¿Por qué el MIT con un presupuesto de 2.571 millones de euros y un número de profesores similar a España ha sido capaz de generar 85 premios Nobel?

Hace poco más de un mes, la presidenta de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD), Ana Patricia Botín, repartió reproches y concesiones complacientes en la presentación del Informe 2015 sobre la situación del sistema universitario español. Criticó a la Administración por los recortes presupuestarios de los últimos años y citó ese ajuste y el descenso de la población universitaria en 100.000 alumnos para proclamar la “década perdida” de la universidad en España. Descargó Botín, no obstante, algo de responsabilidad en las propias instituciones académicas y les clavó un aguijón entre algodones: habría que ir pensando en condicionar la financiación pública que reciben a los resultados académicos.

Difícil hacer un análisis desapasionado de la contribución de las universidades a la modernización de la economía y la sociedad españolas. Los datos del Informe 2015 de la Fundación CYD volvieron a esbozar el retrato de una realidad que, vista en su conjunto, se sitúa en las antípodas de modelos de excelencia y éxito a nivel global. Hay aspectos cualitativos que no se pueden dejar al margen, pero es lógico detenerse a reflexionar por qué un campus como el MIT con un presupuesto de 2.571 millones de euros en 2015 y un número de profesores similar a la media de las universidades españolas (1.330) ha sido capaz de generar 85 premios Nobel, mientras nuestro sistema de formación superior con un gasto total de 8.574 millones de euros no tiene ninguna institución que solicite más de 12 patentes internacionales al año.

Gastos e ingresos

Comencemos por el presupuesto. El 44,6% de los gastos del MIT (1.145 millones) se destinan a investigación patrocinada, el 26,1% (670 millones) a enseñanza e investigación no patrocinada y el 24,5% (630,5 millones) a administración. En cuanto a los ingresos, el 46,9% (1.276 millones) proceden de la investigación en el Lincoln Laboratory y el Campus, el 20,4% (554 millones) del retorno de operaciones de inversión y sólo el 10,1% (273,5 millones) de las matrículas.

En la Universidad española, el esquema es muy diferente. La mayor parte de los ingresos (en torno al 63%) procede de las transferencias corrientes de las comunidades autónomas. Esa cifra supera el 75% si se les añaden las transferencias de capital, las que reciben para ser destinadas a inversiones. El otro gran capítulo es el correspondiente a las tasas, precios públicos y otros ingresos, es decir, lo que pagan los estudiantes, que supuso en 2014 prácticamente el 23% del total de los ingresos. En cuanto a los gastos, la mayoría (casi el 65% del total) se destina a sufragar los costes de personal, en torno al 14% a gastos corrientes en bienes y servicios, mientras que aproximadamente un 15% se destina a inversiones tangibles, que es el capítulo donde más se ha recortado.

El dinero para I+D se reparte del siguiente modo: 1.634 millones para investigación básica, 1.225 para investigación aplicada y 456 para desarrollo experimental. La cuestión es cómo se está trasladando este trabajo a la economía española. Se suele recurrir para ello a los buenos datos de publicación científica. En efecto, en el quinquenio 2010-2014 el número total de documentos publicados es de 414.728, con una tasa de crecimiento (28%) superior a los referentes europeo (11%) y mundial (18%).

Nuestro sistema de formación superior con un gasto total de 8.574 millones de euros no tiene ninguna institución que solicite más de 12 patentes internacionales al año

No obstante, el porcentaje de producción en el que los investigadores españoles aparecen como primeros autores sufre un descenso y también disminuye, aunque a menor ritmo, la excelencia científica, es decir, el porcentaje de trabajos que se encuentran entre el 10% de los más citados a nivel mundial. ¿Y cuál es el campo científico que más volumen de inversión en I+D recibió en nuestro sistema universitario en 2014? Las Ciencias Sociales, según el informe CYD. Seguida de Ingeniería y Tecnología, Ciencias Exactas y Naturales y, en cuarto lugar, Humanidades.

Curioso que sea así cuando fue la industria farmacéutica la que desarrolló una mayor cooperación con las universidades (59,22%), prácticamente al nivel de la industria energética y del agua (59,04%), y tras ellas las industrias extractivas y de petróleo (56,25%), materiales de transporte (52,73%) y actividades profesionales, científicas y técnicas (51,71%). Todo indica, en conclusión, que el grueso de los fondos públicos que destinan las universidades a I+D acaban engrosando la producción científica de Ciencias Sociales.

Escasez de patentes

Pero más llamativo resulta ver la escasa traslación de esta actividad investigadora en patentes. Según la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) pidió 11 patentes por vía PCT –Tratado de Cooperación en Materia de Patentes, que recoge la protección de invenciones de distintos países miembros- y 22 por vía nacional en 2015, pese a que su número de publicaciones un año antes había sido de 2.654. La Universidad Politécnica de Valencia pidió apenas 12 patentes internacionales y 26 nacionales, y la Universidad Politécnica de Madrid emitió 9 patentes internacionales, 43 nacionales. Las dos últimas superaron también claramente las 1.000 publicaciones científicas.

