Al mismo tiempo que Vox en las Corts valencianas confirmaba su apoyo para investir con sus trece parlamentarios al candidato del PP, Juanfran Pérez Llorca, para sustituir a Carlos Mazón, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo hacia una declaración institucional con dos mensajes. Uno, la protesta ciudadana a la que llamó desde Génova en el Templo de Debod para rechazar "la corrupción del Gobierno, una vez que el Supremo, atendiendo a la petición de la Fiscalía Anticorrupción, decretó prisión provisional para el ex número dos de Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, y para el ex asesor de este, Koldo García. Una acción que se sumaba al precedente de Santos Cerdán, el último mano derecha del presidente, aunque en estos momentos está en libertad provisional. Dos, Feijóo confirmó una coletilla que en Vox viene siendo reiterada durante esta legislatura. Hablo de un Ejecutivo manchado por la corrupción con el que "no se puede pactar nada".

PUBLICIDAD

Con ese gesto y el de Vox en Valencia, Feijóo abría paso a una nueva forma de discurso. Invalidaba cualquier interlocución a su izquierda por el estigma de la corrupción, dejando, de fondo a Vox como única fuerza habilitada para el diálogo. Ni si quiera los socios de Sánchez, a quien creen en el PP que las urnas le acabarán pasando factura. Esa concepción de que solo queda el dialogo con Vox se vio reforzada con el pacto valenciano. Dejó claro que cuando es necesario y hay un objetivo de fondo, hay capacidad de entendimiento.

Vox quiere pasar, de hecho, a una nueva pantalla en lo que a relaciones con el PP se refiere y ya deja claro que de necesitarles en próximas investiduras, como todo parece apuntar en Extremadura, al borde de la campaña, pero también en Castilla y León o Andalucía -a la espera de si Sánchez decide claudicar y adelantar generales, sin Presupuestos Generales del Estado, o acorralado por nuevas informaciones de la UCO que puedan darse-. Quiere un "giro de 180 grados" por parte de los populares, y solo bases como la pactada en Valencia pueden servir como puente de unión.

Con unas encuestas en Extremadura que auguran que María Guardiola deberá hacer notables cesiones a Vox para repetir como presidenta, la clave más allá de las comunidades es qué desea hacer Feijóo. Claramente, su objetivo es hacer una propuesta moderada que atraiga a derecha e izquierda, sin depender de Vox y con capacidad de autonomía. Eso, a diferencia de lo que preveían internamente en Génova, queda lejos. Una buena parte del electorado del PP busca esas propuestas moderadas, centradas en lo económico. Pero también contundencia en cuestiones como la inmigración. Y cada vez más clarividencia en asuntos ideológicos. Algo por lo que Vox sigue prosperando sin damnificar en exceso a los populares pero si rascando entre abstencionistas y los llamados 'perdedores' del sistema.

De ahí movimientos como el endurecimiento del tono en inmigración sin entrar en una deriva populista. También la critica a las políticas climáticas de Bruselas, algo que, paradójicamente, el PP ha votado con el PSOE junto a sus respectivas familias europeas y liberales y verdes. El PP quiere entrar en esa competencia discursiva, de cierta batalla cultural, pero sin desprestigiar el valor de la inmigración -regular y ordenada, ligada al trabajo- o la existencia del cambio climático y la necesidad de combatirlo, aunque sin perjudicar el crecimiento económico. Asumen que es compatible.

A Génova las líneas marcadas por Pérez Llorca en su discurso, que gustaron a Vox y vieron cumplidas sus exigencias, no chirría ni genera controversia. Es más, afirman que respetan y encajan lo que son "los valores" del partido. De ser ese el marco de dialogo exigido por Vox, al PP se le abre una oportunidad de normalización de las relaciones con Vox a nivel nacional. Más allá de cuestiones puntuales o ideológicas añadidas que puedan generar enfrentamientos posteriores. Por ejemplo, la forma de un futuro gobierno nacional. Feijóo se comprometió en el último congreso del PP en julio a gobernar en solitario y solo con pactos externos, programaticos. Pero Vox, que muestra cierta indiferencia a repetir coaliciones autonomicas ya sugiere en privado que eso no podrá decidirll Feijóo. Solo las urnas. Y si Sánchez ha dado 5 ministerios y cargos en segundos niveles del Gobierno a Sumar con 31 escaños -antes de las salidas de Podemos y de la diputada Àgueda Micó-, ellos con un horizonte demoscópico de no menos de 50 escaños se sienten con fortaleza frente a un Feijóo que roza los 150 escaños.

Romper el mantra de que hay "varios PP"

Una de las principales criticas de Santiago Abascal y de su partido para desgastar a Feijóo es que hay "varios PP". Trasladan una idea de desconfianza al electorado de derechas que quedó patente en Valencia. Su portavoz parlamentario, José María Llanos, agradeció a Pérez Llorca que ratificara los compromisos negociados públicamente, para evitar incumplimientos alentado por Génova.

