En la sede nacional de Génova todavía no se explican el nuevo ataque de Vox. La carta remitida el pasado miércoles por el secretario general ultra, Ignacio Garriga, a la militancia acusando a Alberto Núñez Feijóo de encabezar un "clan gallego con prácticas de contrabandistas de ría", ha elevado las descalificaciones a niveles insospechados. Inmerso el tercer partido de España en una fuerte crisis, con una creciente contestación interna, y con serias dudas sobre su financiación, acusa a Génova de estar contactando "con arribistas y despechados para poner en marcha la maquinaria mediática" contra ellos. Garriga gasta de calificativos para hablar de "ataque brutal, calumnioso y miserable" y de "debate fangoso de corruptos y embusteros". Casi nada.
No es la primera vez que Santiago Abascal apunta a que el PP mueve los hilos de de determinado sector mediático así como a los críticos, encabezados por quienes fueron dos de los fundadores de Vox junto a él, esto es, Iván Espinosa de los Monteros y Javier Ortega Smith. Pero expresado de forma tan cruda, en una misiva a la militancia, negro sobre blanco, nunca había pasado. Y todo ello para acabar asegurando que, si bien la dirección nacional del PP es poco menos que el anticristo, no así sus dirigentes territoriales con los que se puede seguir hablando. Es decir, no cierra la puerta a alcanzar pactos de gobierno en Extremadura, Aragón y Castilla y León, todavía pendientes.
Génova dice no tener intención de apartar a Tellado ni a Varela de la negociación con Vox
Pero la alusión directa no sólo a Feijóo, sino a su mano derecha y secretario general, Miguel Tellado, tiene mucho de desautorización de quien es uno de los negociadores de esos acuerdos. Génova asegura que "en ningún caso" apartarán ni a Tellado ni la directora de gabinete de Feijóo, Marta Varela, de la comisión negociadora, aunque todo apunta a que Bambú no les va a querer sentados a la mesa de unos contactos que deben reanudarse la semana que viene.
En una primera reacción, fuentes populares denunciaron la estrategia de apuntar a un supuesto enemigo exterior "cuando los problemas internos arrecian". E, incluso, tiraron de sorna al recordar que el estilo epistolar "ya lo inventó Pedro Sánchez" con aquellos cinco días de reflexión tras la imputación de su esposa, Begoña Gómez. "Cuando el PSOE quiere tapar su corrupción busca hablar de Trump, Netanyahu o Milei. Cuando Vox habla de campañas del PP pretende lo mismo, con matices, que los socialistas: que se hable de otros para que no se hable de ellos", señalaron en una comparación que poca gracia hará al partido ultra.
Un pretexto para levantarse de la mesa
Y sin querer amplificar "los líos ni las polémicas que les afectan", les exhortaron a "no confundirse de adversario. El nuestro es el presidente del Gobierno". Pero es evidente que este enésimo encontronazo alimentado por Vox enturbia con mucho el clima de diálogo entre ambas fuerzas políticas. Acaso los ultras estén buscando un argumento más para terminar de levantarse de la mesa negociadora sin firmar todos o alguno de los acuerdos que hagan posible las investiduras de María Guardiola, Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueco por mucho que digan que la andanada no va con ellos y tiren por elevación.
De hecho, un miembro del equipo de Feijóo, en conversación con El Independiente, destaca la inongruencia de que "se refieran a nosotros como contrabandistas o estafadores pero sigan dispuestos a entrar en nuestros gobiernos". Para los populares es prioritario que las legislaturas extremeña, aragonesa y castellanomanchega echan a andar y algo huele muy raro en la escalada que Vox ha emprendido contra la dirección nacional del partido en las últimas semanas. Una especie de esquizofrenia discursiva por la cual los de Bambú dan a entender que las relaciones territoriales son buenas, pero no así entre las cúpulas de ambos partidos. En definitiva, un soplar y sorber al mismo tiempo solo explicable por la proximidad de las elecciones andaluzas del 17-M y la necesidad de marcar distancias con los populares durante la campaña.
Génova no quiere "comprometer la gobernabilidad en las autonomías por los ataques de nadie"
El PP entiende que el mandato de las urnas exige acuerdos de legislatura y las beligerancias deberían dirigirse "a Pedro Sánchez, no a Feijóo. Ellos sabrán". Además se erigen en el "hermano mayor" del centro derecha, una condición que les conmina a "no comprometer la gobernabilidad en las autonomías por los ataques de nadie". "Lo inteligente en ocasiones está reñido con lo impulsivo", recomiendan los mismos medios consultados.
No se engañan respecto a cuál es el objetivo real de Abascal y los suyos. Conforme a lo sucedido en otros países de nuestro entorno, "buscan un reemplazo en la derecha", ese sorpasso lepenista francés o de los Fratelli d'italia de Giorgia Meloni que han borrado del mapa a los partidos conservadores tradicionales. Pero desde las elecciones autonómicas de Castilla y León algo ha cambiado en la percepción ciudadana. Ese Vox intratable que doblaba escaños en Extremadura y Aragón y al que todo alimentaba electoralmente, ha dado el primer signo de vulnerabilidad. Y los sondeos andaluces empiezan a detectarlo. Simultáneamente, la crisis interna se agrava y las sospechas sobre las cuentas del partido y las personales de Abascal, también. La carta a la militancia demuestra, como poco, un estado de nervios considerable en el cuartel general de los ultraconservadores.
Génova se traga el sapo e intenta mantener la calma. "Lo que queremos nosotros es un reemplazo de Pedro Sánchez y no les vamos a fallar a los ciudadanos". A partir de la próxima semana unos y otros tendrán que volver a la mesa negociadora. Eso es lo previsto. O no.
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