Los militares han recibido con satisfacción el anuncio del Ministerio de Defensa de adaptar la jornada laboral de las Fuerzas Armadas a las 35 horas semanales, en línea con el resto de la Administración General del Estado (AGE). Sin embargo, el respaldo viene acompañado de una advertencia clara, ya que si la medida no se materializa antes del mes de junio, “perderá credibilidad y será vista como un movimiento electoralista", aseguran fuentes del ejército.
El anuncio llega después de que el Gobierno aprobara la nueva jornada para los empleados públicos y de que Defensa confirmara a las asociaciones que iniciará “de manera inmediata” la modificación de la Orden que regula actualmente el horario de los militares. Se trata de una norma que fija la jornada en 37,5 horas y que, según las asociaciones, ha quedado desfasada tras una década sin cambios sustanciales.
Desde la Unión de Militares de Tropa (UMT) se valora el paso como “una victoria del asociacionismo” y un avance en la equiparación de derechos con el resto de empleados públicos. No obstante, insisten en que esta mejora no puede volver a aplicarse con retraso respecto a la AGE, como ha ocurrido en ocasiones anteriores.
Igualdad con el resto de funcionarios
“Lo que siempre hemos pedido es igualdad”, explican, que recuerdan que las mejoras laborales suelen llegar tarde a las Fuerzas Armadas, mientras que los recortes se aplican de forma inmediata. “Para lo malo nunca hay diferencias, pero para lo bueno siempre hay que adaptar, y eso se traduce en años de espera”, resumen.
En esta ocasión, Defensa ha comunicado a las asociaciones su intención de comenzar ya los trabajos para modificar la normativa. Un gesto que los representantes de los militares reconocen como positivo, especialmente por haber sido informados directamente y no a través de los medios de comunicación, “como venía siendo habitual”.
Aun así, la clave estará en los plazos. Según explican desde el entorno asociativo, existen dos vías para llevar a cabo la reforma: una ordinaria, que pasaría por el Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas (COPERFAS) en su próximo pleno de junio, y otra urgente, mediante la convocatoria de un pleno extraordinario que permitiría acortar tiempos.
Un anuncio electoral
“Todo lo que pase más allá de junio será otra película”, advierten. “Si para entonces no está aplicado, estaremos hablando claramente de un anuncio electoral”. El contexto político no pasa desapercibido dentro de los cuarteles. Aunque públicamente evitan vincular directamente la medida con el calendario electoral, en privado reconocen que la coincidencia es difícil de ignorar. “Cuando uno analiza la situación, lo único que hay en común es que hay elecciones”, señalan militares.
Pese a ello, optan por mantener una postura prudente. “Vamos a dar un voto de confianza”, explican, insistiendo en que prefieren valorar los hechos antes que anticipar conclusiones. “Si luego se demuestra que no era real, entonces cambiaremos el discurso”, añaden.
Más allá de la jornada laboral, la apertura de la reforma normativa ha despertado expectativas entre los militares, que ven una oportunidad para abordar otras reivindicaciones pendientes desde hace años. Entre ellas, la regulación de las guardias, la mejora de los turnos, la conciliación familiar o la actualización de criterios que, según denuncian, actualmente dependen de interpretaciones dispares.
Diez años sin cambiar nada
“La norma tiene diez años y nació ya con carencias”, explican. “Cuando por fin se aplica, muchas veces llega desfasada respecto a la realidad del día a día”. Por ello, reclaman que la nueva regulación sea más flexible y permita adaptarse a los cambios sin necesidad de largos procedimientos legislativos.
En paralelo, las asociaciones subrayan que la reducción de jornada tendrá un impacto limitado en determinadas situaciones, como las misiones en el exterior. Además, en estos casos, el régimen de trabajo es distinto y se rige por las necesidades operativas. “En operaciones estamos 24/7, 365 días”, explican. “La jornada de 35 horas aplica en territorio nacional, en condiciones normales”.
Seguridad y medios materiales
El debate sobre las condiciones laborales de los militares coincide además con un aumento de la preocupación por la seguridad y los medios materiales. En los últimos días, un accidente con un vehículo VEC del Regimiento Pavía nº 4 ha vuelto a poner el foco en la antigüedad de los equipos y la falta de personal.
La Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME) ha solicitado explicaciones al Ministerio de Defensa sobre este siniestro, en el que dos militares resultaron hospitalizados tras el vuelco del vehículo y el desprendimiento de la torre. La organización reclama información sobre el estado de los heridos, las causas del accidente y las condiciones técnicas del vehículo.
Según denuncian, este tipo de incidentes no son aislados y responden a problemas estructurales. “Si tienes 20 vehículos y solo uno está operativo, algo falla”, señalan. A ello se suma la falta de personal en tareas de mantenimiento, lo que dificulta garantizar la seguridad de los medios.
Una promesa vacía
En este contexto, la reducción de la jornada laboral se percibe como un avance importante, especialmente en términos de conciliación familiar, pero insuficiente si no va acompañada de mejoras estructurales. “Es una buena noticia, sin duda”, reconocen, “pero no puede quedarse solo en eso”.
La sensación general entre los militares es de cautela optimista. Valoran el cambio de tono por parte de Defensa y el inicio de los trabajos normativos, pero insisten en que el verdadero test será la aplicación efectiva de la medida.
“Hay que confiar, pero también hay que cumplir”, resumen. “Porque si no llega a tiempo, entonces sí, estaremos ante otra promesa vacía más” afirman.
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