El crecimiento de la población mundial, la multiplicación de las megalópolis y la protección del medio ambiente obligan a replantearse el modelo actual de movilidad. La solución viene a través de la tecnología, que permite diseñar urbes que se adaptan a las necesidades del ciudadano.

Nos movemos, luego existimos. Y desde hace más de 120 años, lo hacemos, principalmente, en coche. La movilidad personal no sólo facilita la interacción humana, sino la transferencia de conocimiento y el crecimiento económico. Dos estudios recientes de la Universidad de Harvard y de Nueva York indican que el transporte es el principal factor para acabar con la pobreza, más aún en los países en desarrollo y las economías emergentes.

Pero el mundo evoluciona y los retos de la sociedad del siglo XXI no tienen prácticamente nada en común con los de este siglo. La población se ha triplicado en los últimos 100 años hasta alcanzar los 7.000 millones de personas. Y lo seguirá haciendo. Algunas previsiones llegan a los 9.000 millones y otras superan los 11.000 millones, según el estudio A Field Guide to theFuture of Mobility del Foro Económico Mundial. Un crecimiento que se trasladará a las ciudades. Si hoy hay 20 megaciudades en el mundo (con más de 10 millones de habitantes), en las próximas décadas sobrepasarán las 50. Según McKinsey Global Institute, en 2039, el 60% del PIB mundial se generará en 600 megaciudades.

Sin olvidar que el tráfico cuesta dinero. Únicamente en Estados Unidos, Francia y Alemania, los embotellamientos suponen un gasto próximo a los 180.000 millones de euros para sus economías y la pérdida de cerca de 111 horas de tiempo por persona al año, según un estudio realizado por el Centre for Economics and Business Research (CEBR) a petición de INRIX. Y para el año 2030, el coste económico aumentará casi un 50% debido al creciente volumen de tráfico.

A ello se suman las consecuencias medioambientales… Una serie de desafíos que conforman el escenario más complejo hasta la fecha para la movilidad. La tecnología, desde la robótica hasta el Big Data, se convierte así en una pieza clave para dar respuesta a una sociedad que sigue necesitando moverse, pero de forma más inteligente y sostenible. Desde el coche autónomo hasta el compartido, pasando siempre por la intermodalidad, son algunas de las respuestas que startups y grandes compañías de la automoción están presentando.

El ‘viaje compartido’ gana seguidores

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) no sólo han posibilitado la economía compartida, sino que la han vuelto poderosa y transformadora. Sin los datos que generan, el coche compartido (carsharing) y el viaje compartido (ridesharing) no existirían. El movimiento que comenzó con Zipcar dio lugar al concepto de viaje compartido de Uber y Lyft. Únicamente Uber realiza tres millones de viajes por día en todo el mundo.

Según el Foro Económico Mundial, el 73% de los adultos de todo el mundo prefiere tener menos posesiones, aunque más útiles. Así que la Movilidad como servicio (MaaS) se perfila como una alternativa muy potente al coche en propiedad.

La irrupción de startups tecnológicas que proponen ofertas más adaptadas a las preferencias de los millenials y la generación Z pone en jaque a las empresas automovilísticas tradicionales, que ya han empezado a moverse. La mayoría ha establecido oficinas en Silicon Valley para estar más cerca del desarrollo de la tecnología en una etapa temprana.

En su informe El futuro de la movilidad, Deloitte concluye que los líderes actuales de la industria automotriz y los disruptores se necesitan uno al otro. “Sin lugar a dudas, una competencia feroz caracterizará el entorno comercial de la movilidad personal. Sin embargo, pese a su cautela y a diferentes enfoques y perspectivas, los jugadores clave en la industria automotriz y los nuevos participantes desafiantes conjuntamente conformarán un nuevo ecosistema con altos niveles de interdependencia, mutualismo y simbiosis”, destaca.

Redes unidas con inteligencia

Sin embargo, la economía compartida sólo será un actor más de un futuro que, según todos los pronósticos, pasará por la intermodalidad. El catedrático de Sostenibilidad de la Universidad de Curtin (Australia) y antiguo miembro del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) Peter Newman señala que las ciudades dependerán de la “interconexión inteligente” entre diversos modos de transporte, como coches, ferrocarriles, autobuses, bicicletas y motocicletas. “El futuro del transporte será intermodal”, dice. “La clave residirá en encontrar el modo más eficiente de llegar del punto A al punto B, no en el medio de transporte”.

El foco, por tanto, está ahora en la creación de plataformas digitales que unan todas las alternativas de transporte para que el consumidor elija la más conveniente. Ciudades como Bremen, Toronto o Múnich están invirtiendo en el desarrollo de redes multimodales. Pero para conseguirlo, la tecnología no es suficiente. “La conectividad tiene que pasar de un nivel físico a uno virtual y las instituciones responsables de cada parte necesitan estar conectadas”, concluye el informe del Foro Económico Mundial.

