La Cumbre del Clima de Madrid, la COP 25, reúne durante dos semanas en Madrid a miles de científicos, empresarios, técnicos y políticos para dar pasos en la materialización de los Acuerdos de París, por el que la gran mayoría de los estados del planeta se comprometen a reducir emisiones de gases de efecto invernadero para frenar el calentamiento del planeta apoyándose en los datos científicos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Este organismo nació en 1988 de la mano de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y se trata de un órgano asesor compuesto por científicos voluntarios de todo el mundo. Es decir, lo que ocurra en Madrid durante dos semanas será de especial trascendencia para el futuro.

Sin embargo, la unanimidad internacional del Acuerdo de París fue rota por Donald Trump. Desoyendo las recomendaciones de la comunidad científica de su propio país ha decidido salirse de un acuerdo que sí han ratificado la Unión Europea y países como China y Rusia.

A nadie pilló por sorpresa la decisión de Trump, quien en 2012 aseguraba que el cambio climático era un invento de los chinos para hacer menos competitiva la economía estadounidense. El negacionismo de Trump y su defensa de los combustibles fósiles se ha convertido en una seña de identidad del presidente y de sus votantes. El carbón es “limpio y hermoso”, llegó a asegurar Trump. 

El presidente americano no está solo en su posición negacionista. La planificación e intervención en el sistema energético que requiere el cambio de uso de energías fósiles, causantes del cambio climático, por energías que no emitan gases de efecto invernadero como la energía eólica y la solar, son el principal campo de batalla de quienes niegan la existencia de un cambio climático. 

Muchos de los temores intervencionistas han encontrado acomodo en el objetivismo, una corriente de pensamiento muy extendida entre las élites económicas estadounidenses y políticos más conservadores, como el propio Donald Trump. Anclados en su postura contra el intervencionismo, sus seguidores niegan el cambio climático. “El objetivismo es una filosofía completa, basada en el racionalismo. Una manera de ver el mundo y cómo actuar y qué sistema social es el que mejor funciona para la naturaleza del hombre”, explica Domingo García, presidente de la Asociación Internacional para el Avance del Objetivismo. El movimiento parte de la novela La rebelión de Atlas de Ayn Rand, autora a la que han admirado en EEUU desde Ronald Reagan a Donald Trump, pasando por Alan Greenspan (ex presidente de la Reserva Federal) o Mike Pompeo (actual Secretario de Estado). 

Activistas de Greenpeace en una acción pidiendo el fin del carbón en la térmica de Meiramas en A Coruña. Pedro Armestre

El ecologismo es un movimiento político: su objetivo es frenar el progreso de la civilización occidental

“El objetivismo no tiene nada que decir sobre un fenómeno climático, pero sí te da los principios para lidiar con ello”, asegura García, quien reconoce que la mayoría de los objetivistas contemporáneos son negacionistas. “Nosotros partimos de la base de que el hombre para vivir necesita usar la razón y tiene que cambiar su entorno para su propio beneficio y vive y sobrevive modificando el entorno que le rodea”, asegura.

El principal objeto de sus críticas son las organizaciones ecologistas. “El ecologismo es un movimiento político: su objetivo es frenar el progreso de la civilización occidental, obligando a los individuos y a las empresas a reducir o dejar de usar una fuente de energía que es la más barata y la más útil”, mantiene.

Otro de los argumentos del objetivista a la hora de negar el actual estado de emergencia climática, declarado por el Parlamento Europeo esta semana, es la descalificación del Panel Intergubernamental del Cambio Climático. Según Domingo García “tiene muy poca credibilidad, ellos están financiados por gobiernos. Y los gobiernos le dan dinero a quien dice que tenemos un problema y que necesitamos seguir gastando dinero para solucionarlo. Hay científicos serios y vídeos en Internet que dicen que esto es una farsa. Lo llaman el fraude del cambio climático”, opina.

Donald Trump durante el anuncio de la salida de EEUU del Acuerdo de París.

Nuestro trabajo en el IPCC es voluntario, no cobramos nada. Es un proceso muy transparente»

Preguntamos al respecto a Marta Rivera Ferre, investigadora de la Universidad de Vic que participó en el informe global de 2017. “Nuestro trabajo en el IPCC es voluntario, no cobramos nada. Es un proceso muy transparente. En mi participación en el informe tuvimos que dar respuesta a 25.000 comentarios de científicos, técnicos de gobiernos y expertos en la materia. Sólo en el capítulo en el que yo participé. Una vez concluido este proceso, hay una figura que es el editor-revisor, que comprueba que todos los comentarios están respondidos de manera adecuada. Sólo se pueden incluir referencias científicas”, explica la investigadora que ahora participa en el VI informe como editora revisora. 

Juan Pina, secretario general de la Fundación para el Avance de la Libertad, comparte opiniones con Domingo García en materia de cambio climático. Su organización mantendrá un encuentro paralelo en Madrid el día 12 de diciembre bajo el título Madrid Climate and Freedom Colloquium 2019, en la que participarán miembros de organizaciones como la Reason Foundation de Estados Unidos y el Clean Capitalist Leadership Council, organización que, como la Fundación para el Avance para la Libertad, mantienen una posición crítica con la cumbre del clima. 

