De momento el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se da por satisfecho en el plano militar, y seguirá presionando a Irán por la vía económica. Ha anunciado este miércoles más sanciones que se aplicarán de inmediato. El régimen de los ayatolás ha sufrido un duro golpe con el asesinato del general Qassem Soleimani, pero ha limitado su respuesta. El ataque con misiles tierra-tierra Fatah-110 contra dos bases con tropas de EEUU en Irak evitó intencionadamente causar víctimas. Avisaron al gobierno iraquí y en las bases estaban sobre aviso.

Pero, ¿podemos respirar tranquilos? De momento sí. A medio plazo, habrá más tensión porque su rivalidad va más allá de los últimos sucesos. A su vez se trata de un pulso por el poder regional entre los aliados de EEUU (Israel, Arabia Saudí, Emiratos) y los de Irán (la Siria de Assad, el Líbano de Hezbolá, las facciones chiíes en Yemen, y los chiíes en Irak).

La enemistad entre Irán y Estados Unidos viene de lejos. Fue EEUU, junto al Reino Unido, quien depuso a Mohammad Mossaddeq, en 1953. Dos años antes había nacionalizado el petróleo y esa medida fue su sentencia política. Los servicios secretos británicos y la CIA encumbraron al Sha Mohamed Reza Palhavi. Este intervencionismo explica la animadversión hacia Estados Unidos en un pueblo nacionalista como es el persa.

El Sha se amparó en la policía política (Savak) para aterrorizar a la población, que recibió con gran júbilo la llegada del ayatolá Jomeini el 1 de febrero de 1979. Al Sha sus antiguos aliados le dejaron caer. Acabó exiliándose en Estados Unidos. Los ayatolás pedían su extradición para ser juzgado en Irán. Palhavi murió de cáncer sin regresar a su país.

El acto más agresivo perpetrado por Irán contra Estados Unidos fue el secuestro de 52 estadounidenses durante 444 días desde finales de 1979 a principios de 1981, justo cuando asumió la Presidencia de EEUU el republicano Ronald Reagan. La cuestión iraní desempeñó un papel crucial en aquellas elecciones que sepultaron al demócrata Jimmy Carter.

Año electoral en EEUU y en Irán

En la actualidad el régimen que dirige el Líder Supremo Ali Jamenei está en sus horas más bajas. Las sanciones han hecho mella en la población, que salió a la calle en noviembre pasado cuando subieron un 300% los precios de los combustibles. Sometió a los disidentes con mano de hierro: cientos de muertos y miles de arrestados.

Ahora el régimen iraní va a forzar la máquina para cohesionar al pueblo, que va a ser la principal víctima de las nuevas sanciones. El ataque contra el general Qassem Soleimani ha sido un paso muy arriesgado para Estados Unidos. Su caída tiene un gran impacto en Irán, que el 21 de febrero celebra elecciones para renovar el Parlamento.

«Como ha dicho el presidente Trump, ha sido una decisión suya, que podría haber traído un problema a Estados Unidos y a toda la región. Por la reacción de Washington y de Teherán parece que la situación se calma, pero la tensión de fondo continúa», afirma Félix Arteaga, investigador especializado en seguridad y defensa del Real Instituto Elcano de Madrid.

A juicio de Félix Arteaga, el presidente Trump no tiene una estrategia sobre Irán, sino que emplea la máxima presión con el fin de que Teherán ceda y renuncie a ser una potencia nuclear. En realidad, el fin pasaría por un cambio de régimen.

En Estados Unidos, el presidente Trump afronta el impeachment en el Senado, que tiene ganado de antemano, salvo gran sorpresa, porque los republicanos cuentan con mayoría en esta Cámara. Además, el 3 de noviembre hay elecciones presidenciales. La favorable situación económica en EEUU, junto a la fidelidad del electorado trumpista, inclina la balanza hacia Trump. Pero el presidente está condicionado por mantener el favor de su electorado, especialmente en los swing states. Los iraníes conocen muy bien la política doméstica estadounidense y saben que los demócratas son reacios a las intervenciones militares.

