“Quiero medirme con Isabel Díaz Ayuso”. Emilio Delgado es una figura emergente de la izquierda madrileña, su popularidad, alimentada por las redes sociales y su participación en debates televisivos le ha colocado en posición de aspirar al gran reto de todo político de izquierdas de España, batirse con la todopoderosa Isabel Díaz Ayuso. ¿Puede este educador social metido a político acabar con la líder del PP que crece de la confrontación con Sánchez y que fue capaz de enterrar políticamente a Pablo Iglesias?
Antes de que esta pregunta tenga una respuesta, Emilio Delgado tiene que liderar Más Madrid, para lo que tiene que haber unas primarias y tiene que ganarlas. “Estoy dispuesto y valoro muy seriamente la posibilidad de presentarme en nombre de Más Madrid contra Ayuso y contra el Partido Popular, que es de lo que va todo esto”, asegura.
Solicitamos esta entrevista por los canales de prensa habituales de Más Madrid, pero, por la razón que fuera, no la tramitaron. No sale de Delgado una mala palabra sobre el liderazgo actual del partido, pero en la formación madrileña -como en todo el espectro político de la izquierda- tienen cosas sin resolver y su candidatura ya está sobre la mesa. Nos citamos en el parque del Cerro del Tío Pío, conocido como el parque de las Siete Tetas. Llega solo, no tiene equipo de prensa, no parece estar arropado por su partido. Se presenta con sus certezas sobre un Madrid distinto y un pasado que le empuja a pelear por ellas.
Pregunta: Emilio, ¿por qué has elegido este lugar para la entrevista?
Respuesta: El parque de las Siete Tetas, en Vallecas, es un lugar simbólico para mí. Traza un nexo entre mi pasado familiar en el Fontarrón, con el presente y con el futuro que está aquí en Vallecas, porque es donde he trabajado de educador muchos años y porque trabajo como diputado en la Asamblea y porque espero presidir la Comunidad de Madrid en algún momento. Mi familia vino de Extremadura y Toledo, se vinieron a vivir a las casas bajas de Palomeras y cuando las derribaron les reubicaron en el Fontarrón, que es el barrio que tenemos aquí justo, yo enfrente, tú a la espalda. Mi familia se trasladó a Móstoles y cuando tuve que trabajar, me tocó trabajar en el barrio en Vallecas, en Entrevías, en el Pozo, con chavales en situación de exclusión social y solía pasar por delante de la Asamblea de Madrid y me preguntaba en qué estaba pensando la clase política madrileña, porque yo veía muchísimos problemas en las familias de mis chicos que no eran atendidas. La vida me cogió y me colocó en el otro lado de la valla y allí he desarrollado mi labor como diputado.
Daba clase de boxeo a los chicos con el que generaba un vínculo de confianza con ellos que permitía que esos chicos más tarde se abrieran contigo
P: ¿Qué hacías con los chavales en esta zona?
R: Yo estudié Integración Social y empecé trabajando con chavales que estaban en la calle, luego con chicos que tenían medidas judiciales y sólo se les permitía salir de un centro cerrado para buscar trabajo. Terminé trabajando con población que estaba en situación de exclusión social. El barrio de Fontarrón es uno de los barrios más golpeados también junto con Entrevías y el Pozo. Se aprende mucho, uno lleva en la cabeza que tú vas a dar lecciones a esos chicos en función de las cosas que tú crees que son importantes y aprendes que no se trata de eso, que se trata de generar un vínculo con esa persona, que sea útil para ella y que le permita por sí mismo resolver la situación y avanzar hacia escenarios mejores. En el [polideportivo] Payaso Fofó daba clase de boxeo a los chicos con el que generaba un vínculo de confianza con ellos que permitía que esos chicos más tarde se abrieran contigo. Además en el sector de la intervención social hay mucha precariedad y en tres meses les cambian de educador. Con el boxeo aprenden que tienen que estar ahí a la hora y si no no pueden formar parte de la clase, empiezas a trabajar cosas como la constancia, el compromiso, el valor del esfuerzo y en ese camino juntos igual un día te apetece contarme cosas que te pasan. Pero empezamos por lo que te interesa a ti, no por lo que me interesa a mí.
