"Cómo Pedro Sánchez se convirtió en la némesis de Donald Trump en Europa". El artículo con ese título acumulaba este jueves visitas y visitas en el prestigioso diario británico Financial Times. A media tarde, continuaba en la lista de los textos más leídos —el tercero, para ser exactos—. "El presidente del Gobierno español le dice al presidente de Estados Unidos lo que ningún otro líder europeo se atreve a decir, pero algunos creen que ha cometido un error de cálculo", sostenía el rotativo, que recordaba uno de los pasajes de su dura intervención del miércoles en la Moncloa, cuando afirmó que es "inaceptable que aquellos dirigentes que son incapaces de cumplir con ese cometido usen el humo de la guerra para ocultar su fracaso y llenar de paso los bolsillos de unos pocos, los de siempre". Un "tipo de pulla", continuaba el periódico económico, "que rara vez se escucha de forma tan explícita por parte de un líder de la UE". "Algunos han intentado apelar a la vanidad y a los intereses personales de Trump, ya sea mediante visitas de Estado, regalos lujosos o torneos de golf. Otros han optado por la imitación ideológica o simplemente han restado importancia a sus evidentes desacuerdos. Pero Sánchez, que es el líder socialista más veterano de la UE y se sitúa más a la izquierda que su homólogo británico, Keir Starmer, es el único que está plantando cara al presidente estadounidense".
Sánchez, visto como la personificación de la resistencia europea frente al presidente norteamericano. Es justo la imagen que la Moncloa ha ido afianzando en el último año y que rindió al máximo después de que Trump, en uno de sus arranques de ira, amenazara con cortar toda la relación comercial con España después de que le negara el uso de las bases de Rota y Morón para bombardear Irán. El presidente respondió recuperando el No a la guerra, regresando al potente grito de 2003 que sacó a las calles a miles de ciudadanos en protesta contra la invasión estadounidense de Irak que el Gobierno de José María Aznar apoyó activamente. El Ejecutivo está convencido del potencial movilizador de ese discurso, del No a la guerra. Como también tienen claro en el PSOE que ese antitrumpismo que encarna Sánchez, y que reflejaba Financial Times este jueves, es el combustible que puede activar al electorado progresista, sobre todo de cara a unas generales que se prevén para julio de 2027. Para dentro de algo más de un año.
El análisis de la dirección es que el partido sufre un grave problema de desmovilización. No se ha producido, creen, una fuga en masa de sus votantes a otros partidos. Su fallo es la abstención
El análisis en la dirección socialista es que el partido sufre un grave problema de desmovilización de los suyos, que padeció sobre todo en Extremadura el 21 de diciembre, en menor medida en Aragón el 8 de febrero y que reflejan todas las encuestas. No se ha producido, creen, una fuga en masa de sus votantes a otros partidos —el trasvase a Vox, del que tanto se ha hablado en las últimas semanas, estiman que es bastante anecdótico y no suficientemente representativo—, sino una buena parte de su parroquia que prefiere quedarse en casa. Que no ve razones para volver a apostar por el PSOE.
Y, en ese sentido, en la cúpula de Sánchez celebran la contundencia expresada por el presidente en su declaración institucional (y sin periodistas delante ni preguntas) del miércoles, porque precisamente facilita a los electores progresistas "motivos" para salir de su casa y volver a confiar en el PSOE.
En Ferraz asumen que el antitrumpismo es un motor más potente que el puro miedo a Vox —su franquicia en España— a la hora de despertar y galvanizar a los votantes de izquierdas. Porque la huella del presidente norteamericano es diaria, explican, porque sus políticas irradian en todo el mundo y asustan a buena parte de los electores. No solo ahora por su decisión de atacar a Irán sin un objetivo claro, sino hace dos meses por el secuestro / captura de Nicolás Maduro, su agresiva política arancelaria —declarada ilegal por el Tribunal Supremo de EEUU— o las persecuciones migratorias de los agentes federales del ICE. El antitrumpismo es la "evolución" de esa agitación del miedo a Vox, la estrategia que fue central en la campaña de las generales de julio de 2023, hasta el punto de que permitió a Sánchez retener la Moncloa contra todo pronóstico y menos de ocho semanas después del batacazo en las autonómicas y municipales de mayo.
Pedro ya no es solo líder antiVox. Es el referente antitrumpista en el mundo", apuntan en Ferraz. Para un ministro, "Sin duda tiene más potencial movilizador el antitrumpismo que el miedo a Vox"
"Es que son cuestiones relacionadas entre sí. Vox es lo más parecido a Trump que tenemos por aquí. Vox gobierna en un centenar de ayuntamientos con el PP y condicionando al PP en casi todas sus CCAA, y va subiendo. Es un proceso superpeligroso para nuestra democracia y nuestra convivencia. Y Pedro ya no es solo el líder antiVox. Es el referente antitrumpista en el mundo", apuntan desde la dirección federal. "Sin duda que tiene más potencial movilizador de nuestra gente el antitrumpismo que la alerta frente a Vox", apuntala un miembro del Consejo de Ministros.
