A Wilhelm Karmann siempre le habían atraído los retos. Aquel mercado de los automóviles que comenzaba a deslumbrar a los alemanes a finales del siglo XIX era una oportunidad que un emprendedor como él no debía dejar escapar. Con poco más de 30 años, se fijó en la pequeña empresa de carruajes Klages, en Osnabrück. En 1901 la adquirió y le puso su nombre: Wilhelm Karmann GmbH. Aquella planta fue creciendo y especializándose en la producción de capotas, techos descapotables y carrocerías. Aún lo desconocía, pero a su empresa las crisis económicas y los conflictos armados le condicionarían el camino.

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Fue una guerra la que cambió el rumbo y ahora es otra la que ha puesto fin a la historia que su hijo se esforzó en continuar. Tras la Segunda Guerra Mundial, en 1949, Karmann hijo cerró una alianza con Volkswagen. La crisis de 2008 forzó que la compañía tuviera que comprar la planta para que no desapareciera. Ahora, 18 años después, es el gigante de la automoción el que alcanza otro gran acuerdo para venderla y reconvertir la factoría en una fábrica de armas y componentes de defensa.

El sueño de la familia Karmann terminará en 2027, cuando el último modelo en producción, el T-Roc Cabriolet, deje de fabricarse. A partir de entonces, un fondo de inversión, mayoritariamente de interés israelí, y el estado de Baja Sajonia se harán con la propiedad de la planta y comenzarán a formar a sus cerca de 1.400 trabajadores para que pasen de producir vehículos a integrarse en una cadena de producción bélica.

De los coches a las armas 126 años después

El acuerdo busca así salvar la mayor parte de los 1.800 empleos de la factoría aún en manos de Volkswagen. Cuando el gigante alemán se desprenda de la planta de casi 430.000 metros cuadrados dejará atrás 126 años de historia de unas instalaciones en las que se han fabricado cientos de miles de algunos de los modelos más emblemáticos de la compañía, como el Golf Cabriolet o el Escarabajo Cabriolet, y se han ensamblado modelos de otras marcas como Porsche.

La crisis en el mercado de automoción europeo, en particular el alemán, también ha dañado sobremanera la situación de esta histórica factoría de Osnabrück. La operación permite además a Volkswagen adelgazar parte de su estructura en la región, una decisión que llega en un momento de profundos ajustes en la compañía, que prevé el recorte de 50.000 empleos y el ajuste de su red de plantas.

Ahora, y a falta de conocerse los últimos detalles, la operación parece cerrada. En Osnabrück entrará el consorcio que lidera Aurelius Capital y que tiene al estado de Baja Sajonia como socio minoritario. Los planes pasan por dejar que la empresa israelí Rafael Advanced Defense Systems asuma la condición de productor y de socio industrial y estratégico de la operación. El acuerdo se engloba no solo en una operación para salvar los empleos y el tejido industrial de la región, sino también en el proceso de apuntalamiento de la industria de defensa que fomenta ahora el Gobierno alemán ante las tensiones con Rusia.

Fabricante israelí en el corazón de Alemania

El cambio de los descapotables a las armas es muy simbólico. Fue la posguerra la que impulsó la factoría y será el temor a una amenaza global la que reconvertirá las instalaciones en un foco de producción de defensa armamentística. La compañía Rafael no es una firma menor: es la responsable de la llamada 'Cúpula de Hierro' (Iron Dome), con la que Israel se protege de ataques de misiles y drones.

Por el momento, se asegura que las armas que se producirán en estas instalaciones las adquirirá no solo Alemania, sino otros clientes europeos. Hasta ahora tan solo ha trascendido que, donde hasta hoy se fabrican coches, comenzarán a producirse sistemas y componentes para defensa aérea. El consejero delegado de Volkswagen, Oliver Blume, se felicita del nuevo “futuro industrial” que tendrá la planta. Por su parte, el presidente del estado federado de Baja Sajonia, Olaf Lies (SPD), justifica la medida en el cambio del contexto geopolítico y en las necesidades de mayor defensa: “Alemania y Europa deben reforzar sus capacidades y ser más independientes”, ha asegurado.

La operación encaja con la nueva senda de rearme iniciada por Alemania en 2022, tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Fue el anterior canciller, el socialdemócrata Olaf Scholz (SPD), quien propuso el plan de inversión de 100.000 millones de euros para reforzar y modernizar las fuerzas armadas. La hoja de ruta para convertir a Alemania en el pilar de la defensa convencional europea contó con el apoyo del conservador y hoy canciller, Friedrich Merz (CDU). Sus votos fueron necesarios para modificar la Constitución y poder sacar adelante, en junio de 2022, el plan de inversión. Merz ha mantenido la inversión por encima del 2 % del PIB que exige la OTAN.

El plan contempla, entre otras medidas, fomentar la reconversión de infraestructuras industriales para destinarlas a fines relacionados con la industria de defensa. Es ahí donde la operación que pondrá fin a 126 años de historia al sueño de Wilhelm Karmann adquiere su sentido: pasar de la decadencia de los vehículos descapotables a la emergencia que los dos grandes partidos alemanes ven en el refuerzo de la industria armamentística del país.