P: También tienes un pasado deportista.
R: Estuve en el equipo nacional de Taekwondo. Fue otro momento de mucho aprendizaje. Con el deporte la izquierda deja pasar una oportunidad. Regalamos muchos espacios, ¿por qué hay que regalar el deporte? Hace poco leí en un periódico progresista que los gimnasios eran fábricas de masculinidad tóxica. No os estáis enterando de nada porque hay una explosión de actividad deportiva en la que participan muchas mujeres, participa todo el mundo y es un espacio muy popular que no entiendo por qué la izquierda abomina de él. Además, estás enfadando a gente que puede tener simpatías hacia ti y estás juzgando. ¿Por qué, cuándo nos hemos vuelto tan moralistas en la izquierda?. No entiendo, a mí el deporte me ha enseñado muchas cosas. En la soledad de un vestuario hay mucha honestidad y en los deportes de combate más, porque cuando tú estás a punto de entrar, lo que hayas hecho, lo que te hayas trabajado, es lo que vas a tener ahí. Nadie va a venir a ayudarte, no hay intermediarios, no hay enchufes.
Con el deporte la izquierda deja pasar una oportunidad. Regalamos muchos espacios, ¿por qué hay que regalar el deporte?
P: ¿Hay clases sociales en Madrid?
R: Claro que hay clases sociales. Madrid es un gran parque temático donde si tienes dinero para pagar la entrada puedes vivir muy bien. Basta con mirar el pisazo que se gasta el novio de la pareja de la presidenta y la propia presidenta. El problema de esa riqueza es que está encapsulada y no hay justicia social. Es un enorme desperdicio porque hay muchísimos chavales, que podrían estar aportando a la sociedad, desarrollándose y brillando en los barrios populares de Madrid y que se ven privados de oportunidades de desarrollo educativo, social y de todo tipo.
P: ¿Son los madrileños conscientes de que hay clases sociales?
R: Cualquier persona que se ve en la disyuntiva de tener que quedarse en la casa de sus padres hasta los 40 años, porque no puede emanciparse, entiende que hay quien nace en una posición más aventada. Si tu familia se puede permitir ofrecerte un piso para vivir, tienes la mitad de la partida resuelta. Si no se van el 70% de tu salario a pagar el piso. Eso choca de frente con el discurso de la meritocracia que, permanentemente, venden. Yo creo en la meritocracia, pero para que la meritocracia funcione tenemos que partir de una situación similar. Lo que no es meritocracia es que algunos porque tengan números de teléfono de personas importantes en la agenda, por contactos, por posicionamiento, gocen de oportunidades que la mayoría no tiene aplicando el mismo esfuerzo y hay que intentar que el esfuerzo de todos valga lo mismo.
P: En los barrios obreros está creciendo mucho la derecha y la ultraderecha. ¿Qué está haciendo mal la izquierda?
R: La izquierda tiene mucho margen de mejora en muchas cosas. Creo que ha abandonado posiciones que aspiraban a representar a mayorías sociales y, a veces, se dirige a nichos específicos que hay que recoger, minorías que hay que atender, por supuesto, no hay que renunciar ni un solo milímetro en la defensa de los derechos civiles y políticos de todas las personas. Pero no podemos perder de vista que tú quieres formar grandes bloques políticos de apoyo a una transformación. Hay que poner de acuerdo a muchísima gente que tienen pensamientos muy distintos en muchas cosas, pero que, en lo fundamental, están de acuerdo.
La derecha le dice a la gente que nuestro modo de vida está en peligro y que lo pone en peligro la inmigración. Yo compro la primera parte de la afirmación. Nuestro modo de vida está en peligro. Nuestro modo de vida es que aquí tú no sueles vivir en una caravana, que si te pones malo vas al médico, que si envejeces tienes una pensión, que no hay tiroteos en las escuelas. Ese es nuestro modo de vida. Quien lo pone en peligro no es la inmigración, sino sátrapas como Donald Trump o como Putin que han decidido cargarse Europa y están interfiriendo directamente en procesos electorales por toda Europa apoyando a partidos que ellos llaman patriotas para desestabilizar Europa. Quieren desestabilizar nuestro modo de vida y lo hacen con la ayuda de esos troyanos que van de aliados de las clases populares pero son unos vendepatrias al servicio de intereses extranjeros.
