Desde que fue defenestrado, nunca se había escuchado una sola palabra suya. Desde el pasado julio, cuando trascendió que varias mujeres le acusaban de comportamientos machistas. Este jueves, se le oyó por primera vez. Paco Salazar fue interrogado en la comisión Koldo del Senado, llamado por el PP en plena recta final de la campaña electoral en Aragón para intentar erosionar las expectativas de la candidata socialista, Pilar Alegría, con quien él almorzó en noviembre pasado. Pero el exdirigente no atacó a su partido, ni se explayó en qué había ocurrido. Sí defendió su inocencia, aunque la propia dirección del PSOE no creyó su versión. "A todas las compañeras" con las que él ha trabajado en estos años, las ha "respetado como profesionales y como mujeres". "Cuando me retiro, lo hago por una sola razón: mi familia. El silencio es también una respuesta", sostuvo ante sus señorías, ante las que insistió una y otra vez que no mantiene ninguna colaboración con su antiguo partido ni trabaja para ninguna campaña en Aragón ni en ninguna otra. Su destino profesional está ahora orientado a la asesoría política en Latinoamérica.
Para llegar a esa declaración, el corazón de su comparecencia, de su defensa ante la comisión de investigación por el caso Koldo, la primera senadora en intervenir, María Caballero, de Unión del Pueblo Navarro, tuvo que hacer verdaderos tirabuzones, porque el objeto del órgano era originariamente otro: indagar en la presunta corrupción que anidó en el Ministerio de Transportes y en el aparato del PSOE dirigido por José Luis Ábalos y Santos Cerdán. Pero la comisión se ha convertido en el paraguas que permite al PP atizar a los socialistas en todos los flancos. También en este, pese a que el caso Salazar alude a las acusaciones de supuesto acoso sexual que pesan contra el ex alto cargo de la Moncloa y durante años mano derecha del presidente, Pedro Sánchez. No hay, al menos por ahora, ninguna denuncia contra Salazar por corrupción, como se encargó de recordar la portavoz socialista, Lirio Martín, quien sí le reprochó a la cara su "comportamiento" y quien recordó que las dos mujeres que le denunciaron, ambas a sus órdenes en su tiempo en la Moncloa, fueron objeto de un machismo "intolerable" y padecieron unas conductas "incompatibles con la militancia" en el PSOE.
Subraya que nadie del partido le pidió que dejara sus cargos, que él lo hizo de manera voluntaria, para resguardar a su familia. Y precisa que no ha mantenido contacto apenas con dirigentes
Caballero tuvo que preguntar primero por la financiación del PSOE, por las primarias que Sánchez ganó en 2017 y en las que el exdirigente sevillano fue una figura más que relevante, por su relación con Ábalos y Cerdán. Y solo después ya aterrizó en julio pasado, cuando las acusaciones de acoso acabaron con él. Salazar era entonces secretario general de Coordinación Institucional en la Moncloa y también formaba parte de la dirección federal del PSOE. Pero, tras la caída de Cerdán, Sánchez decidió aupar a la valenciana Rebeca Torró como su sustituta y a Salazar como su segundo adjunto. El ascenso se iba a formalizar en el traumático comité federal del 5 de julio, pero se paró. En las horas previas, la publicación, por elDiario.es, de esas acusaciones de machismo frenaron en seco su nominación.
No valoró si las denuncias son falsas o no. Sí subrayó que nadie le pidió que se marchara, pese a que la versión oficial, la trasladada por Ferraz, es otra: que se le apartó. Salazar contó en todo momento en la comisión que la decisión de renunciar a su cargo institucional y su nuevo puesto orgánico fue enteramente suya, que quiso resguardar a su familia de la "presión mediática", que no se lo pidió el presidente, con el que no ha hablado desde entonces, precisó. Es más, no ha "contactado" apenas con dirigentes socialistas. Él así lo ha "intentado", más allá de responder a "algún wasap"a quienes se han interesado por él y su situación personal.
"A todas las compañeras con las que he trabajado siempre las he respetado como profesionales y como mujeres", incidió. Una frase que repitió en distintos momentos de su comparecencia. Ante UPN, ante Vox, ante el PSOE y ante el PP, los únicos grupos que tomaron la palabra y acudieron a la sesión de comisión de este jueves, que apenas se prolongó dos horas. Era su línea de defensa. "Cuando yo me retiro o renuncio a mi responsabilidad institucional y orgánica, lo hago por una sola razón, que es mi familia. El silencio también es una respuesta", reforzó, quejándose también ante el presidente de la comisión, Eloy Suárez (PP), de que su vida profesional y personal después de dejar todos sus cargos no era objeto del órgano.
