La vida útil de un objeto es el tiempo que queda entre la validez de la garantía y la obsolescencia programada. Sin embargo existen personas que no se dan por vencidas cuando un aparato deja de funcionar. Ya sea porque le tienen mucho cariño o porque no quieren gastar más dinero.

Es el caso de Ana, que después de 16 años no quiere tirar su tetera preferida. O Elena, que no soporta la idea de tirar su viejo ratón. En Madrid los adictos a la reparación se reúnen justo delante del Museo del Prado, en el Medialab. Un encuentro mensual, abierto a todos los que tengan un objeto roto y las ganas de aprender cómo arreglarlo.

En este vídeo desvelamos algunos trucos que se aprenden en un Repair Café para empezar a arreglar tus propios dispositivos | Vídeo: G. M. Piantadosi

Los Repair Café son un experimento nacido en Holanda hace casi veinte años. Son la avanzadilla del movimiento a favor del derecho a reparar y cuentan ahora con más de 3.000 clubs en todo el mundo. También en España, con presencia en 4 ciudades: Madrid, Barcelona, Oviedo y Toledo.

Francisco Ortega, profesor de la enseñanza primaria, es la mente reparadora del grupo que se reúne en la capital. De niño destrozaba cosas y así aprendió cómo arreglarlas. Ahora explica a los demás cómo hacerlo. Móviles, cámaras de foto, electrodomésticos de cocina, ordenadores. Pero también objetos que difícilmente pensaríamos que se pueden reparar: el cargador de un teléfono, auriculares…

“No somos competencia desleal. No arreglamos grandes electrodomésticos y no llevamos el trabajo a casa. Todo es gratis”, dice Ortega. La mayoría de objetos deja de funcionar por errores de diseño o fallos mecánicos: suciedad, humedad y caídas. En su opinión es intolerable que un aparato deje de funcionar por la ruptura de un tornillo o de una pestaña de plástico mal diseñada.

Si tienes algo roto es porque quieres, dice Francisco Ortega, animador del Repair Café de Madrid

Con un poco de paciencia, pegamento y las herramientas necesarias casi todo se puede arreglar. “Si tienes algo roto es porque quieres”, dice. El libro de instrucciones se llama iFixit. Una web que recopila video tutoriales y manuales sobre cómo resucitar una GoPro o poner en marcha de nuevo un secador.

En un Repair Café se aprende a sortear las pegas de los fabricantes para evitar reparaciones caseras y obligar al cliente a contactar con el servicio técnico: tornillos con cabezas especiales, pegatinas escondidas o componentes soldados de manera que no puedan ser sustituidas individualmente.

“Hay quien quiere reparar por ahorrar, por respeto al medio ambiente. Yo lo hago por estética. Me parece de mal gusto tirar cosas”. Sin embargo, movimiento platea la cuestión ética de si una vez comprado, los derechos del fabricante sobre el objeto prevalecen sobre los del posesor.

Reparar molesta

Si excluimos los grandes electrodomésticos o el coche, el concepto de reparación hoy está confinado en los rincones de los grandes almacenes que se han convertido en pequeñas clínicas de la salud de los electrodomésticos. Espacios amigables muy diferentes de las tradicionales tiendas de reparación, donde uno va a gastar para obtener de vuelta algo que ya tenía. No hay ningún placer consumista en arreglar.

Sin embargo, reparar es un negocio que ha vuelto a florecer también gracias a los smartphones. La sustitución de la pantalla es una de las reparaciones más demandadas. Alrededor de las tiendas de los grandes operadores de telefonía, ha crecido una selva de tiendas no oficiales que ofrecen reparaciones más baratas, a menudo con piezas no originales.

Las empresas de reparación han crecido del 70% en España según datos del INE

En 10 años el número de empresas que se dedica a la reparación de artículos de uso doméstico ha crecido más del 70% según datos del INE. En 2008 eran 22.032 en 2017 y han subido hasta 31.401. En su gran mayoría se trata de trabajadores autónomos, pero también las grandes multinacionales tecnológicas han empezado a preocuparse por un sector que consideraban marginal gracias a los beneficios derivados de la obsolescencia programada.