Madrid es un gran parque temático donde si tienes dinero para pagar la entrada puedes vivir muy bien. Basta con mirar el pisazo que se gasta el novio de la pareja de la presidenta y la propia presidenta
P: Sí, pero ¿qué ha hecho mal la izquierda?
R: Renunciar a transversalizar el discurso y a llegar a amplias mayorías. A veces cae en tics gruñones de echar broncas a la gente. No se puede echarle la culpa a alguien por llevar a su hijo a un colegio privado o por optar por la sanidad privada. En Madrid el número de contratos privados de salud está muy por encima de la media española. La culpa de eso no la tiene la gente, que tiene que recurrir a la sanidad privada. No se le puede abroncar a esas personas. Lo que hay que denunciar es que esas personas se ven coaccionadas a pagar y se les mete la mano en el bolsillo por servicios que deberían estar garantizados con una buena atención pública. Hay elementos que podrían facilitar eh un acercamiento de la izquierda a espacios populares que ha abandonado y que son el espacio natural en el que la izquierda se ha desarrollado siempre.
Delgado pasea con nosotros por las calles de su pasado familiar. Nos cuenta cómo su padre dedicaba sus horas libres al sindicato “porque no quería ser un liberado”, que en un momento de desarrollo del país pudo montar una pequeña constructora que se fue a pique, pero que no dejó a nadie sin pagar, aunque él se arruinó. “Esos son los valores que yo he mamado”, asegura. Procede del Madrid que no sale en las postales. Cuenta que cuando llegó a la Asamblea de Madrid le llamó mucho la atención que muchos diputados de izquierdas y de derechas se conocían. Habían ido a colegios juntos, habían coincidido en la universidad. “Yo no conocía a nadie”.
P: Ha pecado la izquierda madrileña haber tenido mucho liderazgo de izquierdas de barrios del centro, de dentro de la M-30.
R: Sí, sí lo creo. Por ejemplo cuando explosionó el 15M, todos los documentales que yo vi versaban del 15M en la capital, cuando en Leganés, en Getafe, en Móstoles, en Fuenlabrada, Alcalá de Henares hubo movilizaciones masivas, interesantísimas. Hubo un montón de colectivos de defensa de los servicios públicos y todo eso pasó desapercibido. El foco está puesto en la capital y eso se traduce también en quiénes son los que representan a la gente. La zona sur, por ejemplo, y el corredor del Henares son espacios infrarepresentados políticamente en Madrid. Desde siempre, históricamente, hay muy pocos diputados que pertenezcan a esas zonas.
La zona sur, por ejemplo, y el corredor del Henares son espacios infrarepresentados políticamente en Madrid.
P: La izquierda de la que hablas es muy urbana. ¿Dónde está dónde está la izquierda en el campo?
R: Pues creo que hay un déficit enorme. La izquierda ha abandonado determinados espacios rurales. Cuando nos ponemos a analizar la cantidad de espacios en los que no intervenimos o la cantidad de temas que hemos regalado al adversario, pienso en la patria, pienso en la familia y pienso en el hecho religioso o espiritual que no tiene por qué ser religioso. Se dejan de lado cosas que configuran como seres humanos a muchísimas personas, que hay gente que puede ser católica y de izquierdas o están en el ámbito rural y ser de izquierdas. Eso implica no llegar a esa gente a decirle cómo tiene que comportarse, sino escuchar a las personas que están en el campo o a las personas que tienen otras sensibilidades y ver en qué medida encontramos denominadores comunes. Habrá espacios en los que no. A mí no me gustan los toros, no soy nada partidario de los toros, no me gusta el sufrimiento animal, pero conozco gente que le gusta el mundo de los toros y está a favor de los servicios públicos, de la justicia social y de la democracia. Con esa gente quiero contar. Tengo cosas que trabajar con ellos. No quiero dejar de lado a la gente porque no coincidimos en todo. Lo que me importa es que coincidamos en lo fundamental.
