Nunca unas elecciones aragonesas habían agitado tanto el panorama político. Bien es cierto que es la primera vez que se celebran en solitario, pero los comicios en una región que representa el 3 por ciento del total de la población española se han convertido en una especie de ensayo de generales en la que los nervios están a flor de piel. Aragón vuelve a ser el Ohio de España con el permiso de Castilla y León y de Andalucía, que celebran autronómicas en marzo y junio, respectivamente. En la última semana de campaña han subido la temperatura y las escaramuzas, también las acusaciones cruzadas de guerra sucia y los enfrentamientos a cara de perro incluso entre formaciones condenadas a entenderse.

Este jueves eclosionó una bronca entre el Partido Popular y Vox a través de las redes sociales. Santiago Abascal acusó a los populares de guerra sucia tras la revelación, en el diario ABC, de unos audios en los que cargos de Vox de Aragón arremeten contra la dirección nacional de Bambú. Según Abascal, una mano negra movida por los hilos de Génova estaba tras esta filtración, destinada a mermar sus buenas opciones electorales. "El PP se lanza a la guerra sucia contra Vox para que no se hable de su estafa y de su corrupción reciente en Almería y en Alicante; en la que también se están investigando supuestos contratos que ha recibido la señora de Guitarte", aseveró el líder de Vox mezclando todo como en una coctelera.

Tensión en el bloque de la derecha

Acusación que el PP replicó con un "hasta aquí hemos llegado. No es Génova quien llama inútil o puto basto al presidente nacional de Vox" y apostillaba, en una subida de tono inédita, "que no focalice ni sus complejos ni las miserias de su partido en el PP". A partir de ahí se desató una guerra de descalificaciones en X que denota la tensión en el bloque de la derecha, a la pugna por una base electoral concomitante. Uno aspira, el PP, a no ceder terreno para conservar lo que tiene y, a ser posible, subir algún escaño por Zaragoza y Huesca. Y Vox está empeñada en arrascar el último voto posible para hacerle el sorpasso al PSOE en Zaragoza capital y Teruel, pero, sobre todo, condicionar al futuro gobierno popular en la región.

Que el PP 'fiche' para el cierre de campaña al activista ultra Vito Quiles -antes en la lista de 'Se acabó la fiesta' de Alvise Pérez- y a Los Meconios, a quien se identificó ideológicamente con los de Abascal, ofrece una idea bastante aproximada de la guerra de nervios desatada entre los populares y Vox. Un fichaje cerrado el pasado jueves, muy probablemente al calor de los últimos sondeos, que no se pueden publicar desde el pasado lunes. En los últimos días los llamamientos han sido más que explícitos al voto del cabreo. "No es lo mismo votar a Vox que al PP", defienden los populares.

Guerra de guerrillas entre el PSOE y el PP

Pero esta guerra electoral tiene otros frentes porque se superpone a la que protagonizan PP y PSOE a la vista de todos. El PSOE sienta a Núñez Feijóo el pasado lunes ante la comisión de la dana del Congreso. Los populares el viernes a Francisco Salazar en la 'comisión Koldo' del Senado a tan sólo tres días de las elecciones. Ese mismo día se conoce la información publicada en El País de una denuncia por acoso sexual y laboral de una concejala de Móstoles, ya fuera de la política" contra el alcalde de esta localidad madrileña, el popular Manuel Bautista. "Es un caso fabricado contra el PP", dice la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Feijóo asegura que la denuncia se archivó por falta de pruebas. El objetivo, dice Ayuso ante el pleno de la Cámara autonómica, es hacerle la campaña a Pilar Alegría. La consigna en el PP es aguantar este tema hasta el domingo. Una vez pasadas las aragonesas, ya se verá si se desinfla o se toman decisiones.

Entre medias se va revelando una campaña frenética de los socialistas en Aragón muy alejada de la imagen de moderación y serenidad que pretende transmitir la ex portavoz del Gobierno, en una estrategia incluso naif. Ha tenido la mala suerte de ser la primera ex ministra sanchista en someterse a las urnas. Su derrota es la derrota de Pedro Sánchez. Los votantes más mayores reciben llamadas del ex presidente de Aragón Marcelino Iglesias afirmando que el PP ha votado en contra de que "suban las pensiones a nuestros abuelos", en referencia al decreto ómnibus que ahora va a ser troceado y que PP y Junts sí van a respaldar.

La estrategia de Moncloa para usar el decreto ómnibus en la campaña, al descubierto

La estrategia de Moncloa llevando al pleno del Congreso un texto que sabía iba a ser derrotado, queda al descubierto. Los "call center" echan humo para movilizar al voto socialista. Se instala la idea de que el resultado para Alegría es peor que el que los sondeos auguran, aunque no haya ninguna intención de montarle una gestora a la ex portavoz del Gobierno como se hizo con Miguel Ángel Gallardo en Extremadura. Sánchez cierra campaña riéndose de Feijóo por haber equivocado el nombre de una empresa cárnica aragonesa que visitó hace unos días. Fribin se convirtió, en boca de Feijóo y por ocho veces, en Brifín. Los militantes socialistas aplauden a su líder puestos en pie y él sigue al mejor estilo de un monólogo humorístico y ridiculizador. Alegría aplaude.

Y a las izquierdas alternativas les pasa otro tanto. Se parten la cara por un nada despreciable 14 por ciento del electorado, pero divididos y enfrentados. Chunta es la que se siente más fuerte y con posibilidades de crecer, marcando distancias con el resto de la izquierda estatal. A Podemos los sondeos no le dan ninguna posibilidad por mucho que haya confrontado con IU-Movimiento Sumar por ser parte del Gobierno de Pedro Sánchez. Morados, magentas e IU también juegan el juego de la política nacional y ahora parece tener todas las de perder el partido de Ione Belarra, quien puede quedarse a cero. Si en Extremadura, donde no concurría Sumar, dieron por enterrada a la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, ese discurso se les puede volver ahora en contra.

PAR y Aragón Existe como alternativa a Vox

Entre el PAR y Aragón Existe también se entrecruzan acusaciones de guerra sucia. El partido que fundara Hipólito Gómez de las Roces en 1978, y que llegó a sentar diputados en el Congreso, está a un paso de la extinción política y lanza dudas sobre la honorabilidad de Tomas Guitarte y las empresas de sus familiares. El asunto eclosionó en el debate televisivo a ocho y no se ha dejado de arrastrar desde entonces, en una estrategia que bascula entre la mera supervivencia y los intentos por mantener resultados. Estas son las otras dos fuerzas políticas que podrían sostener un gobierno de Jorge Azcón sin que quedara en manos de Vox, pero muy difícilmente sumarán los 34 escaños mínimos de la mayoría absoluta.

En definitiva, un escenario de altísimo voltaje sujeto a una interpretación en clave nacional de los resultados, marcado por dos tendencias ya inauguradas en Extremadura y a punto de consolidarse en Aragón, esto es, el ascenso de Vox y la caída libre del PSOE de Sánchez, con un PP aventajado, pero amenazado también por el crecimiento de los ultraconservadores.