Santiago Abascal no tiene prisa por cerrar los acuerdos con el PP en Extremadura y Aragón, para lo que todavía queda de plazo hasta el 4 de mayo. El límite para lograr investiduras. Mientras que Alberto Núñez Feijóo y los suyos vienen insistiendo en que cuanto antes mejor, Vox pisa el freno. La posibilidad de que el desbloqueo a María Guardiola -y poco después a Jorge Azcón- se de después de Semana Santa sigue ahí, para evitar aproximarse más de la cuenta a la campaña de Andalucía, aunque por ahora se aleja una reunión prevista por los populares para esta semana, en la que se quería avanzar y cerrar un acuerdo programático.
Difícilmente Vox forzará repetición de elecciones. Más cuando la sintonía demostrada en las negociaciones en Extremadura está siendo buena, tras un giro de posiciones, a diferencia de la mantenida con Génova. Hay una duplicidad en Bambú, eso sí: disposición a pactos con los barones del PP y presión en lo posible a Feijóo y su aparato nacional. Los motivos son principalmente estratégicos: la meta es conseguir una hazaña que otros socios europeos sí han conseguido, el ansiado sorpasso, y para ello es fundamental un distanciamiento notable sin que eso de oxígeno a la izquierda. Esa distinción del PP de Feijóo respecto a sus barones lo permite.
Para ese auge es fundamental atraer a otros nichos electorales más allá de los del centroderecha, incluso los que bordean las fronteras del sistema y entre los que se ven fuera de él. Para ese objetivo de sustitución de los populares, Vox cambió progresivamente su discurso, propició una lepenización, no tanto en asemejarse a Le Pen, sino adoptar sus marcos discursivos para hacerse más votable a todos los públicos con un relato de impugnación, de propuesta protesta.
Ahora se está en la frontera del 20% prácticamente, y el deseo es de seguir sumando en el próximo lustro hasta rozar la treintena como Meloni en Italia. En ese camino, la inmigración se ha configurado como eje principal de diferenciación de Génova, y a la vez como elemento vertebrador del resto de los discursos: en vivienda, en sanidad, educación y servicios públicos, o de identidad cultural.
Mientras Vox consolida ese discurso -no sin el rechazo de figuras fagocitadas como el ala liberal e Iván Espinosa de los Monteros-, fuentes críticas con Vox que conocen el funcionamiento interno apuntan a otro elemento importante que hay que tener en cuenta para entender esa confrontación de Abascal contra su ex partido, donde militó hasta noviembre de 2013: "El odio que Julio Ariza y su entorno tiene al PP". Señalan que ese "odio" se habría ido extendiendo a la cúpula del partido, a la primera fila, condicionando las decisiones posteriores del partido. Sobre todo tras la última etapa de Intereconomía y la decepción con el primer Gobierno de Mariano Rajoy.
Ariza no encontró el respaldo de Rajoy con su entrada en Moncloa tras años de promoción en programas de Intereconomía
Ese "odio" se incrementa con la influencia de Gabriel Ariza en la toma de decisiones, pero más en concreto con la participación de Kiko Méndez-Monasterio, exdirectivo de Intereconomía y exdirector de La Gaceta antes de su reconversión de su mano a periódico de Vox. Es el gurú de Abascal, y conforme su influencia ha crecido igualmente lo ha hecho la dureza de discurso contra el PP. Ello se refuerza con figuras que militaron en el PP y acabaron saliendo desencantadas. Tanto diputados actuales, como eurodiputados.
Las fuentes consultadas aseguran que ese rechazo al PP estuvo presente desde que se firmaron los primeros pactos de coalición en 2023 -y de Castilla y León en 2022-, y que desde el minuto uno se partía con la idea de tirar y confrontar en lo posible para desgastar -una presión que se visibiliza a día de hoy-. Finalmente, se rompió un año después, en julio de 2024, cuando una acogida de menores inmigrantes asumido por los gobiernos del PP precipitó la salida en bloque. "Fue el pretexto, pero pesaron las encuestas", se ha reconocido entre los críticos de Vox recientemente. Ni en Valencia, ni en Valladolid ni en Murcia estaban de acuerdo con esa decisión, pero se acató.