P: ¿Por qué a un chaval de barrio no le llegan los mensajes de la izquierda?
R: Pues seguramente si preguntamos a ese chaval de barrio si pone las expectativas de cambio en la mejora de su vida en invertir en criptomonedas o en inscribirse en un sindicato, como se hacía antes para mejorar colectivamente las condiciones de todos, ese chico, seguramente, diría que invertir en criptomonedas. La izquierda tiene que hacer una reflexión, no puede ser que nosotros hablemos permanentemente de lo colectivo y luego tengamos dificultades para ejercer colectivamente la defensa de nuestros intereses y que, paradójicamente, la derecha no pare de hablar de los derechos individuales, pero se organicen colectivamente para defender sus privilegios. Eso no puede ocurrir y hay que retomar la intervención colectiva. Antes se organizaba colectivamente la demanda de vivienda para negociar y conseguir mejores condiciones, pues las asociaciones de vecinos, los sindicatos organizados en cooperativas para conseguir acceder a vivienda a precios más asequibles. Eso se ha dejado hacer y es la única manera que tiene la gente de negociar en mejores condiciones con fondos buitre, con grandes promotores inmobiliarios, con el lobby inmobiliario.
La crisis [de la izquierda] no se va a resolver juntando al líder de un partido, al líder de otro y al líder de otro en un despacho a ver si entre todos juntamos los votos.
P: ¿Por qué las mujeres responden mejor a los estímulos de la izquierda, por el feminismo?
R: Hay una reacción contra un avance en los derechos de las mujeres que era absolutamente necesario. Las mujeres han estado y están en una situación de discriminación intolerable en este país y en el resto. Hay quien ha vendido que la defensa de los derechos de las mujeres es una agresión para los derechos de los hombres. Esto es una chorrada monumental porque ningún hombre se siente cómodo en una sociedad donde está discriminada la mitad. Todos compartimos espacio con nuestras parejas, con nuestras madres, con nuestras primas. Necesitamos una sociedad democrática para todo el mundo, no solo para los hombres. Quienes están vendiéndole a los hombres que esto va en contra suya, lo único que hacen es instrumentalizarlos para otra causa, para engordar su poder político y utilizarlos como palanca para llegar al poder. Esto no va de hombres contra mujeres, esto va de machistas contra feministas y ahí cabemos todos. Puedes ser feminista y ser una persona conservadora, pero entender que toda la población tiene que tener los mismos derechos.
P: ¿Cómo ves la división de la izquierda del panorama nacional?
R: Veo demasiada discusión en torno al hardware, a cómo es el ordenador, a cómo se coaligan los partidos y poca discusión en torno al software, a los contenidos, a cómo hacemos para para dar esa pelea cultural que nos permita entrar y penetrar en capas más amplias de gente, en cómo seducir, en cómo aglutinar a mucha población en torno a ideas compartidas de justicia, de democracia, de seguridad, de libertad. Esa discusión me interesaría mucho más que la de los partidos, porque creo que se trata de hablar de lo que le preocupa a la gente, no de lo que le preocupa a los partidos. La crisis no se va a resolver juntando al líder de un partido, al líder de otro y al líder de otro en un despacho a ver si entre todos juntamos los votos. Necesitamos una reflexión seria sobre qué elementos de mejora puede abordar la izquierda para afrontar un tiempo salvaje, porque viene un tiempo salvaje; están amenazando nuestro modo de vida y en la medida en que se vea comprometida la democracia.
P: ¿Cómo ves a Más Madrid como instrumento frente a esta situación?
R: Pues lo veo como una sana excepción. Cuando nosotros nos presentamos a las elecciones, nos dijeron que no tenía sentido una fuerza regional en Madrid, que no iba a funcionar.Hicimos historia, segunda fuerza en la Comunidad de Madrid, primera fuerza de la izquierda. Nos dijeron que teníamos que aglutinar a toda la izquierda para que eso funcione, nosotros dijimos que queríamos aglutinar a toda la gente más que a todos los partidos de izquierda, se trataba de unir a gente muy diversa en un proyecto compartido, plural y ha funcionado.
