El 70 por ciento de los sistemas acuáticos continentales de España contiene microplásticos -elementos derivados del plástico de menos de 5 milímetros- y son los situados en zonas de fuerte influencia agrícola, urbana e industrial los más afectados. Es la principal conclusión del estudio realizado por la asociación Hombre y Territorio (HyT) en más de 30 ríos, arroyos o marismas pertenecientes a los siete ecosistemas terrestres más representativos de España, principalmente de Andalucía, en los que se ha probado el primer protocolo para el muestreo e identificación de estos residuos.

Se trata de elementos contaminantes “que casi no se ven y son uno de los problemas emergentes en los últimos años en los sistemas acuáticos”, pero la mayoría de los estudios en España hasta ahora se habían centrado en el medio marino, explica David León, coordinador del proyecto Microplásticos en Ríos de HyT. “Había mucha necesidad de conocer la calidad de las aguas a este nivel, pues si el 80 por ciento de la basura marina proviene de la tierra, está claro que los ríos actúan como vector principal”, asegura en declaraciones a EFE.

El origen y las características de estos microplásticos son muy diversos, algunos tienen un pequeño tamaño en origen (primarios) y otros se han fragmentado o degradado con el paso del tiempo (secundarios). En las zonas urbanas, predominan los derivados del textil, la cosmética y la higiene; en las industriales, provienen de procesos como el lavado de materiales o su manipulación; en las agrícolas, se generan por la radiación solar, la temperatura o la lluvia sobre los objetos, y en las áreas de uso público, puede provenir de colillas, envases o bolsas.

El protocolo, diseñado en el marco del Proyecto Libera, impulsado por SEO/BirdLife en alianza con Ecoembes, «es una herramienta sencilla para que científicos, técnicos, profesores o entidades de ciencia ciudadana puedan diseñar una actividad de educación ambiental o de caracterización de polímeros”, afirma David. Consiste en el filtrado de una cantidad específica de litros en un tiempo determinado y en diferentes puntos de la columna de agua en flotabilidad positiva o neutra, es decir, en los primeros centímetros de la masa de agua, para separar los microplásticos que después se identifican y analizan en un laboratorio.

En España, predominan arroyos y ríos de caudal medio o pequeño, pero esta herramienta «se puede adaptar a estudios que se desarrollen en caudales más grandes o desembocaduras», asegura, pues ayuda a muestrear zonas concretas, como las orillas, donde el viento y las corrientes empujan los residuos plásticos. El protocolo se integra asimismo en el Proyecto Libera en su primer estudio a nivel estatal de contaminantes en Áreas Importantes para la Conservación de las Aves y la Biodiversidad (IBA, por sus siglas en inglés).

Miguel Muñoz, coordinador del Proyecto Libera en SEO/BirdLife, recuerda que el problema más grave de los microplásticos es que, al tener una superficie específica muy alta en comparación con la masa, adhieren de forma fácil sustancias químicas «potencialmente tóxicas y bioacumulables”.

Los animales introducen estas sustancias en sus cadenas tróficas con consecuencias a nivel endocrino o genético y los virus o bacterias que se adhieren a los plásticos les pueden causar la muerte; “hasta 376 taxones o especies diferentes de patógenos se han identificado asociados a los microplásticos”.

Y éstos acaban entrando en las cadenas tróficas humanas; “muy probablemente, todos tengamos fragmentos en nuestros intestinos», subraya Miguel Muñoz.

En su opinión, el protocolo diseñado por HyT ayudará a que cualquier entidad pueda medir estos residuos en los ríos y es “una herramienta con un alto potencial de concienciación al hacer visible lo invisible”.

Desde el punto de vista conservacionista, “conocer el estado de conservación de un río ayuda a entender mejor las causas de los declives poblacionales de las especies”, como en las 140 IBA analizadas por el Proyecto Libera; “estoy seguro de que nos asombraremos de lo encontremos en ellas”, señala.

Para Sara Güemes, coordinadora de Libera en Ecoembes, los microplásticos forman parte de esa basuraleza “imperceptible para el ojo humano, pero que supone un gravísimo problema del que aún no se conocen sus consecuencias”.

Insta a no abandonar residuos en el medio, ya que «todos tienen su contenedor para poder entrar en la economía circular», usar prendas naturales, pues las fibras sintéticas «pueden desprender hasta 700 millones de microplásticos en un solo lavado», o reducir los desplazamientos en coche, «cuyos neumáticos desprenden también estos residuos”.