Se venía de un mal resultado en las generales, con 33 escaños y una pérdida de 19. Y tras altibajos los meses siguientes, la salida de Castilla y León, Extremadura, Aragón, Murcia y la Comunidad Valenciana y la cancelación de la colaboración externa en Baleares les aupó en los sondeos de nuevo. Esa confrontación y distinción del PP les ha mantenido fuertes, hasta romper techos y situarse entre el 17% y el 19% del voto en las autonomías a espera de lo que pase en Andalucía.
La ruptura con el PP de Rajoy
La afinidad entre Ariza y Abascal es total, así como su influencia sobre Vox. Primero, por la amistad que tienen ambos, desde su etapa en el PP vasco y su participación periódica como tertuliano en los programas de la cadena -junto a figuras como Pablo Iglesias-. Segundo, porque gracias a la promoción inicial del grupo mediático Intereconomía, Vox consiguió visibilidad en su primera etapa hasta el salto nacional en 2018 y 2019. Desde el principio, el partido estuvo arropado por Ariza, por lo que "Abascal le debe muchas cosas", recalcan figuras que conocen el asunto. Hay una similitud entre esa promoción a Abascal y al PP de Rajoy previamente.
Su presencia ha sido constante mítines y otros eventos como los Vistalegre. Incluso acabó cerrando la lista por Barcelona en abril de 2019 para las generales de forma simbólica. Ese apoyo a Abascal ha hecho que se compare a Intereconomía -ahora Toro TV, Radio Intereconomía y Radio Libertad- con el respaldo de Fox News para la promoción de Donald Trump, al menos en su primer mandato como presidente de EEUU.
De hecho, un buen músculo de trabajadores o directivos de la empresa ahora forman parte de Vox en labores de comunicación o asesoramiento más allá de Méndez-Monasterio y Ariza. Son el denominado "el búnker" que denuncian los críticos y en torno al que se ha tejido una red de empresas e intereses mutuos [ver más aquí]. Figuras como Jorge Buxadé niegan que exista. Lo abordará en una tribuna de opinión que publicará El Independiente este miércoles.
Esa aproximación de Ariza a Vox, que acaba siendo una relación estrecha, se da por el desafecto que le genera al empresario de medios el primer mandato del PP de Mariano Rajoy. Acaba trasladándose a las siglas ahora presididas por Feijóo. Tras cursar estudios en su Navarra natal, Ariza se trasladó a Barcelona y militó en Alianza Popular en los ochenta y en el PP durante los noventa, cuando consiguió escaño en el Parlament de Cataluña bajo el mando de Alejo Vidal-Quadras -uno de los fundadores de Vox tras abandonar al PP en su etapa europea-. Los acuerdos posteriores de Aznar con Pujol le hicieron salir. Y después se trasladó a Madrid para crear un monopolio mediático.
Durante la etapa socialista Intereconomía fue una de las puntas de lanza de la derecha contra Zapatero, contra lo que representaba, y apoyó notablemente al PP como alternativa. Era cotidiano ver a Rajoy en programas como El gato al agua para entrevistas. Pero posteriormente, después de la victoria por mayoría absoluta de 2011, el PP priorizó un gobierno tecnócrata, con la crisis de fondo, y dejó de lado lo ideológico. Se 'olvidó' de la defensa férrea del aborto o el desmantelamiento de las medidas para la memoria histórica. Ese fue uno de los embriones que permitió dar a luz a Vox de la mano de sus fundadores, hoy fuera a excepción de Abascal.
Pero con la caída de Zapatero, Intereconomía dejó de ser uno de los bastiones de ese antagonismo y cayó en picado; y con ellos sus ingresos. Entró en impagos y acabó en concurso de acreedores. No encontró apoyo institucional del PP en el Gobierno, en cuestiones como publicidad, lo que fue considerado como una traición. Se le reprochó en un cara a cara a Rajoy en un restaurante de Serrano. Ariza se quedó sin su cobertura después de haberle prestado apoyo mediático para el vuelco de Ejecutivo.
En ese descontento coincidió con Abascal, lo que le llevó a implicarse en Vox pese a generar irritabilidad entre algunos populares con los que se movía. Ese paso provocó, ha dicho Ariza en alguna ocasión, la "revancha" del PP, sin concretar.
Se ha llegado a lanzar que ha habido presiones a empresas de la cuerda para no anunciarse en Intereconomía durante ese primer mandato de Rajoy. Ese desplome empresarial se dio a la vez que surgían nuevas cadenas similares para la TDT como 13TV, que se vinculó más con la Conferencia Episcopal -prohibió a Ariza la emisión de la misa los domingos- y conllevó la marcha de periodistas como Antonio Jiménez, que pasó a hacer el mismo formato en El cascabel al gato.
