Cuando en la ceremonia de los Premios Oscar de 2018 subió al escenario con 93 años para entregar el galardón al mejor diseño de vestuario por El hilo invisible, Eva Marie Saint regaló al público una sonrisa cómplice y una frase que resumía un siglo de cine: "Soy más vieja que la propia Academia". Tenía razón. La institución se fundó en 1927 y ella había nacido tres años antes, un 4 de julio de 1924 en Newark (Nueva Jersey).

PUBLICIDAD

Tras su fallecimiento este martes por causas naturales a los 102 años en su domicilio de Los Ángeles, se apaga no solo la última ganadora de un Oscar de actuación más longeva que quedaba con vida. Es el adiós también a una de las últimas leyendas de la época dorada de Hollywood. Pero, a diferencia de otras grandes estrellas de su tiempo, Eva Marie Saint no tuvo una vida trágica ni llena de escándalos. Destacó por todo lo contrario. Lo hizo por su elegancia, su normalidad y su capacidad para tener los pies en el suelo.

Del Actors Studio al Oscar por 'La ley del silencio' junto a Marlon Brando

Nacida en el seno de una familia de clase media, se graduó en Artes por la Universidad de Bowling Green (Ohio) en 1946. Sus primeros pasos profesionales se curtieron en la radio y en la naciente televisión de los años 40 (en espacios como Campus Hoopla o Martin Kane, Private Eye). Su salto definitivo llegó en el teatro de Broadway con Regreso a Bountiful (1953) junto a Lillian Gish, trabajo por el que fue reconocida por la crítica.

Aquel éxito teatral llamó la atención del director Elia Kazan, que buscaba a la protagonista femenina de La ley del silencio (1954), una película atravesada por el clima político de la Caza de Brujas. Kazan desbancó a actrices consagradas como Claire Trevor, Katy Jurado o Nina Foch para apostar por Saint. El cineasta quedó fascinado por una joven que, sabiéndose guapa, no dependía de su físico para cautivar, sino que dotaba de una conmovedora ternura a una historia de huelgas y violencia.

Eva Marie Saint en la 90 edición de los Premios Oscar en 2018 | EFE

Su interpretación de Edie Doyle, la joven que busca justicia por el asesinato de su hermano y se convierte en el interés amoroso del personaje de Marlon Brando, fue un impacto inmediato. La película arrasó con ocho premios Oscar, incluido el de Mejor Actriz de Reparto para ella, en la que era su primera película.

La noche de la gala dejó una de las anécdotas más célebres de la historia de los premios. Embarazada de nueve meses, bromeó con Frank Sinatra diciendo que la emoción podría hacerla ponerse de parto en el escenario. Su primer hijo nació exactamente 48 horas después.

La "rubia de Hitchcock" que no se dejó controlar

Frente a la belleza de Grace Kelly, premiada esa misma noche de 1955 por La angustia de vivir, Eva Marie Saint se situó como la otra versión de la mujer americana, algo más cercana. Una mujer igual de elegante y refinada, pero con la que cualquier espectador podía empatizar.

Esa versatilidad llevó a Alfred Hitchcock a imponer su fichaje para Con la muerte en los talones (1959) frente al deseo de la Metro-Goldwyn-Mayer de contratar a Cyd Charisse. El "mago del suspense" quiso sacarla de los dramas sufridos y convertirla en una enigmática agente secreta.

Hitchcock moldeó su personaje "de fuera hacia dentro". Eligió personalmente su peinado, maquillaje y vestuario, dándole tres directrices inolvidables que la propia actriz recordó años después en sus visitas al Festival de San Sebastián: "Primero, que bajara el tono de voz; segundo, que no usara las manos al hablar; y tercero, la más importante, que siempre mirara fijamente a Cary Grant a los ojos". Saint revolucionó el arquetipo de la "rubia fría", dotando a Eve Kendall de un humor, una inteligencia y un verdadero control dramático que sostuvo de igual a igual ante Cary Grant.

Cary Grant y Eva Marie Saint en 'Con la muerte en los talones' | IMDb

65 años de amor y la renuncia a su carrera en Hollywood

Tras el éxito arrollador de los años 50 y 60, donde encadenó títulos de gran calado como el drama El árbol de la vida (1957, junto a Elizabeth Taylor y Montgomery Clift), Un sombrero lleno de lluvia (1957, que le valió la nominación al BAFTA), Éxodo (1960, con Paul Newman), Castillos en la arena (1965) o la comedia satírica ¡Que vienen los rusos! (1966), la actriz tomó una decisión insólita. Dio un paso atrás en su carrera, aparcándola de alguna manera.

Pese a ser plenamente consciente de que su nombre no encabezaba los carteles gigantescos, prefirió rechazar contratos millonarios que habrían exprimido su imagen para priorizar la crianza de sus dos hijos (Darrell y Laurette).

En 1951 se había casado con el director y productor Jeffrey Hayden, a quien conoció por azar en el metro de Nueva York. Estuvieron juntos durante 65 años, hasta la muerte de él en 2016, construyendo uno de los matrimonios más sólidos e inusualmente estables de la historia de Hollywood.

Del cine a la televisión y las series animadas

Cuando el panorama empezó a cambiar a finales de los años 60 y los papeles en cine para mujeres maduras empezaron a escasear, no se retiró. Se adaptó sin problemas y se fue a trabajar al teatro y a la televisión.

En la pequeña pantalla estuvo nominada cinco veces al premio Emmy (lo ganó en 1990 por la miniserie Crimen de élite), hizo de madre de Cybill Shepherd en la famosa serie Luz de luna y apareció en comedias míticas como Frasier. Mucho más tarde, el público joven la reconoció como la madre adoptiva de Superman en Superman Returns (2006). Incluso con más de 90 años seguía trabajando. Puso su voz a personajes de la serie animada La leyenda de Korra y grabó episodios de podcasts dramáticos hasta casi cumplir los 100 años.

Se ha ido la última gran estrella de la era dorada del cine, pero quedan sus trabajos y, por tanto, parte de su legado. Eva Marie Saint demostró que se podía triunfar en la cima de Hollywood sin perder la cabeza. Su fórmula fue sencilla. Trabajó bien, cuidó de su familia y no se dejó devorar por la fama. Vivió 102 años a su manera, y sus obras quedan como el mejor recuerdo de una actriz impecable.