No era en realidad ningún secreto pero los documentos desclasificados este miércoles por el Gobierno sobre el 23-F lo confirman: la mayoría de los guardias civiles que acompañaron al teniente coronel Antonio Tejero al Congreso no sabía qué iban a hacer allí. Acudieron "engañados". Solo una "minoría" estaba realmente "comprometida" con el golpe de Estado finalmente fracasado.

El archivo Actuación del Cesid ante la situación provocada por los incidentes en el Congreso, publicado desde este mediodía en la web de la Moncloa, describe qué hicieron los servicios secretos de la época, el precursor del actual Centro Nacional de Inteligencia (CNI), para neutralizar la rebelión militar.

El documento mecanografiado señala primero que "cortada bruscamente" por el pronunciamiento de Tejero en la Cámara baja "la relación del Cesid con su mando natural", la dirección en funciones del centro "actuó en consecuencia". La relación se mantuvo tanto con el PREJUJEM (presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor) y con la Capitanía General de la I Región Militar, con sede en Madrid y dirigida por Guillermo Quintana Lacaci.

Entre los objetivos de los servicios secretos figuraba una "acción psicológica sobre los ocupantes del Congreso" vía megáfono, cortar la llegada de refuerzos o emitir un mensaje "tranquilizador"

Entre los objetivos que se marcaban desde el Cesid, que la autoridad militar asumiese el control y diese un comunicado a través de los medios, que se realizase "una acción psicológica sobre los ocupantes del Congreso" vía megáfono, que se "aislase" la zona de la Cámara baja para "cortar refuerzos", que se desplegasen acciones "en caso de rendición" o se lanzase un comunicado "de efectos tranquilizadores". Asimismo, se emitieron recomendaciones para buscar que la Capitanía General de la III Región Militar, la de Valencia, comandada por el teniente general golpista Jaime Milans del Bosch, depusiera su actitud, para negociar "una salida pactada" y para contar con "previsiones para la rendición".

El informe de los servicios secretos narra que, en esa tarde del 23-F, un miembro del Cesid "estuvo en contacto con el general de la Guardia Civil [Manuel] Prieto en relación con las gestiones para disuadir al teniente coronel [Antonio] Tejero". Además, dos directivos del Cesid "lograron penetrar" en el Congreso y hablar "con los jefes de los allí encerrados", Antonio Tejero, Camilo Ménendez Vives y Ricardo Pardo Zancada. "Estos explicaron su actitud, que en aquel momento parecía irreductible, y no pusieron ninguna dificultad para la salida posterior del personal del Cesid", reza el texto.

Otros miembros de los servicios de inteligencia "pudieron entrar igualmente en el Congreso y hablar con algunos de los números de la Guardia Civil participantes en la ocupación". "Se supo enseguira que el núcleo verdaderamente comprometido [con el golpe] era una minoría, y el resto habían ido engañados", precisa.

Se decidió pasar a la situación de "alerta verde". Se montaron enlaces con diversas instituciones y se articuló un despliegue informativo con enlace radio de todos los accesos a Madrid

Desde los "primeros momentos", el Cesid montó "un centro de operaciones" que, "como elemento auxiliar del mando", dirigió el conjunto de las actuaciones de aquellas horas. Entre las decisiones tomadas, la de pasar "a la situación de alerta verde, de acuerdo con los planes de seguridad establecidos" y que afectaba a "todos los órganos" de la Casa. También se montaron enlaces con la Dirección General de la Guardia Civil, la Capitanía General, el Estado Mayor del Ejército, la Comisación General de Información y la Inspección General de la Policía Nacional. Asimismo, se articuló un "despliegue informativo con enlace radio de todos los accesos a Madrid", se desplegaron "elementos de los departamentos en el interior de la capital con las mismas finalidades" y se ordenó que los sectores dieran parte normal "cada dos horas".

El documento recalca que ese despliegue produjo un flujo continuo de noticias que se fueron poniendo "en conocimiento del mando y de las autoridades militares y de las Fuerzas de Seguridad del Estado". "En todo momento se estuvo al corriente de las actitudes de los grupos de extrema derecha", añade. Todo ello permitió disponer de una "información veraz e inmediata del desarrollo de los acontecimientos", pues en diversas ocasiones "los elementos del dispositivo se encontraban en el lugar de los hechos, lo que permitió, por otra parte, desmentir rumores infundados y facilitar la toma de decisiones".

En el Congreso se realizaron dos acciones: una exterior, de información de lo que ocurría en los alrededores, y otra en el interior, para intentar que los asaltantes depusieran su actitud

En el Palacio del Congreso hubo dos acciones: una "exterior de información de los acontecimientos en los alrededores" y otra "en el interior del mismo a cargo de dos directivos que lograron hablar con los ocupantes intentando disuadirles de su actitud". El despliegue fue "levantado parcialmente" a las cuatro de la mañana del 24 de febrero, "dejando retenes en cada una de las carreteras y replegando los equipos a sus instalaciones en alerta del desarrollo de los acontecimientos". Y a las 14 horas de ese día, 24 de febrero, "se repliegan los retenes mantenidos hasta entonces".