Cuando se presentó ante los fieles en la Plaza de San Pedro tras ser elegido como sucesor de Benedicto XVI, el jesuita Jorge Mario Bergoglio, que asumió el nombre de Francisco, hizo una broma sobre su lejano origen, Argentina, y pidió a los que esperaban su bendición que rezaran por su Papado y fueran ellos quienes le bendijeran a él. Francisco es un Papa que ha humanizado el Papado, un Papa de gestos y de palabras, un Papa de su tiempo.

El Papa, que recibe este sábado al jefe del gobierno español, Pedro Sánchez, por primera vez se considera un inmigrante. Es el primer Papa americano.

A quien conoce bien Francisco es a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a quien recibió en el Vaticano en febrero de 2019 junto a la entonces alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y al director de Open Armas, Óscar Camps, en relación con el bloqueo de barcos de salvamento de inmigrantes.

El Papa inmigrante

Jorge Mario Bergoglio nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936 en el seno de una familia de origen italiano. De ahí que se considere un inmigrante y de ahí su gran cercanía con quienes han tenido que dejar su tierra por ser perseguidos, o en busca de un presente mejor.

Su vocación religiosa procede de la devoción de su abuela, la nonna Rosa. El Papa cuenta en el documental Francesco, recién estrenado en el Festival de Cine de Roma, cómo a punto de cumplir los 17 años, el 21 de septiembre de 1953 entró en la basílica de San José de Flores y allí sintió una llamada que le llevó a hacerse sacerdote.

Su sobrino José Ignacio Bergoglio cuenta en este filme del director ruso Evgeny Afineevsky mientras decía a su familia que iba a estudiar medicina se rodeaba de libros de teología. «Voy a curar almas», confesó finalmente a su madre. Su sueño de juventud fue ser misionero. «Ya octogenario lo ha logrado de alguna manera al predicar en todos los confines del mundo», afirma José Ignacio.

El retrato que hace Afineevsky, basado en entrevistas con personalidades cercanas y con el propio Pontífice, nos presenta un Papa humano, que comete errores y que pide perdón.

Especialmente conmovedora es la historia de Juan Carlos Cruz, un joven chileno que sufrió los abusos de un cura de la élite chilena, Fernando Karadima, con el consentimiento de monseñor Juan Barros. Francisco primero no cree las denuncias contra sus subordinados eclesiásticos pero acaba recibiendo a Juan Carlos y otras víctimas en El Vaticano en abril de 2018.

Me pidió perdón por el daño que la Iglesia me había causado y por el daño que él mismo me había hecho»

juan carlos cruz

«Me pidió perdón por el daño que la Iglesia me había causado y por el daño que él mismo me había hecho. Estuvimos tres horas hablando», explica Cruz, periodista afincado en Filadelfia. «Me dijo que Dios me había hecho gay y me quería así, que yo también tenía que quererme. Salí de allí en paz».

El Papa Francisco se reconoce como pecador: «Me confiesa cada 15 días así que errores cometo».

En el documental dirigido por Afineevsky, un director que ya ha logrado una nominación a los Oscar y se declara agnóstico, el Papa Francisco realiza las declaraciones que han atraído el foco mediático esta semana sobre el derecho de los homosexuales a vivir en familia. «Son hijos de Dios. Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil para que tengan los mismos derechos», afirma el Pontífice.

El jesuita español Pedro Miguel Lamet, escritor y periodista, explica cómo el Papa Francisco «ha querido desmitificar la figura del Papa y aparecer como humano. Ha pedido perdón. Se ha hecho un hombre cercano». Cree Lamet que difícilmente en el futuro un Papa vuelva a vivir rodeado de lujos.

Un Papa amante de la gente

Francisco, por ejemplo, reside en Santa Marta, con más sacerdotes y religiosas. Ha dejado las suntuosas salas del Vaticano por la austeridad de esta residencia. «Me gusta la gente. Quiero estar con gente», afirma el Papa en el documental, donde se le ve en compañía de refugiados sirios en Lampedusa, rohingya en Bangladesh o dirigiéndose a fieles estadounidenses y diciendo que «quiere mucho» a las religiosas americanas por su gran labor con los inmigrantes.

Lamet explica cómo el Papa Francisco ha transformado al obispo Bergoglio. «Era un hombre con una actitud muy especial. Los jesuitas en Argentina se dividían entre bergoglianos y antibergoglianos. Tenía un carisma especial y dividió. Esto produjo tensiones. Siendo provincial tuvo algunos problemas en tiempos de la dictadura de Videla. Ya como cardenal aparecía muy serio. Era muy austero». 

