A bordo de un Falcon 9 de la SpaceX de Elon Musk. Así ha nacido la carrera a la Luna israelí, que se suma a la de Estados Unidos, Rusia y China. El primer vehículo de aterrizaje lunar de Israel despegó este 22 de febrero, a ñas 02.45 (hora de Madrid), desde Cabo Cañaveral (EE.UU.). Si la misión culmina con éxito, la sonda robótica, denominada Beresheet (Génesis), convertirá al estado judío en la cuarta nación en lograr un aterrizaje controlado en la superficie de la Luna. Y la primera financiada por capital no gubernamental.

Beresheet, del tamaño de una lavadora, está programado para alcanzar su destino en el lado cercano de la Luna a mediados de abril luego de un viaje de dos meses y 6,5 millones de kilómetros.

Una trayectoria de vuelo directamente de la Tierra a la Luna cubriría aproximadamente 386,242 kilómetros, pero Beresheet seguirá una ruta más tortuosa. Si todo va según lo planeado, su órbita sobre la Tierra, que se ampliará gradualmente, llevará finalmente a la sonda hasta la fuerza gravitacional de la Luna, preparando el escenario para una serie de maniobras adicionales que lleven a un aterrizaje automático.

Hasta ahora, solo otras tres naciones han llevado a cabo aterrizajes «suaves» controlados en la Luna: Estados Unidos, la antigua Unión Soviética y China.

Una carrera espacial privada

Eso sí, esta no es una inicitiva directa del estado de Israel. Beresheet marcaría el primer aterrizaje lunar no gubernamental. La nave espacial de 585 kilos fue construida por la empresa espacial israelí sin fines de lucro SpaceIL y el contratista estatal de defensa Israel Aerospace Industries (IAI), con una inversión de 100 millones de dólares aportados casi en su totalidad por donantes privados.

Beresheet está diseñado para pasar de dos a tres días utilizando instrumentos a bordo para fotografiar su lugar de aterrizaje y medir el campo magnético de la Luna. Los datos se transmitirán a través de la Red Espacial Profunda de la agencia espacial estadounidense NASA a la estación terrestre con sede en Israel de SpaceIL Yehud.

Al final de su breve misión, los controladores de la misión planean simplemente clausurar la nave, según los funcionarios de SpaceIL, dejando a Beresheet como otro testimonio de presencia humana en la Luna.