El agua está desapareciendo de nuestros embalses y de nuestros ríos. Llevamos meses viendo cómo van disminuyendo las reservas, estamos pasando los meses lluviosos del año sin que apenas haya precipitaciones. Los embalses que sirven para proveernos de agua en periodos de sequía están al 37% de su capacidad, frente al 48% de hace un año y al 53% de hace una década. La sequía sequía ha vuelto: ¿Dónde está el agua?

El agua nos la comemos. Está en las hortalizas que tienes en tu casa o en las toneladas que exporta el sector agrícola a Francia, Bélgica, Alemania, etc. La superficie de riego en España ha aumentado en 376.511 hectáreas desde 2006 a 2016, según el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA) -basándose en informes de Ecologistas en Acción entre 1998 y 2016-, y sumando los datos de cada uno de los planes hidrológicos hay 700.000 hectáreas más. Por su parte, las ventas de hortalizas al exterior se han incrementado desde 2006 con una subida del 60,5%, según el Informe de Comercio Exterior del MAPAMA. La agricultura consume el 84,3% de agua de España, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

La reflexión es instantánea. Estos agricultores y nosotros tendremos que comer ¿no? “Pero también tendremos que beber”, replica Santiago Martín Barajas de Ecologistas en Acción. Esta semana Greenpeace ha mostrado el estado de los ríos y embalses de 12 provincias con un informe y una documentación gráfica con la que hemos visto el rostro del estrés hídrico. Muchos ya están sufriendo las consecuencia en sus grifos de casa. “Más de 120 localidades de toda España ya tienen problemas de abastecimiento”, según Julio Barea. Muchos de los cuales se pueden ver en este mapa elaborado con información de la Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento (AEOPAS).

Según las previsiones de AEMET de noviembre a enero se esperan meses con más probabilidad de que sean secos. La previsión se cumple en noviembre. Todo apunta a que habrá más problemas de abastecimiento. No llueve y se siguen regando los campos en otoño. “Ya en verano pedimos que se limitara el riego, porque el agua que estamos usando para regar hoy la podemos necesitar en verano para beber”, destaca el especialista de Ecologistas.

El año seco nos ha pillado con los embalses casi vacíos. No estamos preparados para un periodo de sequía

“Podemos decir sin ninguna duda que hasta final de año, y en la mayor parte de España, el abastecimiento se va a poder suministrar sin ningún problema”, dijo la ministra Isabel García Tejerina este mes en Onda Cero. Lo que produce intranquilidad. “2018 empieza en menos de un mes y medio”, recuerda Martín Barajas. “Este año está siendo seco, si tuviéramos los embalses llenos no habría problema, pero nos ha pillado con los embalses muy mal. No estamos preparados para un periodo de sequía”.

“Las precipitaciones de 2014, 2015 y 2016 han estado por debajo de la media habitual. Pero en 2017 entre el 1 de enero y el 31 de octubre llevamos una caída del 24,33% en la precipitación media. Pero en noviembre, el segundo mes más lluvioso del año, no ha llovido casi, lo que incrementará la caída” explica Martín Barajas.

En AEOPAS ya están movilizando a los municipios para campañas de concienciación de ahorro de agua.”Si la población quiere que los recursos sean utilizados de manera sostenible deberá implicarse mucho más en la gestión del agua, de manera consciente y comprometida. Para que un programa de uso eficiente del agua tenga éxito, debe contar con la participación ciudadana, y para ello es indispensable establecer acciones de comunicación y educación”, señala Luis Babiano gerente de la asociación de municipios.

Embalse de la rambla de Algeciras. Librilla, Murcia Foto: Pedro Armestre/Greenpeace

Situación respecto a otras sequías

En España son habituales los periodos de sequía, como la del 90 al 95. Pero, ¿hemos aprendido algo? “Sí, parcialmente- responde Martín Barajas-. En aquellos años “la eficiencia en la utilización del agua era muy baja y se ha mejorado mucho, pero el consumo de regadío se ha incrementado notablemente absorbiendo ese ahorro y ahora hay otro factor que incide negativamente: el cambio climático”.

“La degradación del suelo es ya intensa en partes de la Europa mediterránea y centro-oriental y, junto con prolongados periodos de sequía e incendios, está ya contribuyendo a un riesgo incrementado de desertificación. Los riesgos proyectados de desertificación futura son los más elevados en estas zonas”, señala sobre ese escenario de cambio climático según el informe de la ONU Cambio Climático 2014: Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad.

Se ha reducido el caudal de los ríos del orden el 20% en los últimos 25 años

El cambio que seca España es la gran diferencia, junto con el aumento de la demanda agrícola de agua. Los embalses recogen menos agua porque los ríos llevan menos agua y van a llevar menos. “Con el incremento de la temperatura por el cambio climático hay mayor evapotranspiración de las plantas y del suelo, lo que reduce las aportaciones a los caudales. Del agua que llueve el 67% se evapotranspira, el 9% va a los acuíferos y el resto [24%] a los ríos”, explica el experto de Ecologistas en Acción.

El agua que nosotros podemos usar es la de los ríos y los acuíferos, “con la subida de la temperatura media nos encontramos que se ha reducido el caudal de los ríos del orden el 20% en los últimos 25 años. Así que aunque tengamos el mismo nivel de lluvia tenemos menos agua”.

Para Julio Barea, miembro de Greenpeace, no hemos aprendido mucho de las sequías anteriores: “Seguimos viviendo como si la Península Ibérica fuera rica en agua”. Para su organización es prioritario parar el continuo robo de caudales que provocan los pozos ilegales. “Estas reservas de los acuíferos son estratégicas para el futuro del país en un escenario de cambio climático más agudo y las están esquilmando”.

Rio Miño. Embalse Belesar. Foto: Pedro Armestre/Greenpeace

Cómo se aborda la sequía

Los Planes de Sequía establecen cuatro niveles de gravedad progresiva “entre los cuales hay periodos suficientes de transición para poder anticiparse a lo que proceda en el siguiente nivel”, señalan desde MAPAMA.

Estos umbrales son Normalidad; Pre-alerta; Alerta y Emergencia, y los Planes establecen las medidas a adoptar en cada nivel (de vigilancia y control, en todas las fases); medidas de gestión, planteadas a partir de la fase de Alerta (acuerdos temporales, cambios puntuales en alguna concesión, elaboración de Real Decreto de sequía, etc.); y medidas de restricción de uso, fundamentalmente en la fase de Emergencia pero que se empiezan a trabajar en la de Alerta (por ejemplo: reducir la dotación de riego).

En la actualidad tres demarcaciones (Júcar, Segura y Duero) cuentan con un Real Decreto de sequía en vigor, con medidas extraordinarias para paliar la situación de sequía. En Alerta se encuentran las demarcaciones del Guadalquivir, del Miño-Sil y del Ebro; y en prealerta las del Guadiana, Cantábrico Occidental y parte de la del Tajo.

¿Se cerrará el grifo a los regantes?

A medida que se avanza en los indicadores de sequía, una de las medidas que debe fijarse es la adecuación de las dotaciones, que se establece priorizando la atención del abastecimiento, lo que significa reajustar las dotaciones de agua para actividades económicas, entre otras, el regadío.

“Para el Gobierno de España la prioridad absoluta es el abastecimiento de la población, tal como establece la Ley de Aguas de nuestro país, y por eso el Gobierno ya ha anunciado que si la sequía persiste y se reducen aún más los recursos disponibles será necesario reducir las dotaciones de regadío en las cuencas más deficitarias a favor de estos abastecimientos”, contestan desde el MAPAMA. Si sigue sin llover, veremos qué pasa en 2018.