La parte positiva de que el caza de combate europeo de sexta generación FCAS (Future Combat Air System) de Francia, España y Alemania haya fracasado es que la industria y las Fuerzas Armadas ya tienen una respuesta. A partir de este punto de partida, los gobiernos y sus industrias pueden empezar a planificar la estrategia para relanzar el programa militar más ambicioso de Europa. Sin embargo, la planificación de cinco años y los retrasos manifiestos dejan a España y sus aliados en una situación de vulnerabilidad industrial, pero sobre todo, de seguridad.
El papel relevante de Indra y España en el FCAS elevó las expectativas de una industria nacional que estaba aprendiendo a caminar sola. El compromiso de que España contratase en un 30% a pymes y pequeñas empresas del sector tenía como objetivo impulsar a todos. Que nadie se quedase sin un bocado del pastel. Y ahora, con el fiasco, el impacto negativo también se va a repartir entre grandes, medianas y pequeñas. "En general los principales contratistas se ven perjudicados, pero toda la cadena de suministros también: pymes, startups, suministradores… por ello hay que moverse rápido para minimizar el impacto", afirma Antonio Fonfría a El Independiente, doctor en Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y experto en Artes Militares.
Fracaso del FCAS: seguridad nacional mermada
Ahora bien, la situación no solo deja a la industria en una encrucijada. También deja a la seguridad nacional en una situación desfavorable. Cuestionando si nos debería preocupar más el impacto sobre la industria española o sobre las consecuencias para la seguridad y la defensa nacional, Fonfría asegura que "sin duda" preocupa más "la seguridad nacional". Esto es porque la situación geopolítica "no deja dudas", pues nos encontramos en un entorno hostil. No obstante, subraya que "sin industria es complejo conseguir esa seguridad, por lo que ambas han de ir de la mano".

Aún así, no todo es negativo. Alemania respondió rápido al fracaso del FCAS e impulsó una unión industrial entre GmbH, Diehl, Hensoldt, Liebherr, MBDA, MTU, Rhode & Schwarz y Airbus. Denominado el Team Gen 6, el grupo de ocho empresas alemanas de defensa y aviación firmó un documento para buscar colaboración con los políticos y las Fuerza Aérea alemana para impulsar el caza. Del mismo modo, España respondió con una alianza con seis empresas. Indra, Airbus, ITP Aero, Oesía, GMV y Sener se unieron para poner a disposición del Gobierno sus capacidades industriales para reconfigurar el caza de sexta generación con la colaboración de otros socios europeos.
Sin industria es complejo conseguir esa seguridad, por lo que ambas han de ir de la mano
Por su parte, el ministro de Defensa alemán Boris Pistorius, afirmó que se alegra mucho por esta iniciativa ya que "precisamente lo que necesitamos ahora son iniciativas de este tipo". El ministro añadió que "ahora se trata de volver a mirar hacia adelante y de buscar soluciones rápidas, eficaces y viables para un avión de combate de sexta generación, es decir, a partir de la década de 2040".

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Optimista como Pistorius se muestra Fonfría."Yo creo que esta situación es pasajera y que si se hacen las cosas bien el impacto ha de ser relativamente pequeño, ya que se están buscando alternativas por parte de Alemania y España". Pero la seguridad y la autonomía estratégica europea, avisa, "se alcanzará en mayor o menor medida dependiendo de cómo se negocie la situación". En cualquier caso, el doctor en economía y experto en defensa y seguridad cree "el factor fundamental es el tiempo en que se desarrolle" y advierte que "debe ser muy corto".
La desilusión del caza de quinta generación
El principal problema se abre en un "un gap importante en los próximos 10 años" que se abre en España, "ya que los aviones de quinta generación no los vamos a tener". Esto es porque tanto el F-35 como el ala fija embarcada son capacidades que tenemos perdidas". "Este es un problema tanto de seguridad como para las Fuerzas Armadas que ven capacidades mermadas por cuestiones, en algunos casos, políticas", añade.
Y opciones hay fuera. Está el Kaan turco, el GCAP italiano, británico y japonés, pero "ninguna es una opción a corto plazo". Este "es el problema de no tener realmente claro hacia donde ir y de haber abandonado la defensa, como política relevante durante tantos años", alerta Fonfría.

En este sentido, otras fuentes del sector señalan que este es el coste de haber perdido cinco años valiosos. "Este tiempo se pudo haber usado para diseñar un avión", aseguran, ya que ahora España se ha quedado en tierra de nadie, y sin tener un proyecto para un caza de quinta generación. Por ello, como informó este medio, se plantea extender la vida útil de los Eurofighter y, de hecho, el Ministerio de Defensa plantea a estas aeronaves como uno de los receptores de los Programas Especiales de Modernización (PEM).
Imagen exterior debilitada
A pesar de que la vulnerabilidad nacional en cuestiones de seguridad provenga de la dependencia de un caza que, por el momento, no sale, la imagen que proyecta el continente en el exterior también afecta negativamente a su defensa. Con este fracaso hemos dado justo la imagen "que tenemos desde dentro: fragmentación y lucha de intereses industriales que parecen ser que son más importantes que la seguridad nacional. Nada positivo", resalta Fonfría. En efecto, los principales ejecutivos de las empresas de defensa europea conocen que este es una de las piedras en las que más veces tropieza la industria y la política.
"No tenemos en ningún país de Europa todo el talento y toda la tecnología para entregar a tiempo. Por eso es obligatorio que trabajemos juntos", aseguró el entonces CEO de Indra, José Vicente de los Mozos en un foro de defensa celebrado en la Embajada de Suecia de Madrid el pasado mayo. Pero para que la industria europea pueda conseguir la autonomía estratégica que quiere alcanzar, debe unirse para poder competir con las empresas norteamericanas.
"En la industria de la defensa, el nacionalismo es muy alto. Todos quieren desarrollar el sistema. Pero no entienden que si continuamos con esta política, Europa tendrá un problema para desarrollar su autonomía", explicó De los Mozos durante la mesa redonda. Además, el presidente de Airbus España, Francisco Javier Sánchez, quien participó en la firma como pieza clave en el acuerdo entre las seis empresas españolas para crear el FCAS, aseguró que "para ser competitivos, necesitamos escala. Tenemos una fragmentación masiva y así no somos competitivos y simplemente no podemos entregar al nivel de las empresas estadounidenses".
Con todo esto, Fonfría sentencia que esta división y la imagen que damos como continente "abunda en la debilidad de la Unión Europea en términos militares, algo que en términos de disuasión es muy negativo".
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