Valencia ha sido el territorio más diferenciado en esa normalización con Vox. Mazón fue el primero que se lanzó a un pacto tras las autonómicas de 2023, algo que penalizó a Feijóo, creen en Génova, dado que permitió a Sánchez armar un discurso del miedo a un pacto con Vox que movilizó a la izquierda y le dio oxígeno para poder tejer alianzas posteriormente. Extremadura o Castilla y León al final, han sido reflejo del discrepancias, enfrentamientos y acusaciones importantes. En Andalucía la mayoría de Juanma Moreno permitió sortear a Vox, algo que en vista a los sondeos como el del CENTRA, el CIS andaluz, parece imposible ya.

Esa base de acuerdo valenciano que será extensible para Vox puede ser un marco de oportunidad paea sentar unas bases minimas de dialogo sobre el que después aprobar o no otras cuestiones. Está por ver cómo afecta en los sondeos ese acercamiento, pero fuentes nacionales del PP ven al partido fuerte incluso con el crecimiento de Vox, afirmando que juntos superan el 50% de voto a escala nacional y territorial -salvo en Euskadi, Cataluña y Galicia, donde el PP tiene absoluta- y el PP en muchos casos solo supera a toda la izquierda. Se aleja así el desgaste por vinculsrse a Vox. Aunque son conscientes del riesgo de acabar hablando como ellos. En otros países del entorno, la derecha tradicional ha acabado sucumbido a la populista. En España, pese a todo, incluso tras la crisis y el nacimiento de nuevo partidos, los partidos tradicionales se han mantenido a flote.

Fuentes del PP, en conversaciones con El Independiente, comparan la situación con la de Podemos en el Gobierno sin llegar a asumir que tendrían que pactar con Vox. Ven claro que a los de Abascal sus propias posiciones les perjudican dentro de un Gobierno de coalición. "Por eso rompieron el año pasado, porque perdían votos. Por eso ahora no piden entrar en Valencia. Han salido reforzados", dicen sugiriendo que son un partido de pura oposición y contestario, que aglutina el cabreo social que en este momento se da en la izquierda pero con notoriedad en la derecha.

Con las líneas rojas de Génova se consiguió pactar en Valencia, lo que abre camino a tejer un discurso medianamente coherente a Feijóo para justificar una próxima alianza con Abascal si se da. Pese a la insistencia de partidos del gobierno, no se aprecia deterioro en lo sondeos. En definitiva, no se entendería que determinados pactos valiesen en unos territorios y no en unas generales. Y eso ya se lo ha reprochado Abascal a Feijóo desde la tribuna del Congreso.

El eje de la corrupción da relato al PP

El momento que experimenta el Gobierno es de notable vulnerabilidad y a diferencia del pasado ya no moviliza del mismo modo la alerta por esa hipotética coalición con Vox. Al PP se le hace más poderoso el marco discursivo de la degradación institucional o el de la corrupción que el del peligro de la ultraderecha. Más con rodaje de Vox en estos siete años. Ni si quiera las buenas cifras económicas dan oxígeno a Sánchez si la imagen potente que hay delante es la entrada en prisión de dos de sus hombres clave para la llegada a Moncloa desde 2017.

A la espera de que haya un movimiento en claro, la competencia electoral no hace más que agitar el choque entre formaciones para intentar salir reforzadas. El PP sigue reivicandose como partido de gestión y de fiabilidad, arremete contra Vox por en contra de la estabilidad. Al contrario, Vox define al PP como un partido de continuidad, un "socialismo azul" que no quiere cambios reales en lo que a lo ideológico se refiere. Añaden el término "estafa" para despertar inseguridad al votante popular a la vez que desconfianza con su proyecto. Se espera que ambas formaciones tensionen hasta después de unas generales para intentar desgastar en lo posible al contrario antes de un aparenten inevitable entendimiento.

Para Feijóo ya Valencia establece un escenario que facilita la normalización de Vox y el entendimiento con Abascal. Pese a la tensión, el diálogo con entre Feijóo y Abascal es fluido, aunque les divide cuestiones como la presentación de una moción de censura. Feijóo se ha negado a ganar así el Gobierno, quiere urnas. Después de Valencia, en la carrera a generales de Feijóo, Extremadura es la primera piedra en cuanto a Vox. De momento, Vox se ha lanzado contra el popular por la convocatoria de Debod, definiéndola como "engaño" al descartar el popular cuestiones como esa moción y seguir "pactando" con el Gobierno en Bruselas, dicen. Las juventudes de Vox, de Revuelta, convocaron una a 200 metros en Ferraz en su defecto.

PUBLICIDAD