Extiende ese rechazo al PP de Feijóo
Ariza, que ya no es propietario del grupo tras la quiebra y el posterior reflote, sigue influyendo ideológicamente en Vox y lo hace desde conversaciones con Abascal o con apariciones en algunas tertulias de la casa que orientan como una brújula. En junio, por ejemplo, en una intervención en el programa Dando caña, mostró ese mismo rechazo que a Rajoy al PP de Feijóo. Se sorprendía del respaldo del segundo al primero, y por que hubiese sido necesario que Vox arrancase compromisos al PP sobre el español como lengua vehicular en Baleares o sobre el Pacto Verde a cambio de los presupuestos.
A principios de marzo, en ese mismo espacio, desacreditaba a Feijóo por no mantener una posición concreta y oscilar en cuestiones como el pacto UE-Mercosur. Considera que sin Vox un futuro gobierno del PP en solitario con Feijóo a la cabeza acabará priorizando la economía. En esas intervenciones, Ariza traslada que Vox no se mueve por pura confrontación, sino que se mantiene duro con el PP para dar cumplimiento a las promesas hechas a los votantes. Unas promesas que el PP, indica, "defendía con Fraga o Aznar".
La influencia de Ariza en Vox
En la denuncia pública de los críticos por la existencia de ese "búnker", se alude a los negocios de "la familia Ariza" o de la consultora propiedad de Méndez-Monasterio y el hijo de Ariza, Tizona -por más de 1,3 millones de euros el año pasado- con Vox. Una forma de "extraer los recursos públicos" y que pasen legalmente a esas entidades por servicios de comunicación, organización de eventos o impresión de publicaciones.
De hecho, la sede de Vox estuvo entre 2019 y 2020 en la calle Nicasio Gallego de Madrid, un local propiedad de Gabriel Ariza que ahora alberga el ISSEP, también dependiente de Vox del que se benefician tanto Ariza como Méndez-Monasterio.
En una entrevista reciente en El Mundo, Juan García-Gallardo comentaba: "Creo que Santiago tiene una deuda de gratitud con la familia Ariza y con la familia Méndez-Monasterio. Son las que están permitiendo tener ese sobresueldo familiar a través de su mujer". Aludía a la editorial Homo Legens, propiedad de otra empresa del hijo de Ariza, Ivet S.L., que contrató los servicios de Lidia Bedman en asesoría de redes por más de 63.000 euros anuales, un tercio de su facturación en 2024.
Ya en su libro Soy Macarena, la excandidata de Vox en Andalucía y exdiputada, Macarena Olona, denunció que durante las negociaciones de 2019 para aprobar los presupuestos del gobierno de PP-Cs en la región, Bambú exigió al PP -representado por Elías Bendodo, dos de Juanma Moreno en la Junta- que la familia Ariza pudiese acceder a contratos millonarios en Canal Sur mientras "pedían cerrar las televisiones autonómicas".
Fuentes de Vox en Baleares, añaden en conversaciones con este medio que Julio Ariza "colocó" a su yerno Ricardo Camuñas como asesor del grupo parlamentario del Parlament a petición del empresario, tras reunirse con Gabriel Le Senne, presidente de la cámara y quien había sido candidato de Vox en mayo. Lo hace tras las generales de 2023, cuando la bajada de Vox acorta su capacidad de contratación de asesores en el Congreso y Camuñas se queda sin hueco asegurado. La ausencia de vinculación con las islas hace a Le Senne -que comparte con Ariza la pertenencia al Opus- sospechar, hasta el punto de que se define al recién llegado como "espía" para Bambú ante la falta de confianza que sugiere el grupo.
Hasta este momento, la relación entre PP y Vox ha pasado por ciclos que se repiten en el tiempo. Proximidad y ruptura. Viene intensificado desde 2023. Tras la tensión electoral de principios de ciclo, Abascal y Feijóo se telefonearon para desbloquear Extremadura. Tras unos días de tregua, todo saltó por los aires y se volvió al bloqueo que frustró la investidura de Guardiola. Nuevamente se ha abierto el diálogo, y se atraviesa una nueva fase en la que ahora Feijóo está de nuevo apartado.
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