P: Pero ha llovido mucho y ahora habéis tocado hasta el gobierno nacional. ¿Cómo encaráis la nueva situación?
R: No es incompatible ser una fuerza regional madrileña con tener un ojo puesto en España, en Europa y en el mundo, por supuesto. Pero nuestra prioridad son los madrileños y madrileñas y nuestra voz tiene que ver con los problemas que suceden en nuestra región. Eso no significa que nos desentendemos, obviamente, de lo que de lo que pasa alrededor nuestro.
P: ¿Tu papel en el futuro de Más Madrid? Te ves presentándote como candidato de la Comunidad de Madrid, con lo cual tiene que haber unas unas primarias en Más Madrid.
P: Claro, yo he dicho dos cosas. A una se le ha prestado mucha atención y la otra se obvia por completo. He dicho que yo estoy dispuesto y valoro muy seriamente la posibilidad de presentarme para tratar de candidatear en nombre de Más Madrid contra Ayuso y contra el Partido Popular, que es de lo que va todo esto. Quiero medirme con Isabel Díaz Ayuso. También he dicho que, en cualquier caso, el foco no está ahí ahora, sino en cómo preparamos todo el proceso para que Más Madrid llegue en las mejores condiciones a ese momento. Eso implica pensar primarias, liderazgos, papeles, distribución de roles en la campaña y eso es lo que estamos haciendo ahora mismo. Estamos en la gestión de la oposición como primera fuerza de la oposición en la Comunidad de Madrid y segundo pensando cómo elaboramos la mejor estrategia, el mejor proyecto para 2027.
P: ¿Qué puedes aportar tú en particular, diferente al liderazgo que mantuvo en su día Mónica García?
R: Hay margen para mejorar en cuanto al tono, al pulso del partido, a esa vocación de mayorías, a esa vocación de transversalizar el discurso y de llegar a mucha más gente que nos ha permitido ser la primera fuerza de la oposición en Madrid y una alternativa de gobierno. Se puede mejorar todavía y llegar a más gente y no renunciar a muchas personas que hoy pueden comprobar que gobernamos en ayuntamientos, que tenemos el Ministerio de Sanidad, que hemos hecho una labor muy importante de oposición en la Comunidad de Madrid y de fiscalización al gobierno de Isabel Díaz Ayuso. La izquierda no se ha tomado en serio a la Comunidad de Madrid durante demasiados años, Más Madrid sí lo ha hecho y creo que hay margen de mejora en cuanto a la posibilidad de convencer a más gente de que es la mejor opción para esta comunidad y para las personas que viven en ella.
P: Para acabar, dame respuestas cortas. Dime algo bueno de Ayuso.
R: (Se ríe) Tiene sentido de la oportunidad.
P: Algo bueno de Almeida.
R: No me veo capaz. De verdad, no lo encuentro.
P: Algo bueno de Pedro Sánchez.
R: Es valiente.
P: ¿Y malo?
P: Se ha quedado corto en temas esenciales, como la vivienda.
P: Danos una última reflexión.
R: Para mí es fundamental que en Madrid haya una izquierda que renueve el discurso, que renueve la propuesta progresista para para millones de personas y que sea capaz de parar una deriva reaccionaria que amenaza con llevarse por delante lo que hemos conocido. He tenido la suerte de poder estudiar en un instituto público, he tenido la suerte de tener sanidad, he tenido la suerte de, si todo va bien, de tener pensión. Quiero que los que vengan después como mínimo se encuentren lo que yo he podido disfrutar y está en riesgo, no está garantizado bajo ningún concepto. O sale la izquierda a dar un golpe en la mesa y a trascender el espacio que ha representado hasta ahora y ampliarlo o vamos a dejar que haya determinados sátrapas que se adueñen del mundo y de la vida de la gente. Merece la pena esa lucha y esa pelea. Esa es en la que yo estoy.
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