Inteligencia artificial & Ciencia | Investigación | Mujeres al timónEntrevista con la nieta de Marie y Pierre Curie

La saga de las Curie: “Mi abuela Marie fue una feminista dando ejemplo”

Héléne Langevin-Joliot es la tercera generación de eminentes físicas y físicos, comprometida con el antifascismo y el papel de la mujer en la ciencia.

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La saga de las Curie: “Mi abuela Marie fue una feminista dando ejemplo”
Marie, Irene y Héléne, tres generaciones de físicas Curie

Marie, Irene y Héléne, tres generaciones de físicas Curie M.V.

Resumen:

El de Marie Skłodowska Curie es uno de los árboles genealógicos más bellos, entrelazados y trágicos de la historia reciente. Cada rama de su descendencia es un avatar del siglo XX. La física nuclear Hélène Langevin-Joliot (París, 1927) carga media historia de la física nuclear en sus apellidos, pese a que el Curie se haya desvanecido. La nieta de la primera científica en hacerse con dos Nobel continúa a sus 90 años haciendo un apostolado ateo del poder de la ciencia colaborativa, menos competitiva y cortoplacista.

La historia de sus abuelos. La historia de sus padres. La historia propia, la de su marido y su hijo. La historia, al fin y al cabo, del siglo XX se escribe en cuatro generaciones de químicos y físicos que vivieron en primera persona las alegrías y sinsabores de la política y la ciencia. Vinculados de forma especial a España, creyeron tanto en la investigación como en la familia. | Vídeo: M.V.

 

Hija de dos eminencias de la física (Irene y Frédéric), Hélène, se casó con el nieto de Paul Langevin, destacado físico del magnetismo que se enamoró de Marie Curie tras enviudar ésta. Tal como relata la reciente película Marie Curie, tuvo con su abuela un romance condenado por la prensa y que casi le cuesta el Nobel a la madre del radio y el polonio. Cierre de un círculo que continúa abierto en una familia que, un siglo después, sigue haciendo aportes a la física y la lucha de la mujer.

Reconoce que, de algún modo, cada generación ha sido un poco más feminista, siendo “como fue mi abuela, un símbolo para el movimiento, aunque ella no lo manifestaba mucho. Fue más una feminista en la ciencia por el ejemplo que dio”, señala a El Independiente tras su última conferencia, impartida este lunes en el Ayuntamiento de Madrid de la mano del Instituto Francés.

“Mi madre militó en la defensa de las mujeres más que mi abuela, está claro” En tiempos de su abueba se debatía sobre el voto femenino, pero Marie, aunque un símbolo, no fue una activista. “En lo que se refiere a mí, tras la guerra, yo estaba más preocupada por las armas nucleares y las guerras”. Hélène, que estudió en la ESPCI ParisTech de sus abuelos, ha crecido profesionalmente investigando en el centro de Orsay del CNRS (el equivalente al CSIC francés).

Desde 1980, su activismo feminista se hizo más patente. Recuerda que cuando accedió la dirección de investigación “había una importante influencia sindical” que, de algún modo, hacía más paritaria esta entidad. “Hablo de aquella generación, no la de después, que se ha encontrado el techo de cristal que yo no viví. Para una científica era mejor investigar en el CNRS –un órgano de decisiones más colegiadas– que en la universidad, donde una sola persona podía eliminar a una mujer”.

Sus padres, con los refugiados republicanos españoles

Su padre Frédéric hacía experimentos en su casa cuando se apuntó a la escuela donde Marie y Pierre tenían su laboratorio. Su madre, con apenas 17 años, fue enfermera en las llamadas petites curies, ambulancias radiológicas en la Primera Guerra Mundial. “Personalidades muy diferentes que se encontraron en el Instituto del Radio (fundado por Marie y en el que publicó Irene su primer trabajo en 1921)”, recuerda Hélène. “El principio fue difícil para Frédéric, puesto que era él quien tenía que aprender de mi madre” en un tiempo en que había que hacer un esfuerzo “para no ver a las mujeres como objetos de conquista”.

Por aquel entonces, Frédéric era un joven discípulo de Paul Langevin, otrora enamorado de la directora del Instituto, Marie. El amor y la ciencia se abren paso, esta vez sí, en esta segunda generación: En 1926 contraen matrimonio civil y los Joliot-Curie (adoptaron el apellido conjunto) comienzan a trabajar mano a mano “en lo que es su etapa más prolífica” sobre la misteriosa radiación de Bothe.

Llega así la efervescencia de los años treinta. No son ajenos a los acontecimientos políticos. La saga ha mostrado un constante compromiso con las libertades y el antifascismo “con los que hoy me siento identificada plenamente”, reconoce Hélène. Su padre participó en la formación del Partido Comunista Francés y llegó a ser responsable del Frente Popular.

Mis padres y Einstein apoyaron a los refugiados españoles en EE.UU.

