España se está quedando sin maestros de «mates» para Primaria, Secundaria y Bachillerato debido a que los pocos graduados en matemáticas que salen cada año de la universidad optan de manera mayoritaria por el sector privado, mejor remunerado y reconocido.

En una entrevista con EFE con motivo del Día Internacional de las Matemáticas, que se celebra mañana, el presidente de la Federación Española de Sociedades de Profesores de Matemáticas, Onofre Monzó, afirma que están barajando abrir la puerta a profesionales de otros campos de conocimiento, pero «con una serie de condiciones».

El Comité Español de Matemáticas, en el que está integrada su organización, prepara un documento para el Ministerio de Educación con las bases del currículo de los alumnos de enseñanzas no universitarias -que «necesitan actualizarse y aligerarse»- y después cerrarán su propuesta de cómo deber ser el perfil del profesorado.

Monzó recuerda que el Reino Unido resolvió este problema hace tres décadas «importando» a profesionales indios. «Es un asunto complejo: incluso si todos los matemáticos que acaban el grado se dedicaran a la docencia en la Universidad y a las etapas no universitarias no habría suficientes, y a ello se suman todas las jubilaciones».

Pese al auge de las matemáticas en España durante los últimos años, en la veintena de facultades existentes el número de alumnos matriculados es «bajo» y los que acaban el grado «prefieren dedicarse a la empresa y a la industria, y unos pocos a la Universidad».

Pese al auge de las matemáticas en España durante los últimos años, en la veintena de facultades existentes el número de alumnos matriculados es «bajo»

Para revertir esta situación, el Comité Español de Matemáticas, que aún no tiene una postura definida, está estudiando la opción de que las clases las impartan profesionales que no son de esta rama de conocimiento, pero con la condición de que hayan pasado por una formación complementaria y posean los conocimientos de «la didáctica específica» que tiene esta disciplina científica.

Uno de los problemas actuales, añade Monzó, es que en España cualquier graduado con un máster puede presentarse a cualquier oposición, por lo que se dan situaciones de que un graduado en culturas clásicas con un máster en Latín o Griego «se puede presentar a las convocatorias de oposiciones de «mates».

Aparte de la necesidad de una didáctica específica (cómo un alumno aprende y cómo se enseña), Monzó subraya que es necesario el dominio de la materia. «He visto planes de estudio en escuelas de ingeniería sin una demostración en toda la carrera, y en muchos casos se han quedado en unas matemáticas que usan unas herramientas superiores desde el punto de visto instrumental sin saber el qué y para qué».

«Está claro que todo el mundo puede reciclarse y tiene derecho a llegar a final de mes, pero el perfil de una persona a la que no le gustan las matemáticas o que su opción no era enseñarlas, no es el mejor de los perfiles. Un físico, biólogo o químico puede cambiar pero hay que tener cierta actitud de gusto por la enseñanza», añade.

Monzó concluye que hay una posibilidad de nutrirse de profesionales de carreras científico tecnológicas para dar solución al déficit de profesores, pero «conforme está diseñado la formación en sus grados su incorporación no puede ser inmediata».