La oferta de Apple de sustituir con un descuento las baterías ralentizadas con la última actualización del iPhone es un indicador de los ingresos que puede generar el sector de la reparación: de momento solo Apple puede cambiar las batería de sus dispositivos. Pero también es un ejemplo de la lucha que existe entre consumidores y gigantes de la tecnología. La casa de Cupertino ha sido acusada por las asociaciones de consumidores de inducir la obsolescencia programada de sus dispositivos con el único objetivo de favorecer la venta de nuevos dispositivos.

Nebraska (Estados Unidos) propuso una ley sobre “reparación justa” pero fue parada por las quejas de las grandes compañías tecnológicas

La compañía fundada por Steve Jobs ha replicado que acortar la vida de las baterías era necesario para evitar malfuncionamientos o sobrecalentamientos. La peligrosidad de los dispositivos viejos o defectuosos es una de las razones con que Apple y otras compañías tecnológicas (como Hp, Deere&Co. entre otras) ha conseguido parar en marzo una ley del parlamento de Nebraska (Estados Unidos) sobre la “reparación justa”. Una propuesta que imponía a los productores la venta de sus piezas de repuestos directamente al cliente final o a técnicos externos a la red de reparadores autorizados. Además de las seguridad, las empresas tecnológicas alegaron razones de seguridad y de propiedad intelectual.

Lo más sorprendente de la frustrada ley de Nebraska es su procedencia: un estado de agricultores. Acostumbrados a reparar su propia maquinaria, han sido los más movilizados a la hora de reclamar el derecho a no depender de los servicios técnicos oficiales ahora que la producción en el campo ha sido revolucionada por la digitalización.

Vivir con menos

Reparar no es lo mismo que reciclar. Se reciclan los residuos y la basura. Todo lo que se puede reparar no es basura. No hay nada malo en poseer, sin embargo nuestra sociedad premia la cantidad sobre la calidad. “Compramos compulsivamente porque el marketing se ha adueñado del concepto de felicidad. Los precios bajos incentivan a comprar lo innecesario”, explica Celia Ojeda, responsable de consumo sostenible de Greenpeace. El vestuario es un claro ejemplo de cómo el abaratamiento de los costes y de la calidad, unido a un marketing cada vez más eficaz, ha empujado las personas a cambiar el guardarropa más de lo necesario.

Greenpeace y Amigos de la Tierra lamentan la falta de apoyo institucional en la lucha contra la obsolescencia programada

Greenpeace calcula que el impacto en CO2 se reduciría si se alargase a los dos años la vida útil de una prenda. Sin embargo, tanto en el vestuario como en los electrodomésticos, a menudo sale más barato comprar un objeto nuevo a repararlo. “No hay ningún tipo de apoyo institucional. Se necesita una normativa que fomente las tiendas de reparación, de intercambio y de segunda mano. Sin embargo, es el Estado y la sociedad los que luego se encuentran con el problema de los residuos.”.

Una clave podría ser bajar el IVA de los objetos reparados del 21% al 10%, como pide Amigos de la Tierra tras el ejemplo de Suecia, que en 2016 fue el primer país europeo en adoptar esta medida pionera . Según esta asociación, la bajada del IVA generaría un círculo virtuoso que incentivaría a los fabricantes a producir objetos reparables y más duraderos. Los beneficiados no serían solo los bolsillos de las familias sino también el medio ambiente: Amigos de la Tierra estima que para producir un ordenador se necesitan 5.300 kilovatios por hora, el consumo energético de una familia durante 20 meses.

Comprar y comprar es también una manera de evitar el encuentro con las cosas verdaderamente fundamentales de nuestras vidas, como el miedo a perder. En Viajar ligero, la vida con equipaje de mano (Ático de los libros), el escritor y periodista italiano Gabriele Romagnoli escribe: “Mucha gente, demasiada, tiene el doble de las cosas que necesita. La crítica de la posesión es radical o no lo es. Quien acumula también te hace daño a ti”. Para Romagnoli el futuro tendrá que ser como una maleta de mano: acepta cualquier contenido pero su espacio es limitado.