“Convenció a mi madre para apoyar a los refugiados españoles [de la Guerra Civil] en Estados Unidos”, recuerda Hélène. Viajó hasta Nueva York, “donde al principio no la dejaron entrar” y se reunió con Einstein, “del que pocas personas saben que fue una pieza clave del Comité Antifascista”. Por aquel tiempo, Irene Joliot-Curie es la primera Secretaria de Estado de Investigación en un gobierno que aún no reconocía el derecho al voto femenino. “Fue una enorme decepción que Francia no ayudase [al gobierno republicano de] España y eso terminó alejándolos del gobierno del Frente Popular”.

Es cierto que en el mundillo universitario se habían organizado para ayudar, extraoficialmente, quienes lucharon contra Franco. “Ahí estaba mi padre y su entorno, no tanto para ayudar con armas, sino con todo tipo de medios de defensa que había que reunir y pasar a España clandestinamente, pero con cierta buena voluntad del gobierno francés”.

Pero, más allá de la decepción con sus dirigentes, había un temor por no ayudar a España. “Aquella decisión sabían que les llevaría a la guerra”. Y los científicos sabían que esa podía ser una guerra muy distinta.

Congreso de Solvay de 1933. Dos generaciones científicas van a modelar el siglo XX, con la presencia de dos Curies

Congreso de Solvay de 1933. Dos generaciones científicas van a modelar el siglo XX a base de energía atómica, con la presencia de dos Curies B. Couprie / M.V.

Científicos por la paz

Son los tiempos en que varias investigaciones, entre las que están las de los Joliot-Curie, apuntan a la posibilidad de que se produzcan reacciones atómicas en cadena, base de funcionamiento de una central nuclear pero también de una bomba. Como recuerda Hélène en sus conferencias, “en marzo de 1940 mis padres preparaban un experimento de reacción en cadena. La debacle de la guerra obliga a mandar todo el material a Inglaterra. El uranio se escondió”. Paradójicamente, al término de la contienda, con la primera bomba atómica, se relanza la investigación de la que se beneficia la medicina nuclear.

Si se hubiese escuchado sólo a los físicos, hubiera habido un uso pacífico de la energía nuclear

“Si se hubiese escuchado sólo a los físicos, hubiera habido un uso pacífico de la energía nuclear. Pero [como no se hizo], así hemos llegado a nuestros días, donde tenemos motivos para inquietarnos”, expresa vigorosamente Hélène, en un profundo tirón de orejas a los políticos. “Mi propio padre no midió el alcance de lo que era [la bomba] hasta que llegaron las primeras imágenes de Japón.

Tras la guerra, la obsesión de Irene fue construir un acelerador de partículas en Orsay. Su sueño se hizo realidad en 1955, unas semanas antes de morir víctima del cáncer, como su abuela. Frédéric, fundador del Comisariado de la Energía Atómica con los parabienes de De Gaulle, es destituido en 1950 por su todavía cercanía al PCF, mal vista por Estados Unidos. Ahí, como una Curie más, toma el relevo de su fallecida esposa y de su suegra al frente del ya mítico Instituto del Radio.

Dice en ocasiones Hélène Langevin que hoy no hubiera estudiado Física. “En nuestros días hay un enfoque muy utilitario de la ciencia y los jóvenes tienen que perder el tiempo compitiendo”. Se queda con una frase que dijo su madre a un grupo de estudiantes en 1938:

“La investigación es reconfortante moralmente por cuanto tiene de descubrimiento, aunque el descubrimiento tenga poca importancia”.

Hélène Langevin-Joliot-Curie tiene un hijo, también físico. Él, sin embargo, ha dedicado su vida a algo mucho más grande que el núcleo del átomo: el planeta Marte y su eventual vida en él. La saga Curie conquista las estrellas.

Las Curie, casi el 17% de las Nobel de ciencias

El Independiente Podcast: Marie, más allá de Eve Curie


Marie Curie abrió la puerta. Pero hoy, apenas un 5% de los premios Nobel recaen en mujeres. Eso sí, la saga familiar de físicas y químicas acumula el 16,6% de los premios de ciencias. Son tan pocas que el porcentaje se dispara con el doble galardón de Marie (Física, 1903. Química, 1911) e Irene (Química, 1935).


Para cuando los Curie empiezan a investigar conjuntamente, eran los rayos X, descritos en 1895, los que estaban de moda. “Se podían ver sus consecuencias y además eran fáciles de producir, a partir del residuo de fabricar bombillas a gran escala”, recuerda el profesor de Historia de la Ciencia de la UAB Xavier Roqué, autor de Marie Curie, icona ambivalent (UAB).

Con el polonio y el radio la cosa es más complicada. Pierre Curie estaba interesado por los efectos de la radiactividad, pero es Marie quien centra el foco. “Pierre era brillante (descubrió la piezoelectricidad con menos de 20 años), pero creo que le faltaba disciplina”, apunta a El Independiente la catedrática de Química Inorgánica de la US Adela Muñoz Páez. “Ella empezó un campo nuevo, no siguió la estela de él. Lo llevó al terreno de su interés”, después de que el científico hubiese abandonado el tema de su tesis doctoral.

 


Hélène Langevin ha estado en Madrid en el contexto de la exposición Mujeres Premio Nobel.
Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Hasta el 3 de junio.