Habrá más incidentes. Será calculados y espaciados para no tensar la situación más allá de lo que el régimen iraní puede tolerar», afirma Félix Arteaga

«Teherán ha empezado su propia escalada. Ya se ha retirado del Acuerdo Nuclear, que está en desuso. Irán se encargá de recordar periódicamente a EEUU que los efectos de las decisiones de Trump hacen sufrir a la población. Habrá más incidentes. Serán calculados y espaciados para no tensar la situación más allá de lo que el régimen iraní puede tolerar», añade el investigador.

La asimetría entre Estados Unidos e Irán es enorme. Desde el punto de vista militar, Estados Unidos es la mayor potencia global. Irán está a gran distancia y sus dirigentes saben que sería suicida un enfrentamiento abierto con EEUU. Pero no pueden permitirse humillaciones. Menos con Estados Unidos. Sin embargo, los persas son grandes maestros de la diplomacia, mientras que Trump no sabe cómo se manejan los hilos en el teatro internacional.

Irán, muy debilitado por las sanciones

«Irán tiene dos estrategias a corto plazo y a largo. A corto plazo, ha de responder a un golpe tan fuerte como la muerte de Soleimani, pero de forma controlada. A largo plazo Irán necesita que se levanten las sanciones, que están asfixiando al ciudadano, y tiene un impacto muy grande en la economía. Se están quedando sin stock en los supermercados. Las multinacionales se han ido o están saliendo. El país no tiene capacidad de entrar en guerra», explica Irene Martínez, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Blanquerna de Barcelona, e investigadora en The Institute for Statecraft de Londres.

Según Irene Martínez, las sanciones pretenden que el régimen de los ayatolás implosione desde dentro. «Es algo que se ha intentado desde hace décadas sin éxito. Los iraníes se movilizan mucho, son muy activos, pero no obedecen a imposiciones del exterior. EEUU se salió del Acuerdo Nuclear y volvió a las sanciones», comenta la experta.

Irán ha de controlar mucho a todos los grupos con los que colabora en la zona para que no tomen la justicia por su mano… El peligro viene por ahí», afirma Irene Martínez

Irán es un David militar, aunque sea Goliat en la región, frente a Estados Unidos. Y su debilidad en la actualidad es evidente. Los ataques a las bases en Irak perpetrados en la madrugada del miércoles son simbólicos, pero su daño ha sido muy limitado. Irán los ha ejecutado a la misma hora en la que los drones de EEUU acabaron con el general Soleimani recién aterrizado en Bagdad. Poco después de su entierro en Kerman, su ciudad natal. Pero avisaron a los iraquíes para evitar víctimas. Un estadounidense muerto habría sido el principio de una escalada bélica descomunal.

Son sus aliados en la zona los que han de conformarse también con esta contenida respuesta al asesinato de Soleimani. «Hay que observar cómo ven los aliados de Irán los pasos que ha dado después de la desaparición de Soleimani. Hay que ver cómo dan la cara hacia sus aliados. Irán ha de controlar mucho a todos los grupos con los que colabora en la zona para que no se tomen la justicia por su mano. A veces sus actos no pasan por la supervisión de Teherán. Ese es un grave riesgo. Si hubiera un ataque con muertos, sería tremendo. El peligro viene por ahí», sentencia Irene Martínez.

Otra cuestión interesante que hay que tener en cuenta es cómo el tiempo para la cultura persa tiene otra dimensión diferente a Occidente. Como ha publicado The Wall Street Journal, Irán tiene su propia agenda cuando busca venganza.

Es una cuestión que puede llevarles meses, incluso años, pero siempre lo tienen presente. Por ejemplo, las Fuerzas Armadas de Israel mataron en 1992 al secretario general de Hizbulá. ¿Cómo se vengó Irán? Primero un camión bomba colocó una bomba en Buenos Aires en la embajada israelí. Murieron 29 personas. Dos años después un ataque en la comunidad judía en la capital argentina acababa con la vida de 85 personas. Hay un tiempo para llorar al que se ha ido y otro tiempo para vengar su desaparición.