El sevillano niega que hubiera "pactado" con nadie del PSOE para tapar las denuncias por acoso sexual. "No me he sentido protegido", señala a la senadora del PP Rocío Dívar
Fue en diciembre cuando también elDiario.es avanzó que el mismo de julio llegaron al canal interno del PSOE las denuncias de esas dos empleadas de la Moncloa, y que quedaron congeladas durante casi cinco meses. Él se había dado de baja justo días antes de la exclusiva. El caso Salazar conmocionó al partido y desató una fortísima crisis interna que solo se empezó a apagar cuando el comité antiacoso resolvió el expediente en su contra: consideró que había cometido una "falta muy grave" que le impedirá regresar como militante. El sevillano negó que hubiera "pactado con nadie" de la cúpula para tapar esas denuncias. "No me he sentido protegido", le respondió a la portavoz del PP, Rocío Dívar. Se aferró a que todo su comportamiento posterior a su caída en julio, también su decisión de guardar silencio y de no defenderse, responde a una motivación personal. Por su "familia". Por ella determinó "renunciar" a "todas" sus responsabilidades y alejarse de aquellos "sitios en los que tenía espacio".
Caballero acabó preguntando a Salazar por la comida con Alegría de noviembre pasado. Igual que hizo, muy al final de su intervención (al cabo de 42 minutos, como reseñó el presidente del órgano, Eloy Suárez), la popular Rocío Dívar, con el argumento, en el caso de esta, de que lo que le había llevado a la comisión del Senado era su hipotético conocimiento, como alto cargo del partido y del Gobierno, de las supuestas tramas corruptas en torno a Sánchez "que investiga la Justicia". Salazar respondió que la entonces ministra portavoz "se interesó" por cómo estaba él, cómo estaban sus hijos, su madre y su mujer, que fue una conversación desde un punto de vista "humano", nada más. "Es inadecuado hablar de una cosa que no es objeto de la comisión. No hay nada que decir, lo que sí importa es que en ningún caso hablamos nada profesional, ni de campaña ni de Aragón", respondió al PP. Conversaron, le explicó a Caballero, de su "destino profesional futuro", que iba a ser Latinomérica. "No he participado en ninguna actividad política del partido, ni campaña ni no campaña, desde que renuncié hace ocho meses [han pasado en realidad siete meses]", insistió a la portavoz de UPN. No ha trabajado "ni de manera directa ni indirecta" para el PSOE ni para la Moncloa desde que se apartó de todo, había respondido a Caballero.
Salazar relata que no habló de nada profesional con Alegría, "ni de campaña ni de Aragón", pero que ella no le hizo ningún reproche. "Ella ha mentido sobre su comida con usted", lanza el PP
"Alegría ha dado más versiones sobre esta comida que sobre el parador de Teruel", se mofó Dívar, quien en su turno le preguntó si la exministra, en aquella comida, le reprochó su actitud con las mujeres, como ella le había relatado al presidente regional, Jorge Azcón. Salazar dijo que no, que ella no le había afeado nada. "Alegría ha mentido sobre su comida con usted", se congratuló de vuelta la senadora conservadora, agradeciéndole su "sinceridad" y satisfecha de haber obtenido una declaración conveniente para la campaña de su partido en Aragón. Había logrado combustible, por tanto, para el candidato Azcón.
No fueron Caballero ni Dívar las portavoces que más se explayaron con el caso Salazar. Lo hizo la socialista Lirio Martín. Tras acusar al PP de "tapar una acusación de acoso" contra el alcalde de Móstoles, Manuel Bautista, por parte de una exedil de la corporación, como publicó este jueves El País, la senadora cargó contra su excompañero. Las mujeres que le denunciaron, "de acuerdo con su relato", fueron objeto de "comportamientos intolerables, de un machismo intolerable". Fueron conductas "incompatibles con la militancia en el PSOE" y por eso este jueves intervenía, dijo, "con el dolor y la indignación" que siente como socialista y como mujer "militante y socialista".
"Señor Salazar, usted erró en su comportamiento, no tuvo un comportamiento adecuado hacia mis compañeras de partido y eso se lo tengo que reprochar como socialista y como militante socialista. Y lo lamento mucho y espero que usted también lo lamente: este tipo de comportamientos nos avergüenzan". El presidente de la comisión la reconvino y le pidió que "centrara" su discurso. Martín reconoció entonces que el PSOE falló en la "comunicación" y que no fue "rápido a la hora de ofrecer respuestas". "Pero vamos a proteger a las mujeres fortaleciendo nuestro protocolo, la prevención, la protección a las víctimas frente al ruido y la hipocresía", acabó.
