Lo de la negociación en Extremadura para la investidura de la popular María Guardiola parece una ducha escocesa. Cuando todo apunta a que el diálogo entre ambas formaciones se encauzaba tras las conversación de hace una semana entre Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, un repentino giro de guion devuelve todo a la casilla de salida.

El temor a una repetición electoral el próximo 3 de mayo movilizó el pasado lunes a la dirección nacional del PP en una decisión inédita. No era tanto la intervención directa de Génova en una negociación de carácter autonómico, pues a fin de cuentas ya medió en este territorio en 2023. Lo realmente novedoso fue la redacción de un documento marco con las reglas del juego y las líneas rojas de los pactos postelectorales en todas las Comunidades. Una guía que obliga tanto a Guardiola, como al aragonés Jorge Azcón y al castellanoleonés Alfonso Fernández Mañueco.

Pero donde las urgencias aprietan es en Extremadura. La reunión prevista para el pasado jueves en Mérida entre dos delegaciones de ambos partidos se aplazó sine die tras haberse publicitado. Vox se aferró a este detalle para abortar el nuevo intento de acercamiento. Iba a ser el primer encuentro en el que participara el secretario general popular, Miguel Tellado, quien iba a intervenir telemáticamente desde Madrid pues se celebraba pleno en el Congreso. Una vez más, el PP quiso rebajar la tensión y habló de "problemas de agenda", aunque no es descartable que haya habido comunicación, discreta, sin ruido, en los últimos días.

Este martes por la tarde arranca la sesión de investidura; se vota el miércoles y el viernes

Este martes arranca en el Hospital de San Juan de Dios de Mérida, sede del parlamento autonómico, la primera sesión de investidura de Guardiola. Y salvo sorpresa de última hora, Vox le hará pasar por la humillación de ver rechazada dicha investidura tanto en la primera ronda del miércoles, como en la segunda, el viernes. Es una votación pública por llamamiento. Si Vox une su rechazo a PSOE y Unidas por Extremadura, la baronesa popular en funciones tiene por delante otros dos meses para intentarlo. Los populares todavía se aferran a la idea de un pacto de última hora antes de la segunda votación en la Asamblea extremeña. Arguyen que "el acuerdo está hecho" a falta de su firma, tanto que podría haberse rubricado hace un mes para dotar de estabilidad política a esta comunidad.

A esta idea se aferró el pasado viernes la portavoz de los populares en el Senado, Alicia García. Afirmó que "cuatro días en política dan mucho de sí", aunque reivindicó los resultados de su compañera de filas,esto es, 29 escaños, frente a los 11 de Vox, y un porcentaje superior al 43 por ciento de voto. "No podemos separar que existe una mayoría, que el Partido Popular ganó las elecciones, que la tercera fuerza fue Vox y, por tanto, el objetivo del Partido Popular no es otro que convertir esa mayoría en gobiernos estables y, sobre todo, eficaces para los extremeños", dijo la portavoz parlamentaria.

Vox ha perdido el senador por designación del parlamento extremeño

Precisamente, Abascal ha perdido uno de los tres senadores que sentaba en el Palacio de la plaza de la Marina Española. El bloqueo político en Extremadura ha dejado fuera a Ángel Pelayo Gordillo, quien ejercía de portavoz de su partido en la 'comisión Koldo'. De los dos parlamentarios que la Asamblea extremeña lleva a la Cámara Alta ahora uno es del PP y el segundo del PSOE, reparto correspondiente a las dos fuerzas más votadas el 21-D.

La sensación generalizada es que la investidura no se despejará hasta las elecciones castellanoleonesas del 15 de marzo, más por el interés de Vox que del PP. Si fuera por Génova, tanto Extremadura como Aragón serían capítulos cerrados una vez han normalizado los pactos con el partido de Abascal.  A la fuerza, ahorcan, que dice un dicho popular. Pero frente a ellos encuentran un muro y la sospecha generalizada de que Vox "no quiere pactar".

Desconfianza en Aragón

Ese es el mismo espíritu que ahora impregna a los populares aragoneses. En el entorno del presidente en funciones, Jorge Azcón, desconfían de las verdaderas intenciones de Vox y eso que las relaciones entre ambos partidos en la región siempre han transcurrido por unos cauces mucho más civilizados que en Extremadura, donde el componente personal pesa mucho. Además, este viernes arrancó la campaña para las elecciones en Castilla y León, tras las cuales volverá a reproducirse la dependencia de Vox.

Dicen los populares que no hay excusas "para no avanzar en las negociaciones" y que el documento marco para ordenar los pactos y alcanzar gobiernos estables en las Comunidades Autónomas conocido el pasado lunes y remitido a la sede de Bambú, no persigue más que clarificar la posición del PP. Un texto que recoge, además, todos aquellos asuntos que han sido objeto de negociaciones previas entre ambos partidos. Abascal dijo sentirse poco menos que insultado, como un "salvaje". Una reacción que pilló a Génova con el pie cambiado.

Feijóo, de campaña en Castilla y León

Mientras se deshoja la margarita extremeña y su lugarteniente, Miguel Tellado, le va informando de las últimas novedades en ese territorio, el líder del PP se va a centrar en la campaña de Castilla y León. Los sondeos pintan bien para los populares, incluido, sorpresa, el CIS. Un cierto repunte y algo de estancamiento para los ultras, no obstante, nada les va a librar de volver a quedar en manos de ellos una vez se cierren las urnas.

La diferencia sustancial con los socios y aliados parlamentarios de Pedro Sánchez es que éstos están dispuestos a sostenerle a cambio de exigencias y prebendas políticas de todo tipo, pero ninguno aspira ya -en otros tiempos sí Podemos- a sustituir al PSOE.  Abascal juega al juego de otros socios europeos ultraconservadores como Orban en Hungría, sin prisas, y, ya de paso, va purgando a todos aquellos con los que confundó Vox - igual que Podemos. No aspira a gobernar con el PP sino a protegerse para dar el sorpasso a Feijóo a lomos de la ola que impulsa a la ultraderecha en occidente.