Con la fecha sobre el calendario, en el PP andaluz y en Génova estaban convencidos en este cierre de semana que Vox acabaría asumiendo el marco de negociación establecido, sellando ya el pacto e invistiendo como muy tarde en segunda votación al presidente en funciones de Andalucía, Juanma Moreno, al rechazar una abstención. Sin embargo, la posición de Vox, no se mueve, es la misma. Los de Santiago Abascal, que supervisan ese diálogo desde la sede nacional de Bambú, en Madrid, se niegan a ceder ni un ápice de sus posiciones mínimas frente a los populares, que parten desde la "línea roja" de la 'prioridad nacional'. Esta no gusta al barón popular, aunque sus compañeros de filas y homólogos autonómicos le apremian a aceptarlo en base al arraigo, para rebajar su contenido como se viene haciendo.
Tras un notable retraso para el inicio de ese diálogo que molestó a Vox, la visita del Papa a Madrid hizo coincidir a Moreno y a Abascal en el Palacio Real durante la recepción. Un encuentro en el que conversaron varios minutos y abrió las negociaciones entre ambas partes. Los populares se reunieron posteriormente con Manuel Gavira y su equipo a mitad de junio para empezar a compartirse papeles sobre unas medidas que no distarían mucho de las ya asumidas en Extremadura, en Aragón y en Castilla y León. La principal duda es si los ultraconservadores exigirán entrar en el Ejecutivo del PP en coalición, algo inédito a diferencia de los otros tres enclaves en 2023 y que no acepta el dirigente popular dado el escaso margen para la absoluta –en Vox ven precedentes similares que sí acabaron en coalición–.
La actitud de los de Abascal deja esa posibilidad en el aire. No hay confianza en Moreno, lo que servía en Extremadura para justificar la entrada, pero Andalucía exige numerosos cuadros que Vox no tiene en estos momentos ante su falta de consolidación territorial –ninguno de los nuevos partidos la ha tenido frente a PP y PSOE– para colocar desde la cúspide de las hipotéticas consejerías que asumiesen, hasta las secretarías, direcciones generales y puestos menores.
La extensión y complejidad del territorio desincentiva esa idea, sobre todo cuando por delante quedan meses de constante campaña, posicionarse como alternativa y cualquier error podría manchar el camino hacia las generales. Dentro, la confrontación sería más complicada frente a un perfil que se alinea con el de Alberto Núñez Feijóo. Fuera, la presión constante les da un plus electoralista. Hay una diferencia clara: mientras que tras las noches electorales de este último ciclo siempre se ha defendido entrar en los Ejecutivos, se ha reclamado, desde el 17 de mayo eso no se ha producido.
Conformarse con el bisturí y no con la motosierra
Este fin de semana durante su Asamblea General Extraordinaria, Abascal lanzó un mensaje directo a sus tres vicepresidentes autonómicos, aunque sonó dirigido a Andalucía, para calmar los ánimos si acaba consiguiéndose un pacto suave para Vox. El presidente de Vox dijo a sus afiliados que ahora "toca aplicar el bisturí y no la motosierra", que es lo que les gustaría, tras presentar su programa de desregularización. Es decir, pidió asumir e insistir que ahora mismo tienen una fuerza determinada que les impide desplegar todo su programa y que requiere de pactos con un PP aliado al que instó a respetar siempre que se cumpla lo firmado. Hasta ahora, los aparatos andaluces de PP y Vox no han normalizado las relaciones.
Pese a no poder imponer la totalidad de ese programa, en Vox vuelven a recalcar que son ellos los que gestionan los tiempos –hay estrategia de extender los plazos para sacar lo máximo posible– y rechazan seguir el juego a un Moreno que "no ha tenido prisa" durante casi un mes "y ahora quiere correr". Creen que ese intento de presión, confirmado por Génova, además de no salirle bien se le puede volver en contra. Afirman que en estas próximas horas la tensión por encaminarse a una derrota e investidura fallida puede suponer un aliciente para que acabe asumiendo las políticas que ahora le generan dudas o a la que se resiste. De lo contrario, "el camino va a ser el mismo que [María] Guardiola", dicen recordando que la ahora presidenta extremeña acudió a una votación que fracasó pese a ejercer esa presión.
Teléfonos encendidos y reuniones tras el discurso de investidura
Este lunes el popular dará su discurso de investidura en el que Vox espera que halla guiños a sus exigencias. Lo hará a las 12.00 horas y tras ello el pleno se interrumpirá hasta las 10.00 horas del martes, cuando intervendrán para dar la réplica los portavoces de los diferentes grupos. Posteriormente, se votará. De no salir electo, habrá 48 horas de margen hasta el jueves 2 de julio para negociar, y en ese tramo Vox podrá presionar. Dependerá de si Moreno quiere asumir el coste y quiere activar los dos meses –agosto no es hábil– que llevarían a finales de septiembre la negociación. Alargar los plazos, podría atascar la decisión con el verano entremedias. De llegar a ese puente el PP cree que saldría aventajado porque Vox no se arriesgaría a volver a las urnas, pero los de Abascal opinan que sus votantes lo comprenderían. En principio, la idea es volver a sentarse después del discurso de Moreno, antes de la primera votación para intentar desatascar.
En asuntos económicos, como el de la desregularización, ambas partes pueden coincidir. Una de las voluntades de los populares viene siendo la descarga de la burocracia administrativa. También de la carga fiscal en las empresas y las familias, o el incentivo para la natalidad o el emprendimiento. El recorte de subvenciones públicas a sindicatos u ONG es otro asunto que ha comprado el PP en otros enclaves, pero el tema de la inmigración abre una brecha amplia entre el PP andaluz y Vox. Moreno delimitó que su apuesta es por una inmigración regular y ordenada, dada la necesidad de relevo generacional en actividades como el sector primario o el sector servicios. Y ahí estaría atascada la negociación, en torno a esa 'prioridad nacional'. Ambas partes desde Extremadura, optan por un silencio total para no reventar las negociaciones.
El viernes, en una visita a El Rocío donde Moreno coincidió con el líder andaluz de Vox, aseguró que "vamos a mantener los teléfonos abiertos y a seguir dialogando hasta el último minuto". "El interés es que Andalucía tenga un Gobierno lo antes posible porque no puede esperar un minuto. Ya deberíamos haber empezado a trabajar en los presupuestos. La intención es que sea el martes [empezar a trabajar, tras una investidura favorable], pero no depende de nosotros", aseguró para meter una mayor prisa a los de Abascal. La intención del PP es presentar a Vox como quien pone palos en la rueda, mientras que los en Bambú saben que su electorado será fiel y busca la mayor presión posible. En el mismo enclave, Gavira trasladó que si no sucede esta semana, "será cuando toque".
Por ahora, no se descarta que julio acabe siendo un mes de negociaciones entre ambos equipos. En el caso de Vox, además de Gavira, al frente de ellas están Javier Bazán, coordinador del partido en la región y que sirve de puente con Bambú: con la adjunta a la secretaría general, Montserrat Lluís y con los portavoces de Economía y de Desregularización, José María Figaredo, y de Vivienda, Carlos H. Quero, ambos diputados nacionales. Por su parte, Génova solo interviene a través de Miguel Tellado, el secretario general, en aquellos asuntos que afecten a temas nacionales, pero Moreno marca las distancias. Dentro de Vox, el cambio de parecer de Feijóo, que aboga por normalizar "al tercer partido de España" incluso se abre ya a un gobierno de coalición nacional de ser necesario, no les afecta para esta negociación andaluza. Afirman que son escenarios distintos y que ahora, nuevamente, se harán de valer.
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