con la sequía la actual, el 19% del consumo es de agua superficial -pantanos- el 23% subterránea, el 33% desalinizada y el 25% regenerada.

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