La ira de los tecnoligarcas
La identificación del PSOE y de su líder como la antítesis del presidente norteamericano —como su "némesis", en palabras del Financial Times—, anticipan en Ferraz, operaría con más eficacia en las generales, y menos en las dos autonómicas programadas para este año, las de Castilla y León del 15 de marzo y las de Andalucía aún sin fecha pero que deberán celebrarse antes de que concluya junio. "Aunque ahora mismo nuestra gente está de subidón, esperemos que tengamos menos abstención", apostilla una responsable de la cúpula. Y es que por eso en la Moncloa siempre han advertido, como ha repetido Sánchez, que las generales llegarán en su momento, en julio de 2027, porque para entonces se espera que el electorado "reaccione" a los pactos de PP y Vox, que se sumará a los efectos de la política de Trump.
Sánchez también ha combatido a magnates como Musk, el dueño de X, o Dúrov, el consejero delegado de Telegram, y ha anunciado medidas para poner coto a las redes sociales en menores
En el estado mayor socialista se subraya que no solo funciona el rechazo al mandatario republicano, sino el recelo a la "injerencia" de EEUU. Canalizada a través de Trump, pero no solo. También a través de los tecnoligarcas, a los que Sánchez también combate. Especialmente Elon Musk, dueño de X y Tesla. "A veces los nuestros nos preguntan de broma que cuánto pagamos a Musk", apuntan con sorna en la dirección, en alusión a los constantes ataques que el hombre más rico del mundo lanza al presidente del Gobierno. Ya en la recta final de la campaña de las elecciones de Aragón, el líder socialista anunció que el Ejecutivo prohibirá el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años y promoverá el fin de la impunidad a los directivos para que sean los que legalmente afronten las infracciones que se cometen en sus plataformas digitales. Enseguida salieron en tromba, insultos y acusaciones gruesas mediante, tanto Musk como Pável Dúrov, fundador y consejero delegado de Telegram.
También las críticas constantes de Trump —este jueves llamó "perdedora" a España y "muy hostil" a la OTAN "y a todos"— y la defensa de Sánchez de la "soberanía nacional" han despertado, a juicio de Ferraz, el orgullo patrio, y está haciendo, según han observado, por ejemplo en redes sociales, que incluso voces a la derecha apoyen la posición del Gobierno. El ministro de Transportes, Óscar Puente, reemplazó su foto de perfil en X por una imagen de la bandera de España. Un gesto que hablaba por sí mismo y que venía a señalar al PP, en línea de lo que aseguraba una dirigente federal: "Cuando al PP le toca sacar la bandera, saca la de EEUU" y no la de España. Este jueves, la ministra de Defensa, Margarita Robles, señalaba que no es "aceptable" que Trump hable "con ese desprecio de España", un país que cumple sobradamente con sus compromisos con la OTAN y la UE con el aval internacional y que tiene a miles de militares desplegados en misiones de riesgo.
A seguir cimentando su perfil de referente antitrumpista contribuirá la cumbre internacional de líderes progresistas que se celebrará en Barcelona el 17 y el 18 de abril, en cuya preparación Ferraz está volcada ahora mismo. Sánchez será el anfitrión de la primera reunión de la Global Progressive Mobilisation. Un encuentro de primer nivel que surge después de las conversaciones entre el propio Sánchez, líder de la Internacional Socialista, con el presidente del Partido de los Socialistas Europeos (PES), el sueco Stefan Löfven, y con los partidos que integran ambas formaciones, conjuntamente con la Alianza Progresista —la red que agrupa al SPD alemán y a los laboristas británicos— y con otras plataformas. A la cita acudirá el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, con quien Sánchez anunció este miércoles que celebraría una bilateral el 17 de abril. La cumbre servirá de coronación del líder socialista español como referente progresista en todo el mundo.
El envío de la 'Cristóbal Colón' para una acción defensiva
Gobierno y PSOE dan por hecho que España no se quedará sola en su plante ante Trump. Este jueves, tanto en el Ejecutivo como en el partido hacían circular la noticia de que la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, sin lugar a dudas favorita del mandatario republicano, se alineaba con Madrid en lo relativo al uso de las bases estadounidenses en su país: "Italia no está en guerra y no quiere estar en guerra", subrayó la dirigente ultra. Roma coincide con que la agresión de EEUU a Irán ha tenido lugar "violando el derecho internacional" y "el uso de las bases militares italianas será el mismo que el de las españolas y de Sánchez". Cualquier decisión sobre las instalaciones militares en Italia, además, deberá ser refrendada por el Parlamento.
El Gobierno se fija en las palabras de Meloni, la gobernante europea favorita de Trump, que quiere que el uso de las bases militares italianas sea el mismo que el de las españolas
Sánchez no piensa apearse de su postura contraria al ataque a Irán y al no al uso de las bases de Rota y Morón para bombardear al régimen de Teherán. De hecho, no dejó colear la afirmación de la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, de que España había comenzado de nuevo la cooperación militar con EEUU. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, lo desmintió "tajantemente" y lo mismo hizo este jueves Robles en la SER.
Lo que sí hará España es enviar a Chipre la fragata Cristóbal Colón, la más moderna de la Armada española, para dar soporte al portaaviones francés Charles de Gaulle, precisamente para dar protección y defensa a la isla mediterránea después de que la base británica ubicada en el país sufriera el ataque de Irán. Se trata de una misión defensiva, y no ofensiva, ha insistido el Gobierno, y que da cobertura a un socio de la UE que además preside el Consejo de la Unión este semestre. El órdago al trumpismo no es una bandera que el Ejecutivo vaya a arriar. Ahora, menos que nunca.
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