Ya se empiezan a ver casos de éxito. En Gotemburgo (Suecia), Ubigo ofrece un servicio alternativo al coche privado. Desde una única aplicación móvil, el usuario tiene acceso a varios modos de transporte: público, coche compartido, alquiler de bicis, coche de alquiler o taxi. Además, concede puntos extra si se escogen las alternativas más sostenibles y manda una única factura al final de mes.

Bremen, por su parte, ha desarrollado e integrado un sistema de transporte integrado, limpio, inteligente y orientado en el consumidor que incluye a los 35 operadores de la región. Mientras que Helsinki (Finlandia) ha lanzado el bus bajo demanda Kutsuplus. Este minibús permite al usuario elegir dónde empieza y dónde acaba su trayecto, así como permitir o no compartir el viaje con otras personas. La startup tecnológica Ajelo ha desarrollado el sistema de envío y la Administración local gestiona los vehículos.

Las grandes de la automoción también se han subido a este tren. BMW, por ejemplo, ha desarrollado un planificador de rutas especial para sus coches eléctricos que incluye transporte público y bicicletas de alquiler. En cuanto el coche se acerca a una gran ciudad, el software recomienda coger una bicicleta, un tren de cercanías o el metro si de este modo el conductor puede llegar antes a su destino.

Lo que parece evidente es que la prohibición ya no sirve como herramienta para salvar la ciudad. “No es la respuesta”, subraya el CEO de Volkswagen, MatthiasMüllerm. “Lo que se necesitan son conceptos inteligentes que conviertan al automóvil en la solución y no en parte del problema”, añade. “La privación no es una opción”, coincide el vicepresidente de servicios de movilidad de BMW, BernhardBlättel. “Los tipos de movilidad disponibles serán mejorados y coordinados tan eficazmente que las personas los adoptarán como una consecuencia lógica”.

El coche autónomo

La llegada del vehículo autónomo marcará en unos años un antes y un después en la conducción y en la movilidad, y de momento ya está revolucionando a las empresas automovilísticas y a las tecnológicas, inmersas en una carrera por llegar los primeros con sus propuestas. Ford y BMW anuncian sus vehículos sin conductor para 2021; Nissan, Honda, Toyota o PSA Groupe hablan de 2020. E incluso hay compañías, en concreto la china Baidu, que recortan este horizonte a 2018.

Google, pionera en el desarrollo del coche autónomo, acaba de registrar una patente para detectar las luces de los vehículos de la policía o de emergencias. Así, los coches sin conductor, podrán hacerse a un lado en caso de urgencias.

El taxi volador

La movilidad del futuro no solo tiene puestos los ojos en la tierra, el cielo se presenta como una gran oportunidad para aliviar al tráfico en la calle. Airbus Group trabaja en diferentes proyectos de este tipo. Por un lado, junto con la compañía tecnológica A3 está desarrollando Vahana, un vehículo autónomo volador para pasajeros y mercancías. El sistema funcionaría como una aplicación de coche compartido. “Pensamos que la demanda global de este tipo de servicio puede soportar flotas de millones de vehículos por todo el mundo”, estima el responsable del proyecto en A3, RodinLyasoff. A estas cantidades, el desarrollo, certificación y los costes de fabricación caen. Simultáneamente, los equipos de Airbus Helicopters en Francia y Alemania están avanzando en CityAirbus, un vehículo aéreo para entornos urbanos, que se beneficia directamente de los avances de Vahana. Aunque comenzará a funcionar con un piloto humano, como un helicóptero, para acelerar su entrada en el mercado; la idea es que finalmente sea completamente autónomo.

Sus proyectos giran en torno a los principios de la economía compartida. “Un vuelo costaría como el equivalente de un viaje en taxi, pero más rápido, más sostenible medioambientalmente y más emocionante”, dicen desde Airbus. Ingenieros de todo el grupo trabajan ahora en dar respuestas como el ruido, la seguridad, la comunicación con otros vehículos o la ciberseguridad.

El tubo supersónico

Una de las propuestas más innovadoras viene de la mano del presidente de Space X y Tesla, ElonMusk. Hyperloop es un tren supersónico que se desplazará en el interior de un tubo a una velocidad de hasta 1.223 kilómetros por hora. Utiliza un sistema de levitación pasiva que elimina la necesidad de estaciones eléctricas a lo largo de las líneas, reduciendo los costes de construcción. Un ejemplo: recorrería los 600 kilómetros que separan Los Ángeles de San Francisco en media hora. La empresa ya ha superado con éxito la primera prueba pública en una pista instalada en un desierto próximo a Las Vegas. El prototipo, del tamaño de un coche, alcanzó 160 kilómetros por hora. La prueba definitiva llegará a finales de este año con un ensayo a escala y a velocidad real en un tubo de dos kilómetros de longitud.