Los ingresos provenientes de los contratos de licencias firmados por las universidades son realmente discretos atendiendo al enorme esfuerzo público que se hace para financiar su actividad de I+D. Según el Informe de CYD, ascendieron a apenas 2,5 millones de euros en 2014. El 48% de las licencias se basaron en patentes, mientras que las licencias basadas en software representaron el 22,9%. Asimismo, entre 2009 y 2014, las 84 universidades españolas crearon 586 spin off (empresas dirigidas a desarrollar comercialmente alguna línea de investigación), es decir, siete de media, de las cuales 546 habían sobrevivido, aunque sólo en 35 tenía presencia la propia institución académica. Lo llamativo es el escaso espíritu emprendedor de nuestros docentes: de los 115.366 contratados por Universidad España, sólo 181 estaban vinculado a una spin off, el 0,005%, uno de cada 637.

En el curso 2014-2015 el personal docente que prestaba sus servicios en la universidad española ascendía a 115.366 personas, 295 profesores más que el anterior

Si atendemos a la estructura, en esta visión en paralelo de dos modelos de formación superior tan dispares, el MIT tiene cinco escuelas o facultades, con 31 departamentos en total y un staff de profesores que, si se incluye a los eméritos, superaba las 1.850 personas el pasado año. La estructura del sistema universitario español es heterogénea. En Cataluña hay 367 departamentos repartidos en 11 universidades, lo que arroja un ratio de 33 cada una, pero Galicia y Andalucía se llevan la palma con 166 en tres campus la primera (55 de media) y 535 en sólo 10 universidades (53) la segunda. La legislación que regula la constitución y composición de los departamentos en España tiende a sobreproteger al colectivo docente, sin incorporar exigencias más allá de generalidades referidas a la idoneidad de las materias. Establece, por ejemplo, que el número de catedráticos y profesores no puede ser inferior a 12 a tiempo completo. Así que quien lo desee ya puede empezar a contar.

En el curso 2014-2015 el personal docente e investigador (PDI) que prestaba sus servicios en las universidades españolas ascendía a 115.366 personas, 295 profesores más que en el curso anterior, según el informe CYD. Por ramas de enseñanza, el 32% del PDI estaba adscrito a ciencias sociales y jurídicas, en torno al 20% a ingeniería y arquitectura y ciencias, el 17% a ciencias de la salud y casi el 12% a artes y humanidades. Si se compara la ratio de los estudiantes universitarios respecto al personal académico en España con el de Francia, Italia o el Reino Unido, se encuentra un valor, en general, más reducido en nuestro país. Sólo Alemania muestra una ratio aún más baja.

El Informe 2015 de la Fundación CYD utiliza sin paliativos el término “endogamia” para referirse a un dato que viene a colación con lo anterior: un elevado porcentaje de personal docente doctor ha leído la tesis doctoral en la misma universidad en la que desempeña su actividad, un 69,8%, y tres de cada cuatro trabajan en la misma comunidad autónoma.

En cuanto a los criterios de selección de alumnos, en 2015 el MIT recibió 18.306 solicitudes de acceso para estudios de grado, de las que sólo aceptó 1.519 (8%) y se acabaron materializando 1.109. En cuanto a los estudios de postgrado, lo intentaron 23.750 alumnos, pero el MIT sólo abrió la puerta a 3.307 candidatos (13,9%), de los cuales decidieron continuar 2.165. Tiene 440 alumnos extranjeros en estudios de grado y 2.849 en posgrado.

Uno de nuestros problemas es que no hacemos un programa académico atractivo para los estudiantes extranjeros

Universidad España ofertó 246.642 plazas el curso 2015-2016, un 0,6% más que en el anterior. La ratio matrícula/oferta fue del 89,9%, lo que significa que de cada 100 plazas ofertadas quedaron finalmente sin cubrir con matriculados de nuevo ingreso por prescripción algo más de 10. La tasa de adecuación fue del 75,7%, es decir, en 2015-2016 algo más de tres de cada cuatro matriculados de nuevo ingreso por prescripción se había preinscrito en primera opción en el estudio al cual accedió.

Uno de nuestros problemas es que no hacemos un programa académico atractivo para los estudiantes extranjeros. En el curso 2013-2014, según la OCDE, apenas una de cada cinco instituciones españolas de educación superior ofrecía enseñanzas íntegras en inglés, porcentaje trece puntos inferior al promedio de sus países miembros. Los estudiantes asiáticos, que fueron el 52,5% de todos los estudiantes internacionales en el conjunto de la OCDE, en España solamente representaron el 5,6%. Por otro lado, los estudiantes nacionales matriculados en países extranjeros sólo significaron el 1,5% del total de matriculados en España, justo la mitad del porcentaje que registró el conjunto de los 21 países que forman parte simultáneamente de la OCDE y de la Unión Europea.