La portavoz socialista, Lirio Martín, le recrimina su actitud con las mujeres y reconoce que el partido falló en la comunicación y no fue "rápido a la hora de ofrecer respuestas". "Vamos a protegerlas"
No había ninguna pregunta en la intervención de la senadora socialista, pero Suárez sí permitió a Salazar darle réplica pese a "toda la diatriba que ha soportado". Y él regresó sobre sus pasos: "En todo el tiempo que he tenido responsabilidades profesionales, a todas las compañeras con las que he trabajado las he respetado como profesionales y como mujeres. Siempre".
Las preguntas del PP se dirigieron sobre todo a su etapa previa. Al momento a partir del cual comenzó a colaborar con Sánchez. Fue en 2017, en las primarias que finalmente ganó a Susana Díaz. En aquella campaña interna, Salazar vivía en Dos Hermanas y trabajaba para el Ayuntamiento que dirigía el socialista Quico Toscano, uno de los principales impulsores del hoy presidente. Acudía a Madrid de forma "esporádica", en su "tiempo libre", y fue entonces cuando compartió piso "durante dos semanas" con Cerdán, aunque ambos también se alojaron en hoteles o apartamentos. No tuvo nada que ver, dijo, con la financiación de la precampaña interna, cuando Sánchez captó fondos vía crowdfunding a través de la plataforma Bancal de Rosas. Él no se dedicaba a los asuntos financieros, sino a la logística y a la comunicación de los mítines del candidato.
Tras vencer en aquellas primarias, Salazar pasó a formar parte de la ejecutiva. Reconoció en el Senado que cobró en efectivo "cantidades pequeñas" para cubrir gastos de transporte, pero no era él de los que más se movía por el territorio. "He recibido de la tesorería del partido [dinero] por gastos por transferencia y en alguna ocasión en efectivo", pero siempre cobró "contra factura". No percibió "ni del partido ni de nadie" por cuestiones que "no tengan que ver con una nómina". Es decir, que no hubo sobresueldos. Asimismo, el exdirigente se mostró "convencido" de que no hay financiación ilegal del PSOE. "Yo he tenido acceso a cómo funciona. Hay control interno, auditorías externas y luego pasa por el Tribunal de Cuentas", razonó.
Salazar niega haber visto irregularidades cuando trató con Ábalos o Cerdán, se muestra "convencido" de que no hay financiación ilegal en el PSOE y cuanta que cobró gastos por banco y en efectivo
A Sánchez no le conocía apenas antes de aquellas primarias de 2017 en las que se enroló, pero con el tiempo sí se llegó a crear entre ellos un "vínculo", una "relación de afecto", pero sin llegar a la amistad personal, precisó, y desde hace siete meses no ha vuelto a hablar con él. Tampoco vio el célebre Peugeot en el que se desplazaban Sánchez, Ábalos, Cerdán y Koldo García, ni percibió comportamientos irregulares en los tres últimos. "Jamás vi nada extraño", arguyó. Negó conocer o tratar al empresario Antxon Alonso, a Leire Díez —presunta fontanera del PSOE—, Vicente Fernández —expresidente de la SEPI— y otros investigados en la supuesta trama.
Dívar siguió preguntando por su paso por la Moncloa y hasta por el Hipódromo de la Zarzuela. La tesis del PP es que el PSOE le ha amparado para que calle.
—¿Qué sabe usted del Partido Socialista, señor Salazar? —interrogó la senadora popular—. ¿Qué sabe usted de la financiación de las primarias? ¿Qué sabe usted de la posible financiación irregular del Partido Socialista? ¿Qué sabe usted de la corrupción del PSOE? ¿Qué sabe usted de Pedro Sánchez, señor Salazar, para que usted se le haya protegido como se le ha protegido?
—Usted ha estado aquí mientras ha intervenido la portavoz del Partido Socialista y habrá visto en los medios de comunicación. ¿De verdad piensa que me han protegido? —inquirió de vuelta Salazar.
—Yo pienso que le han protegido y luego han sobreactuado porque no quedaba más remedio. Hombre, por favor. Ellos intentaron protegerle a usted. Eso no me lo puede negar —retrucó la senadora Dívar.
El PSOE quiere pasar página de un ex alto cargo que ha sido mano derecha del presidente pero que también siente responsable de un enorme boquete reputacional, sobre todo en el voto femenino
—No me he sentido protegido, sí puedo expresar eso.
Las palabras de Salazar sonaban a un cierto resquemor, aunque sin ahondar en las críticas, con los que hasta hace muy poco eran sus compañeros de partido. Porque su partido, en efecto, quiere pasar página de él. No le acompañó a su llegada a la comisión Koldo, ni quiso mostrar medio gramo de comprensión. El exdirigente, en esto en el PSOE no hay controversia, ha generado un enorme boquete, hundiendo la reputación de una formación ya muy herida. Sobre todo entre las mujeres, el granero de voto fundamental de Sánchez.
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