Según explica el autor de La vida secreta de Jesús de Nazaret, el cardenal Bergoglio se dio cuenta, tras el primer cónclave en el que fue elegido Papa Benedicto XVI, que tenía posibilidades de ser elegido. «Nada más regresar perfeccionó el italiano con una profesora. Intuía la posibilidad. Se dio cuenta de que el mundo de hoy necesita un hombre alegre, positivo».

El nombre que eligió es muy simbólico: por el vínculo con la naturaleza, una de sus grandes preocupaciones es el cambio climático, y por la humildad, una de sus cualidades.

Venía de «la teología del pueblo», peronista, pero ha evolucionado, según Lamet. Tras ser elegido ha tenido gestos hacia los teólogos de la liberación y hacia los jesuitas, de los que se había distanciado.

Ha querido hacer un Pontificado que no sea tachado ni de izquierdas ni de derechas, sino evangélico, transmitir a Jesús con un lenguaje actual»

pedro miguel lamet

«Ha querido hacer un Pontificado que no sea tachado ni de izquierdas ni de derechas, sino evangélico, conectarse a la línea de Jesús y transmitirlo en un lenguaje vinculado al mundo de hoy. Eso hace que los conservadores lo tengan por progresista, porque el Evangelio de por sí es subversivo. A Jesús le llevó a la Cruz», señala Lamet, autor de Arrupe, testigo del siglo XX, profeta del siglo XXI, una biografía de referencia sobre el general de la Compañía de Jesús.

El Papa Francisco, tras negarlo, luego ha sacado a relucir la lacra de la pederastia. «Un escandalazo», según sus propias palabras, porque es execrable cómo quien debe de llevar al niño a Jesús abusa de él gracias a su poder. Hizo que dimitiera toda la cúpula eclesiástica chilena tras demostrarse ciertas las denuncias de Juan Carlos Cruz y otras víctimas.

Hombre de silencio y oración

Al Papa Francisco le gusta orar en silencio cuando visita lugares como Auschwitz o el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén. «Es un hombre de profundísima oración, y eso le sitúa en una cierta libertad. Ha perdido la primitiva alegría, como consecuencia de la erosión del choque contra la jerarquía», añade Lamet. 

Ha trabajado por la descentralización de la Iglesia y ha desempeñado su Pontificado como obispo de Roma, uno más entre los obispos.

Pero si algo sobresale en su Pontificado, que empieza con una anomalía ya que su antecesor decide retirarse, no muere en el puesto, es por su aspecto social. «Potencia el interés por los débiles, los pobres, los inmigrantes.. Ha tenido gestos extraordinarios, algo que molesta a los poderosos», añade Pedro Miguel Lamet, quien reconoce cómo es difícil que sus palabras se trasladen en grandes cambios en la Iglesia. Por ejemplo, el Papa reconoce el papel de las mujeres y algunas ocupan puestos de relevancia, pero no en el sacerdocio. O bien no se concibe aún el fin del celibato.

El mercado por sí solo no puede resolver todos los problemas, por mucho que se nos pida que creamos en este dogma de la fe neoliberal»

papa francisco

Es autor de tres encíclicas: Lumen Fidei (septiembre de 2013), sobre el sentido de la fe; Laudatio si (mayo de 2015), sobre el cuidado de la «casa común», la naturaleza, y la última, Fratelli tutti, de octubre de este año. Es la encíclica más social. «El mercado por si solo no puede resolver todos los problemas, por mucho que se nos pida que creamos en este dogma de la fe neoliberal», dice el texto.

Añade cómo «la tradición cristiana nunca ha reconocido el derecho a la propiedad privada como absoluto e inviolable, y ha enfatizado el propósito social de todas las formas de propiedad privada».

En una entrevista reciente en Il Mio Papa, explica su experiencia en la pandemia. En el confinamiento se sintió como si estuviera hablando a fantasmas. Sobre la salida de la crisis, Francisco dice: «Debemos hacernos cargo del futuro, de preparar la tierra para que otros la trabajen. Y esta es la primera cultura que tenemos que elaborar en la pandemia, según este gran principio de una crisis no se sale igual. Salimos peor o mejor; pero nunca iguales».

Si hay una palabra que define al Papa Francisco sería «puente». Aboga por los puentes frente a los muros. «Alguien que piensa en erigir muros no es cristiano. Quien construye muros es prisionero de los muros que levanta».