La cuestión del clima no puede convertirse en una excusa para retirar libertad económica

“En nuestra fundación entendemos que hay una posición exagerada sobre el cambio climático, no tenemos claro que se deba exclusivamente a la acción humana y lo que pensamos, en cualquier caso, es que la cuestión del clima no puede convertirse en una excusa para retirar libertad económica y que haya mayor intromisión de los estados en los mercados”, explica Pina. 

Este defensor de la libertad del mercado también cuestiona el panel de expertos de la ONU. “Los expertos que ponen los países en estas cumbres son los expertos que les parecen más adecuados. Este debate no está exento de politización. No voy a cuestionar a los expertos de este panel, pero creo que hay otras voces”, mantiene el miembro de este think tank.

Su organización pertenece a la Red Atlas, una red de carácter liberal señalada como lobby negacionista por los grupos medioambientalistas, porque muchas de sus organizaciones niegan la existencia del cambio climático. Una postura que no comparten otras entidades de esta red, como la Fundación FAES, vinculada al Partido Popular, que además aporta soluciones a la transición energética, según su forma de entender una economía abierta, pero sin negar la ciencia sobre la que se apoya la emergencia climática. 

Iliberales y ultras europeos

En Estados Unidos el papel de los lobbies ha sido de mayor trascendencia que en Europa, donde los más activos negacionistas son los grupos políticos de ultraderecha e iliberales. Un cuarto de los asientos del legislativo de la Unión Europea pertenecen a estos partidos.

El representante español en este grupo es VOX, cuyo grupo, consultado por El Independiente, nos facilitó esta explicación a su negativa de apoyar la declaración de ‘emergencia climática’: “No hay ninguna “emergencia climática”, ni amenaza de catástrofe total, ni ningún motivo para la alarma. La “emergencia climática” es  una expresión alarmista recién patentada por el negocio del clima para sembrar pánico artificial y la enésima herramienta política del globalismo para su delirante operación de control social”.  

Respecto al panel de expertos de la ONU, la posición de la formación sobre el grupo de científicos que avala sus decisiones fue que «la ONU nos parece un organismo muy desacreditado que se ha alejado mucho de los objetivos con que nació, que no eran otros que arbitrar entre las naciones para mantener la paz”. Y concluyen su argumentario sobre el organismo internacional diciendo: “Para nosotros es la Madre de Todos los Chiringuitos, esparciendo dinero público entre cientos de miles de asociaciones sin ningún tipo de control parlamentario. Los españoles no votamos a ninguno de esos que gestionan nuestro dinero y de los que no podemos controlar su actuación”.

El Parlamento Europeo, en plena sesión. EFE

“Si bien la negación del cambio climático inducido por el hombre está muy extendida en los EE.UU y se ha promovido desde la década de 1980, sigue siendo, en general, un fenómeno marginal en Europa. Sin embargo, no debe subestimarse: juegan un papel importante en las redes sociales y se difunden a través de foros, videos de YouTube y columnas de opinión”, asegura Stella Schaller. Esta analista es miembro de Adelphi, un think tank alemán medioambientalista, y es autora del informe Convenient Truths: Mapping climate agendas of right-wing populist parties in Europe (Verdades convenientes: mapeo de las agendas climáticas de los partidos populistas de derecha en Europa). “Pero más allá de algunos partidos populistas de derecha hay otros actores que están diseminando la desinformación en Europa”, explica. 

“Los epicentros de Europa para la negación del clima son el instituto EIKE en Alemania, el Instituto Hayek en Austria y GWPF en el Reino Unido. EIKE y sus socios mantienen estrechos vínculos con el Comité para un mañana constructivo (CFACT), con sede en EE.UU, una organización de lobby que apoya sistemáticamente la negación climática en todo el mundo. Otros grandes negacionistas de EE.UU, que influyen en Europa, son Heritage Foundation y el Heartland Institute, un grupo de expertos que organiza regularmente conferencias de negación del clima. Muchos de los think tanks negacionistas del clima de Europa también están unidos bajo el paraguas de la «Red de Estocolmo», asegura la analista.

Los que niegan el cambio climático ¿Qué tipo de evidencias tienen? Esto no es una cuestión de opinar»

Ana Iglesias, investigadora de la Universidad Politécnica de Madrid y de la Universidad de Columbia (Nueva York) y que ha sido parte del IPCC y del comité científico de la Agencia Europea de Medio Ambiente reflexiona sobre quién niega el cambio climático y lo compara con los antivacunas. “Hay grupos que van contra las evidencias científicas, los que dicen que las vacunas causan autismo hacen daño a la sociedad, los niños contraen enfermedades y se mueren. Igual pasa con los que niegan el cambio climático ¿Qué tipo de evidencias tienen? Esto no es una cuestión de opinar”, reflexiona la investigadora. “No hay proceso que haya sido tan mirado con lupa como los estudios del IPCC en el cambio climático. Es un proceso abierto en el que todo el mundo puede participar y argumentar y aportar datos. Nuestra participación es voluntaria, a mí nunca me han pagado por participar”. 

Stella Schaller recuerda el nivel de presión ejercida por los negacionistas antes de que el Parlamento haya aprobado la ‘emergencia climática’, y cita un informe del Observatorio de Europa Corporativa, Food & Water Europe, Friends of the Earth Europe y Greenpeace, según el cual “las compañías de combustibles fósiles más poderosas han invertido 251 millones de euros para presionar a la UE para retrasar o bloquear las políticas climáticas desde 2010, incluidos ExxonMobil y Shell”.