¿Qué pasaría si el Parlamento estuviera lleno de científicos? ¿O al menos de políticos con ganas de aplicar el método científico? Dejar a un lado las opiniones y centrarse en hacer leyes basadas en evidencias. Sin miedo a reconocer errores, a cambiar su tesis si los datos demuestran que es errónea. El primer día del año un grupo de científicos se lo preguntó y tomó forma la iniciativa Ciencia en el Parlamento. En tan poco tiempo ha sumado el apoyo de las principales universidades, instituciones científicas y de innovación del país, diputados de todos los colores políticos y se ha propagado como la pólvora en redes sociales.

“Creemos que si los políticos no utilizan la ciencia a la hora de tomar ciertas decisiones es porque no la conocen. En el Congreso y el Senado hay muy pocos políticos que tengan formación científica y una persona que no ha tenido contacto con el método científico es difícil que lo aplique en su día a día”, explica Andreu Climent, el investigador del Hospital Gregorio Marañón, principal promotor de la iniciativa.

“En España faltan científicos en los órganos de toma de decisiones”, señala Estrella Luna Diez, presidenta la Comunidad de Científicos Españoles en Reino Unido (SRUK/CERU), que han apoyado la iniciativa desde el primer momento. “Aquí no ha terminado de cristalizar la cultura de asesoría científica y hay muy pocos diputados con formación científica”, coincide Jorge Barrero, director de la Fundación COTEC para la innovación, que también empuja el proyecto. Existe el Consejo Asesor de Ciencia, Tecnología e Innovación, encargado de asesorar al gobierno en el campo de la I+D+i, que “aunque es un órgano vivo,  se reúne muy poco, una vez al año”, según fuentes de la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación. 

La idea es lograr que las políticas estén basadas en la evidencia. “Entendemos que la labor ejecutiva requiere de decisiones rápidas que no siempre pueden ser suficientemente meditadas. Sin embargo, la principal función del Parlamento es diseñar el marco legislativo. La preparación de una ley es un proceso normalmente lento y donde debería ser fundamental incluir una memoria científica, como complemento a otros aspectos que ya se valoran como son los informes jurídicos, informes económicos o medioambientales”, arguye el científico, que cuenta también con el respaldo de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y la Asociación Española de Bioempresas (ASEBIO).

“¿Se plantean los políticos medir de forma objetiva como está funcionando la ley de violencia de genero para decidir si hay que mejorarla?”, pregunta al aire. Con la participación de científicos los parlamentarios podrían hacer una revisión de las leyes, evaluar el correcto o erróneo funcionamiento de una ley una vez está empiece a aplicarse. “En ciencia, cuando se plantea una hipótesis, por ejemplo que un fármaco va a curar una enfermedad, lo primero que debemos hacer es diseñar qué experimentos y medidas debemos realizar para poder afirmar o refutar la hipótesis de partida. De igual forma, en política, si se considera que una medida o ley va a ser útil para, por ejemplo disminuir el abandono escolar, sería necesario que los políticos planteasen objetivos concretos que permitiesen medir si dicha medida está funcionando o fracasando”, reflexiona.

El científico Andreu Climent, principal promotor de Ciencia en el Parlamento

El científico Andreu Climent, principal promotor de Ciencia en el Parlamento

“Nos gustaría poner en marcha un sistema mediante el cual los científicos puedan ayudar en la gestión pública”, anuncia. “Que se deje de plantear a los científicos como unos quejicas que necesitan dinero”, aclara. La fórmula consistiría en reunir a políticos, investigadores, tecnólogos y profesionales en innovación en un evento de dos días. Allí intercambiarían sus puntos de vista con el objetivo de mejorar la toma de decisiones. No solo los políticos se pondrían al día sobre cómo funciona la ciencia, los científicos aprenderían cómo funcionan las cámaras y verían cuáles son los problemas a los que se enfrentan los políticos en su día a día y comprender por qué toman ciertas decisiones.

En Australia hacen este tipo de congregación desde 1985. Cada año los parlamentarios se reúnen con unas 200 personas dedicadas a la ciencia y la innovación. Plantean sus puntos de vista al presidente y a la oposición. La próxima está programada los días 13 y 14 de febrero. El Parlamento Europeo tiene una iniciativa similar, Science meets Parliament, activa desde 2005.

Otro de los modelos que este grupo de científicos propone seguir es el británico. “Reino Unido tiene una Oficina de Ciencia en el Parlamento que asesora al gobierno sobre cómo hacer leyes que impliquen conocimiento científico. Aquí, al igual que en el Parlamento Europeo, además de la reunión se hace una actividad de pairing. Un científico se convierte en la sombra de un político durante un día y viceversa”, apunta Estrella Luna.

“La política va de sentimientos y opiniones. En estos tiempos de posverdad hay que mirar como solución a la ciencia. Buscar pruebas. Valorar de forma racional los hechos. Tomar decisiones objetivas sin tener tanto en cuenta la tendencia política y la cultura”, elucida desde las antípodas el astrofísico Ángel López-Sánchez, del Observatorio Astronómico Australiano y miembro de la asociación de Investigadores Españoles en Australia-Pacífico (SRAP-IEAP). De una reflexión de esta naturaleza nació el proyecto. Climent estaba escuchando, como cada semana, el podcast Coffee Break del Instituto Astrofísico de Canarias. Intervenía López-Sánchez describiendo el modelo australiano. En ese momento, saltó la chispa, Twitter prolongó la conversación y las ganas de cambiar las cosas hicieron el resto.